Poker Face, la serie de misterio en carretera creada por Rian Johnson y protagonizada por Natasha Lyonne, ha sido oficialmente cancelada por Peacock tras solo dos temporadas. 
Pero, a diferencia de tantos títulos que simplemente desaparecen del catálogo, este no es un cierre definitivo: el director ya está moviendo fichas para darle una segunda vida en otra plataforma, con un giro creativo que cambia por completo el rostro de su protagonista.
Visto desde fuera, el movimiento de Peacock resulta difícil de entender. Poker Face generaba conversación constante en redes, recibía muy buenas críticas y se había convertido en esa serie perfecta para maratonear el fin de semana: casos autoconclusivos, cada episodio en un rincón distinto de Estados Unidos, desfile de estrellas invitadas y una investigadora atípica cruzando el país por autopistas infinitas. Sin embargo, los datos internos apuntan a que la segunda temporada rindió menos que la primera, y en el ecosistema actual de los streamings la emoción pesa menos que las curvas de retención y las hojas de Excel.
Hay además un factor industrial que explica parte de la decisión. Poker Face no era una producción propia de NBCUniversal, sino de MRC Television. Eso significa que Peacock tenía que pagar cada episodio a un estudio externo, en lugar de engordar su propia biblioteca de contenidos en propiedad. Si a eso sumamos un formato caro –nuevas localizaciones cada semana, elenco lleno de cameos, una estrella al frente–, el resultado es una serie querida, pero muy fácil de señalar cuando toca recortar presupuesto.
Para la audiencia fiel, la cancelación duele especialmente porque Poker Face está construida alrededor de Natasha Lyonne. Charlie Cale, su personaje, es una nómada con pinta de resaca perpetua, que arrastra un don tan absurdo como adictivo: simplemente sabe cuándo alguien está mintiendo. No hay ciencia ficción ni explicación sobrenatural; es un recurso narrativo declarado. Pero Lyonne lo convierte en algo creíble gracias a su voz ronca de fumadora eterna, su humor áspero y esa mirada de quien ya escuchó todas las excusas del mundo. Mucha gente le daba play no solo por el rompecabezas de cada capítulo, sino por pasar otra hora en compañía de ella.
Ahora Johnson quiere empujar la serie hacia un territorio mucho más arriesgado. Según adelantan varios medios especializados, está ofreciendo Poker Face a otros servicios con una idea muy concreta: convertir a Charlie en una especie de papel heredable, interpretado por un actor o actriz diferente cada dos temporadas. Y el primer nombre sobre la mesa, si todo cuadra, es nada menos que Peter Dinklage, el inolvidable Tyrion Lannister de Game of Thrones. En este escenario, Lyonne seguiría vinculada como productora ejecutiva y socia creativa, pero dejaría de ser el rostro principal de la historia.
Sobre el papel, la propuesta suena como un experimento tentador: una especie de primo noir de Doctor Who, donde se mantiene la estructura de road movie con crimen de la semana, pero la personalidad de Charlie Cale se reinventa con cada intérprete. El problema es que el universo de Poker Face no tiene una lógica interna que justifique ese cambio de piel. Charlie no es un ser regenerable ni una entidad fantástica; es, en teoría, una persona normal con un talento extremo para detectar mentiras. Si de un capítulo a otro aparece con otro cuerpo pero el mismo nombre, sin una transición cuidadosamente escrita, el giro puede sentirse menos como un salto creativo y más como una maniobra de ahorro disfrazada de idea brillante.
No sorprende que la reacción del público haya sido ruidosa y muy dividida. Un sector del fandom está dispuesto a darle una oportunidad a la reinvención: Dinklage es un actor con presencia, ironía y cinismo suficientes como para sostener una versión distinta de Charlie, quizá más amarga y cansada del mundo. Otros, en cambio, rechazan la idea de plano. Para ellos, Lyonne no es solo la protagonista, es el ADN de la serie, y reemplazar a una figura femenina tan particular por un hombre en un género todavía plagado de protagonistas masculinos suena directamente a retroceso. Entre los comentarios se repite una propuesta: si Johnson quiere hacer un thriller detectivesco con Dinklage, lo más honesto sería crear una serie nueva alrededor de él, en lugar de obligarlo a encajar en la misma identidad.
En paralelo, la historia de Poker Face alimenta una sensación que viene creciendo desde hace años: la de que el modelo de streaming es cada vez más inestable para quien está al otro lado de la pantalla. Los espectadores ven cómo una de las series más visibles de Peacock desaparece mientras otras producciones con menos ruido siguen renovándose, y vuelven a chocar con la misma pared: métricas opacas, temporadas cortas, cancelaciones repentinas. Para muchos, invertir tiempo y cariño en una serie se parece demasiado a jugar a la ruleta rusa del algoritmo.
Rian Johnson y Natasha Lyonne, por su parte, intentan presentar todo esto no como un funeral, sino como una posible mutación. Aseguran que la idea de un siguiente capítulo para Charlie ya estaba sobre la mesa cuando escribían el final de la segunda temporada, y que no nació solo del golpe del cancelamiento. El mensaje que lanzan es claro: dennos un poco de aire, porque quizá volvamos a ver a Charlie Cale en alguna gasolinera perdida, aunque lleve otra cara detrás del volante. Mientras tanto, las dos temporadas ya emitidas siguen disponibles en Peacock y funcionan como una pieza bastante redonda del policial televisivo moderno, que se siente al mismo tiempo como una historia cerrada y como el prólogo de un segundo acto mucho más arriesgado.
2 comentarios
Me encanta Dinklage, pero meterlo como nueva Charlie suena más a decisión de Excel que de guion. Mejor le crean otro detective y listo
La verdad, yo veía Poker Face más por Natasha que por los casos. Esa voz ronca y la cara de estar harta de todo eran medio episodio ya 😂