Cuando Asus presentó el ROG Ally X, muchos pensaron que sería un capricho caro para frikis del PC y poco más. 
Un handheld de 999 dólares, con sabor muy marcado a Xbox y especificaciones de gama alta, parecía destinado a seguir siendo un nicho diminuto. Sin embargo, la realidad ha ido por otro camino: la propia Asus reconoce que la demanda del modelo tope de gama ha superado con holgura sus previsiones, las primeras tandas se han agotado rápido y la compañía ya habla de aumentar producción para no dejar a la gente sin consola de bolsillo estas navidades.
En su última presentación para inversores, Asus describió la respuesta a la nueva familia Ally como «extremadamente positiva» y remarcó que el interés se concentra sobre todo en las versiones premium. La empresa partía de un rango de ingresos relativamente prudente para el trimestre, pero ahora espera acercarse a la parte alta de esa horquilla en próximos periodos, empujada por el rendimiento comercial del Ally X. El propio fabricante admite que las unidades son limitadas y que está trabajando codo con codo con proveedores de componentes para poder cubrir el hueco entre lo que la gente quiere comprar y lo que realmente puede salir de fábrica.
Para entender este momento hay que mirar un poco atrás. La primera ROG Ally llegó al mercado hace unos dos o tres años como experimento arriesgado: un PC con Windows en formato portátil, a medio camino entre portátil gaming y consola tradicional. Asus se asumió como pionera de una categoría que entonces parecía extraña, con software verde, autonomía justa y mucho escepticismo alrededor. El objetivo era claro: entrar pronto, ocupar el segmento más alto y convertir el nombre ROG Ally en sinónimo de portátil potente para jugar en cualquier parte.
Con el paso del tiempo, el ecosistema de handhelds con Windows maduró. Mejoraron drivers, herramientas de gestión de energía y soporte de mando en muchos juegos. El ROG Ally X, la tercera generación, es la cristalización de todo ese aprendizaje. Integra mejor que nunca la experiencia Xbox, con una interfaz a pantalla completa pensada para el mando, acceso directo a Game Pass y una sensación general de «mini Xbox» que se agradece en el salón. Por dentro, el chip AMD Z2 Extreme ofrece un rendimiento que en muchos títulos modernos supera a otros dispositivos de la misma liga. No es casualidad que más de un análisis lo haya coronado como uno de los mejores PCs portátiles para juegos disponibles ahora mismo.
El gran debate, claro, es el precio. Esos 999 dólares colocan al Ally X muy por encima de las configuraciones básicas del propio Ally, y más o menos en el doble de lo que se espera pagar por un Steam Deck bien equipado o por una hipotética Switch 2. Hay jugadores que ven en el éxito de este tipo de productos un aviso claro: si el público está dispuesto a gastar mil dólares en un handheld, la próxima Xbox o la próxima PlayStation no tendrán ningún problema en arrancar desde cifras parecidas. Otros recuerdan que, si miramos solo la minúscula escena de PCs portátiles, el precio del Ally X no es tan descabellado frente a rivales como Lenovo Legion Go 2 o MSI Claw A8, que compiten en la misma franja de rendimiento.
Lo que también hay que poner en contexto es el volumen. Si se traducen las estimaciones de ingresos que maneja Asus a número de unidades, muchas cuentas caseras apuntan a cifras en el entorno de las cien o ciento cincuenta mil consolas para el modelo X. Para un hardware de masas sería poco; para un PC portátil, dentro de un mercado todavía muy pequeño, es una cifra más que respetable. Varios usuarios señalan que el sector de handhelds con Windows mueve números ridículos comparado con móviles o consolas de sobremesa, así que titulares como «la demanda supera las expectativas» hablan de éxito, sí, pero en una escala muy diferente.
En el día a día, sin embargo, es fácil entender por qué engancha. El relato se repite: personas que recuperan la paz en casa porque ya no monopolizan la tele del salón, parejas en las que uno se queda con la Smart TV y el otro se tumba en el sofá con el Ally X y unos buenos cascos, padres que rascan partidas rápidas a altas horas de la noche sin despertar a nadie. A eso se suma la posibilidad de llevarse un PC casi de sobremesa en la mochila para jugar en el AVE, en un hotel o en la pausa de la oficina. Para gente con poco tiempo libre y vida muy repartida entre trabajo, estudios y familia, esa comodidad pesa casi tanto como los gigahercios.
No todo el mundo, eso sí, se traga el discurso del éxito sin números encima de la mesa. Asus no ha hecho públicos datos concretos de unidades y eso alimenta la desconfianza. En foros no faltan teorías: desde oleadas de scalpers que compran todo lo que aparece en stock hasta la sospecha de que parte de la demanda está inflada por campañas agresivas de marketing o pedidos institucionales. A esto se suman fechas de envío que, en algunos países, ya se mueven hacia el año que viene, algo que algunos interpretan como señal de auténtico tirón y otros como simple mala planificación de inventario.
Alrededor del Ally X también se ha encendido otro choque de visiones: ¿qué vale más en un portátil, la pantalla o los frames por segundo? Quienes apuestan por modelos con panel OLED presumen de negros profundos y colores de escaparate. Los defensores del aparato de Asus responden que, en muchos de esos dispositivos, mantener juegos AAA modernos por encima de los 30 fps obliga a tirar de reescalado agresivo y bajar calidad gráfica. En el Ally X, argumentan, la prioridad es rendir: más músculo cuando se quiere exprimir al máximo y mejor eficiencia cuando toca jugar en modo ahorro. Para alguien que compra su primer PC de este tipo, esa combinación de rendimiento, autonomía y controles decentes convierte al Ally X en un candidato muy serio a mejor opción global.
Todo esto ocurre mientras Microsoft sigue sin lanzar su propia portátil Xbox. Phil Spencer ha reconocido varias veces que le atrae la idea y que internamente han explorado formatos diferentes, pero los rumores apuntan a que ningún proyecto de hardware propio está cerca de ver la luz. Directivos como Jason Ronald prefieren hablar de llevar la experiencia Xbox a tantos dispositivos como sea posible y suelen mencionar explícitamente equipos de socios como el ROG Ally X. Para Asus, eso es casi una invitación: puede tratar la gama Ally como pilar estable de su catálogo gaming, en lugar de verlo como experimento pasajero.
Si la demanda actual se mantiene y no se queda en moda pasajera, el ROG Ally X puede convertirse en referencia de lo que será la próxima generación de portátiles para jugar, tanto en diseño como en precios. Si el mercado se enfría, quedará como ejemplo de hasta dónde se puede estirar el concepto de «lujo gamer» antes de que una parte de la comunidad mire la etiqueta de 999 dólares y diga: por muy bien que se juegue, yo ahí ya no llego.
1 comentario
Me encanta el concepto, pero 999 dólares es ciencia ficción para mi bolsillo. Esperaré ofertas, segunda mano o lo que sea, que la renta ya me deja tieso cada mes 💀