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Galaxy S26: Samsung cambiaría diseño ultradelgado por precios más amigables

por ytools
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Galaxy S26: Samsung cambiaría diseño ultradelgado por precios más amigables

Galaxy S26: Samsung cambiaría diseño ultradelgado por precios más amigables

La próxima gran apuesta de Samsung ya se asoma en el calendario. Si todo sigue el guion habitual, la familia Galaxy S26 debería presentarse entre enero y febrero del año que viene. Todavía faltan meses para ver los teléfonos sobre el escenario, pero la maquinaria de filtraciones ya está a toda velocidad. Y, curiosamente, el foco no está en la cámara ni en la inteligencia artificial, sino en algo mucho más terrenal: el precio. Según un nuevo rumor, Samsung habría sacrificado parte de sus planes más ambiciosos de diseño y batería para evitar que el Galaxy S26 dé un salto incómodo en la etiqueta de precio.

Un filtrador apunta a que el precio del Galaxy S26 se mantendría

El filtrador @jukanlosreve asegura en X que Samsung está trabajando para mantener los precios de la serie Galaxy S26 en la misma franja que la generación actual. En concreto, el modelo base volvería a arrancar en 799 dólares en Estados Unidos, igual que el Galaxy S25. Esa cifra encaja, además, con lo que se comenta en los pasillos sobre el precio de partida del futuro iPhone 17, lo que dejaría a ambos gigantes peleando en el mismo tramo de mercado.

Hasta hace poco la narrativa era la contraria: subidas de coste en chips, sensores de cámara, memoria, pantallas más brillantes, conectividad 5G más avanzada… Todo apuntaba a una subida casi inevitable. Pero este nuevo rumor dibuja un escenario distinto. Samsung no negaría que todo está más caro; simplemente habría decidido ajustar sus prioridades. En lugar de perseguir el teléfono más fino del escaparate, la compañía estaría obsesionada con otra meta: que el usuario no sienta que le han movido la portería en el momento de pasar la tarjeta.

De un prototipo ultradelgado de 6,9 mm a un diseño más sensato

La parte más jugosa de la filtración está en los detalles de diseño. Según las fuentes citadas, Samsung llegó a tener muy avanzado un Galaxy S26 con un grosor de apenas 6,9 mm, unos 0,3 mm menos que el modelo anterior. Sobre el papel parece ridículo discutir por décimas de milímetro, pero en ingeniería de smartphones esas décimas significan reorganizar componentes, apretar el sistema de refrigeración y jugar al límite con la resistencia del chasis.

Ese diseño superestrecho habría estado prácticamente listo para recibir luz verde, pero al poner todos los factores sobre la mesa – costes, complejidad de producción, espacio para batería y cámaras – la cuenta ya no salía tan bonita. El resultado es que Samsung, siempre según el filtrador, habría frenado con tiempo y optado por un cuerpo algo más grueso, menos extremo, que permita cuadrar precios sin renunciar a la esencia de un gama alta.

El sueño de los 4.900 mAh se quedaría en unos 4.300 mAh

El mismo rumor habla también de un cambio de rumbo con la batería. En las primeras fases del proyecto, dentro de Samsung se habría barajado un salto agresivo de autonomía: pasar de los 4.000 mAh del Galaxy S25 a unos llamativos 4.900 mAh en el Galaxy S26. Para un modelo que no es un enorme ladrillo, habría sido un salto casi de otra liga, el tipo de cifra que da titulares y convence a los más obsesionados con el porcentaje de batería.

Sin embargo, esa ambición inicial se habría ido enfriando. La nueva cifra que circula es una batería de 4.300 mAh para el S26 estándar. No es el salto de casi mil mAh que algunos soñaban, pero sí una mejora clara frente al S25. Y, sobre todo, es una cifra que encaja mejor con lo que hoy es posible sin recurrir a tecnologías de batería mucho más caras o difíciles de producir en masa. Pretender un móvil casi de cristal, ultraslim y con casi 5.000 mAh sonaba muy bien… hasta que tocaba hacer números.

Por qué la batería y el precio pesan más que unos milímetros menos

Visto así, puede dar la sensación de que la historia del Galaxy S26 es la de un recorte de sueños: ni el cuerpo ultrafino ni la batería gigantesca. Pero si bajamos de la nube y miramos el uso real, la jugada no suena tan mal. Hoy un gama alta tiene que aguantar pantallas enormes a 120 Hz, 5G, redes sociales todo el día, fotos y vídeos por toneladas, navegación, juegos, videollamadas y, ahora, procesos de IA en segundo plano. Todo eso pasa factura al porcentaje de batería.

En ese contexto, muchos usuarios están dispuestos a aceptar un teléfono un poco más grueso si eso significa no vivir pegados al cargador. La diferencia entre 7,2 mm y 6,9 mm se olvida rápido; la diferencia entre llegar a casa con un 30 % de batería o con un 5 % no. Igual que los coches dejaron de venderse solo por los caballos y empezaron a valorarse también por el consumo, los smartphones han llegado a un punto en el que la autonomía y el precio importan más que cualquier récord estético.

