En solo tres meses, un módulo de memoria que siempre fue sinónimo de opción barata se ha convertido en un pequeño lujo en Corea del Sur. 
Hablamos del Samsung DDR5-5600 de 16 GB, ese módulo sencillo que muchos montaban casi por inercia en cualquier PC nuevo. Hoy su precio se ha disparado tanto que un simple upgrade de RAM compite de tú a tú con componentes mucho más llamativos del presupuesto, como una nueva tarjeta gráfica.
Los datos de la web coreana de seguimiento de precios Danawa pintan el escenario con bastante claridad. A finales de agosto, el módulo Samsung DDR5-5600 16 GB costaba alrededor de 69.246 won, unos 47 dólares al cambio. Era la típica memoria OEM sin luces, sin disipador de diseño, solo 16 GB a 5600 MT/s y la confianza de un fabricante gigante detrás. A comienzos de noviembre, el mismo modelo aparece cerca de 208.090 won, unos 142 dólares, en multitud de tiendas online. Y en algunos comercios físicos el precio escala hasta los 216.500 won, rozando los 148 dólares por el mismo módulo genérico.
Más allá de la cifra final, la trayectoria es lo que llama la atención. Durante agosto y buena parte de septiembre el gráfico sube despacio, con aspecto de rebote normal tras un largo periodo de memoria barata. Pero a finales de octubre la curva se empina de golpe y en los primeros días de noviembre parece casi un gráfico de criptomoneda en plena euforia. Para un componente que siempre se vio como algo aburrido pero necesario, la volatilidad resulta casi surrealista.
Lo que hace todavía más daño es la comparación con lo que se podía comprar hace nada. Con el dinero que hoy se piden por ese módulo de 16 GB sin ningún extra, hace unos meses era factible llevarse kits de 32 GB de DDR5 con algo de margen en frecuencia y estética más cuidada. Ahora el usuario medio se encuentra pagando precio de gama alta por una configuración mínima para cualquier PC de juego o de trabajo mínimamente moderno.
La explicación oficial que recorre la industria es sencilla: el boom de la IA. Los centros de datos y los clústeres de entrenamiento de modelos gigantes devoran cantidades brutales de DRAM. Para los fabricantes tiene todo el sentido del mundo priorizar los productos con mayor margen, como la memoria HBM y los módulos de servidor de alta capacidad. La DDR5 de consumo queda relegada a segundo plano y sufre tanto la falta de capacidad como las subidas de precios. Si sumamos a esto los recortes de producción que ya se habían anunciado cuando la memoria estaba por los suelos, el cóctel para una escalada agresiva estaba listo desde hace tiempo.
Dentro de la comunidad entusiasta, sin embargo, la teoría de simplemente «así funciona el mercado» se mira con bastante escepticismo. No hace falta tirar mucho de memoria para recordar cuando las mismas empresas se quejaban de que la DRAM estaba demasiado barata y hablaban de cerrar el grifo para sostener precios. Ahora, con producción más ajustada y demanda fuerte por parte de la IA, el relato cambia y se vuelve inevitable hablar de fuertes incrementos. Muchos veteranos del hardware lo ven como una nueva vuelta de un ciclo de siempre: primero sobreproducción y derrumbe de precios, luego recortes, después supuesto déficit y, finalmente, otra vez liquidaciones cuando el entusiasmo se enfría.
A la desconfianza se suma el historial de la propia industria. Varios grandes fabricantes de memoria, incluidos grupos coreanos, ya han sido sancionados en el pasado por prácticas de cartel y acuerdos ilegales de precios. Nadie asegura que lo que está ocurriendo ahora con DDR5 entre directamente en esa categoría, pero cuando casi todos los actores suben tarifas en la misma dirección y con ritmos muy parecidos, cuesta pedir al público que crea que todo es pura coincidencia.
El resto del mundo no se libra, aunque el golpe no sea tan extremo como en Corea del Sur. En Europa y América se han visto subidas cercanas al doble en muchos kits de DDR5 respecto a los mínimos recientes. Cada vez es más normal ver módulos sueltos de 16 GB por encima de los 100 dólares. Un ejemplo claro es Corsair Vengeance RGB 16 GB a 5200 MT/s, que ronda los 125 dólares en tiendas de Estados Unidos. Todo esto encaja con informes que apuntan a aumentos de alrededor de un 60 por ciento en los precios de contrato de los chips DRAM, incrementos que acaban filtrándose hasta el usuario final.
El efecto dominó se extiende mucho más allá de las simples memorias en formato DIMM. La DRAM forma parte del coste de prácticamente cualquier sistema y cuando su precio sube, se nota. Mini PCs, equipos premontados y portátiles con 16 GB de serie pasan a otra franja de precio. Los modelos con 32 GB o más se alejan aún más del bolsillo del usuario medio. En el segmento gráfico, los socios de los grandes fabricantes tienen que recalcular márgenes porque la memoria de vídeo tampoco se abarata. AMD, por ejemplo, ya ha avisado de nuevas subidas en algunas GPU debido al coste de la DRAM, la segunda subida similar desde otoño.
Por si fuera poco, en algunos mercados empieza a aparecer otra práctica bastante impopular: los packs forzados. Ciertos distribuidores venden modelos concretos de DDR5 solo si el cliente se lleva a la vez una placa base, uniendo en un mismo paquete cosas que muchos no necesitan. Para el usuario que ya tiene plataforma moderna y quiere simplemente pasar de 16 a 32 GB, que le obliguen a comprar hardware extra suena a burla más que a oferta.
La gran pregunta, claro, es cuánto durará esta fase. La historia de la memoria indica que ningún ciclo es permanente y que tanto la abundancia como la escasez tienen fecha de caducidad. Una desaceleración en el gasto de IA, nuevas fábricas o un cambio de prioridades pueden girar el mercado de nuevo y hundir los precios. Pero mientras el relato de la alta demanda ligada a la inteligencia artificial siga generando buenos titulares en los resultados financieros, hay pocos incentivos para relajar la cuerda. De momento, quien quiera montar o actualizar un PC tiene que asumir que la DDR5 no va a ser barata a corto plazo, y que el Samsung DDR5-5600 de 16 GB en Corea del Sur se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo un componente básico puede escaparse de la categoría de «accesible» casi de un día para otro.