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DC Crime pone el foco en Jimmy Olsen – primer caso: Gorilla Grodd

por ytools
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DC Crime pone el foco en Jimmy Olsen – primer caso: Gorilla Grodd

DC Crime pone el foco en Jimmy Olsen – primer caso: Gorilla Grodd

DC Studios y HBO Max preparan DC Crime, una docuserie de true crime con alma de redacción y no de rascacielos. El narrador y anfitrión es Jimmy Olsen, el reportero más insistente del Daily Planet, interpretado por Skyler Gisondo. Detrás del proyecto están Tony Yacenda y Dan Perrault, la dupla de American Vandal, como guionistas, showrunners y productores ejecutivos. James Gunn y Peter Safran se suman a la producción, con la supervisión de Galen Vaisman para DC Studios y el sello de Warner Bros. Television. Sobre el papel suena arriesgado; en pantalla podría ser el ángulo que le faltaba al universo DC.

La idea fuerza es el formato. La temporada inaugural se plantea como un caso documentado y presentado por el propio Jimmy: entrevistas, líneas de tiempo, fuentes que se contradicen, archivos que aparecen justo cuando deben… y un reportero que, fiel a su karma, se mete hasta el cuello. El primer objetivo es Gorilla Grodd, el simio hiperlúcido y telepático que debutó en The Flash #106 (mayo de 1959). Con Grodd, la investigación gana un filo extra: testigos «recuerdan» otra cosa, metadatos saltan, el audio no cuadra con los subtítulos y el espectador empieza a dudar de su propia memoria. La telepatía no es solo poder; es dispositivo narrativo.

Elegir a Jimmy como guía no es capricho. En pantalla reciente dejó de ser puro alivio cómico y, en los cómics, su cabecera Superman’s Pal Jimmy Olsen fue durante décadas la puerta a los rincones más raros y expansivos de DC. No es trivia: los primeros ladrillos de los Nuevos Dioses de Jack Kirby se cimentaron precisamente en sus páginas. Cuando DC quiere experimentar y abrir mapa, a menudo lo hace siguiendo a un periodista con grabadora y curiosidad ilimitada.

Grodd, por su parte, llega con pedigrí. Ha pasado por generaciones de series animadas – de Super Friends y Justice League a Batman: The Brave and the Bold y Harley Quinn – e incluso se dejó ver en Creature Commandos. Suele figurar entre los grandes villanos del medio por una razón: combina fuerza física con telepatía y telequinesis, de modo que cada escena es a la vez pelea y partida mental. En clave documental, eso permite jugar con narradores poco fiables, informes «contaminados» y testimonios que se desmoronan en cámara lenta.

Es lógico que parte del fandom frunza el ceño: otro derivado de Superman sin Superman. La televisión acumula precedentes polarizantes – la comparación entre Gotham y Smallville aparece rápido. Pero aquí la promesa es distinta. DC Crime no pide esperar un cameo con capa; promete el subidón de la exclusividad periodística: la pista que encaja, la hipótesis que se cae, la grabación que cambia el sentido del caso. Si Yacenda y Perrault trasladan el rigor estructural y la ironía observacional de American Vandal, el resultado puede ser una sátira afectuosa del true crime que, aun así, toma en serio hechos, víctimas y consecuencias en una Metrópolis con leyes poco convencionales.

Además, el formato antológico es una baza estratégica. Con Jimmy al frente, la serie puede saltar de Grodd a un escándalo corporativo con metahumanos, a un misterio callejero con redacciones rivales o a un laboratorio donde se compran peritajes. Los cameos caben, sin que la trama dependa de ellos. Y, de paso, se ilumina algo que casi nunca protagoniza las historias de superhéroes: cómo funcionan periódicos, policía, jueces y científicos cuando existe la posibilidad de inducir perjurio o borrar pruebas con la mente. El riesgo es evidente – si el envoltorio falso documental se queda en guiños, sonará a idea estirada – , pero la oportunidad lo compensa: construir primero un thriller de redacción creíble y, encima, espolvorear la física imposible de DC. En esa combinación, DC Crime puede ganar incluso a los escépticos, no por copiar la tele de superhéroes, sino por resolver casos que solo pueden ocurrir en Metrópolis.

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