La moda del ultradelgado se topa con la física

En los últimos años, la industria se enamoró del mantra cuanto más fino, mejor. Marcas presumiendo del móvil más delgado de su catálogo, renders laterales, comparativas de grosor en décimas de milímetro… Samsung coqueteó con ello con modelos como los Edge, Apple hizo lo propio con conceptos tipo Air, y el resultado fue una oleada de teléfonos preciosos pero, en bastantes casos, con baterías ajustadas y temperaturas algo más altas de lo deseable.

La física, sin embargo, no perdona. Espacio que se roba al interior del chasis es espacio que se le quita a la batería, a los componentes de refrigeración o incluso a los altavoces. La idea de un Galaxy S26 ultradelgado con casi 5.000 mAh siempre sonó, para muchos ingenieros, más a fantasía que a plan viable. El giro hacia un diseño algo más robusto y unos 4.300 mAh pinta, simplemente, más creíble. No es tan espectacular, pero probablemente se traducirá en una experiencia más estable.

Un leak que no es infalible, pero que encaja con el momento del mercado

Conviene poner una nota de cautela. El propio filtrador no tiene un historial perfecto, y más de una predicción suya ha quedado en nada. Todo lo que se sabe del Galaxy S26 sigue siendo, de momento, información no oficial. Samsung puede cambiar de rumbo si los costes se ajustan, si algún proveedor ofrece una solución milagrosa o si la competencia mueve ficha de forma inesperada.

Aun así, la dirección general del rumor encaja con lo que se oye desde hace meses: los modelos ultrafinos más extremos no están arrasando en ventas. La gente los mira, dice qué bonito y luego se lleva a casa el móvil que sabe que no le va a dejar tirado a media tarde. Las marcas lo han notado, y empiezan a poner menos esfuerzo en romper récords de grosor y más en cuadrar autonomía, prestaciones y precio. El S26 sería, simplemente, el siguiente paso en esa corrección de rumbo.

Qué significan esos 799 dólares para el comprador

Si el Galaxy S26 se presenta finalmente con un precio base de 799 dólares, Samsung tendrá un argumento de marketing sencillo pero potente: mismo precio, más batería y más capacidades. El Galaxy S25 ya fue bien valorado en esa franja, en parte porque ofrecía teleobjetivo y un conjunto de funciones muy completo para no ser el modelo Ultra. Mantener la cifra, mejorando lo que hay dentro, es justo la fórmula que muchos usuarios estaban esperando para decidirse a renovar su viejo S o saltar desde otra marca.

Y no se trata solo de la cifra en dólares. En muchos países ese número se traduce en cuotas mensuales con la operadora, planes con renovación incluida, ofertas con trade-in del móvil antiguo… Un precio que no sube hace más fácil justificar la compra en tiempos de inflación y sueldos estancados. En vez de sentir que cada generación llega con recargo, el usuario percibe que, por fin, recibe algo más por lo mismo.

Quizá la era del ultradelgado nunca estuvo pensada para el usuario promedio

Para los amantes del diseño, el posible adiós a los récords de grosor tendrá un punto de nostalgia. Un móvil finísimo, casi como una lámina de vidrio, sigue entrando por los ojos y luce espectacular en fotos promocionales. Es cómodo en el bolsillo y transmite esa sensación de producto premium y futurista, como si llevaras un prototipo sacado de una feria de tecnología.

Pero cuando el encanto inicial se pasa, queda la realidad: si el teléfono se calienta rápido, se queda corto de batería y exige el cargador cada dos por tres, la estética deja de compensar. Cada vez más usuarios prefieren un diseño menos extremo, pero con estabilidad, buena autonomía y la tranquilidad de no ir siempre al límite. Para esa mayoría silenciosa, que no comenta en foros ni vive pendiente de milímetros, la decisión de Samsung de priorizar el uso real sobre el espectáculo visual tiene todo el sentido del mundo.

La nueva fórmula del gama alta: menos circo, más equilibrio

En ese contexto, la estrategia que se dibuja para el Galaxy S26 suena muy coherente. Un equipo un poco más grueso, con aproximadamente 4.300 mAh de batería y un precio de partida que no se dispara por encima de los 799 dólares, quizá no sea el protagonista del meme del día, pero tiene muchas papeletas para convertirse en el compañero fiable de millones de personas durante dos o tres años.

Quedan por conocer las sorpresas en cámaras, el chip que elegirá Samsung, la carga rápida, las funciones de IA y posibles cambios en la propia familia (Plus, Edge, Pro…). Los rumores irán afinando esos detalles a medida que se acerque la fecha de presentación. Pero el mensaje de fondo parece claro: menos obsesión por el teléfono más delgado del catálogo y más ganas de ofrecer un gama alta completo, con buena batería y sin subida de precio. Si Samsung cumple ese guion, pocos usuarios se van a quejar de que el S26 tenga medio milímetro de más.

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