Strauss Zelnick lleva casi dos décadas al mando de Take-Two, la editora detrás de sagas como Grand Theft Auto y Red Dead Redemption. 
Cuando alguien con ese peso en la industria se sienta en un programa como Squawk Box de CNBC para hablar de gaming, todo el mundo escucha. Su mensaje más reciente es claro: el centro de gravedad del sector se está desplazando poco a poco hacia el PC y hacia ecosistemas abiertos, mientras que la experiencia clásica de consola en el sofá seguirá existiendo, pero ya no será el único camino ni el más dominante.
Algo más que una caja debajo de la tele
Zelnick no está firmando el acta de defunción de las consolas, pero sí cuestiona cómo las entendemos. Para él, consola no significa necesariamente una caja cerrada con plástico brillante y un logotipo, sino un tipo de experiencia: juegos grandes, pulidos, pensados para jugar muchas horas seguidas con mando en mano y una pantalla grande delante. Ese tipo de experiencia no va a desaparecer; lo que está cambiando es el tipo de máquina en la que lo vivimos.
El mercado de consolas tradicional lleva años dando vueltas sobre sí mismo. Sony, Nintendo y Microsoft compiten por la misma base de usuarios, intentando convencerte de saltar de una marca a otra, en lugar de hacer crecer de verdad el pastel. Al mismo tiempo, el PC ha ganado una visibilidad brutal: Steam rompe récords de usuarios concurrentes, las rebajas constantes hacen accesibles incluso los triples A y, para muchos jugadores jóvenes, un portátil gaming o un PC modesto se ha convertido en el equivalente natural a tener consola.
Portátiles e híbridos: cara de consola, alma de PC
El auge de dispositivos como Steam Deck, ROG Ally y otros híbridos ha hecho la frontera todavía más borrosa. Técnicamente son PCs completos, con procesadores x86 y sistemas operativos flexibles, pero para el usuario se comportan como consolas: las enciendes, entras en una interfaz simple, eliges un juego y juegas. Con una base o dock, la señal pasa al televisor del salón y la experiencia es prácticamente indistinguible de la de una consola de sobremesa.
La gran diferencia está en el grado de apertura. En una PlayStation 5 Pro o en una sucesora de Switch, todo pasa por una única tienda oficial, con sus normas, sus comisiones y su calendario. En un PC portátil puedes mezclar Steam con Game Pass, añadir otras tiendas, tirar de indies que solo existen en itch.io y, si te apetece, seguir usando esa misma biblioteca en tu torre, tu portátil del trabajo o tu mini PC del escritorio. Esa sensación de que los juegos te pertenecen de verdad, y no a la caja donde los has comprado, es lo que muchos ven como la verdadera ventaja del PC.
Durante años, los defensores de la consola tenían una carta fuerte: el formato físico. Comprar un juego en disco, prestarlo, revenderlo, cazar ofertas en tiendas de segunda mano… todo eso hacía más llevadero el coste de seguir al día. Por eso hay tanta alergia a los modelos totalmente digitales: cuando se anuncia una revisión de consola sin lector, una parte de la comunidad lo interpreta como el momento en que la propia marca renuncia al argumento más sólido que le quedaba frente al PC.
Valve, AMD y el coste de mover el mercado
En paralelo, los rumores sobre una nueva máquina de salón de Valve alimentan la sensación de cambio estructural. La idea de un mini PC diseñado para el televisor, con una interfaz sencilla tipo consola y acceso completo a la biblioteca de Steam, por un precio comparable al de las consolas punteras, podría reordenar el tablero. Si una caja así saliera por unos 500 a 650 dólares con almacenamiento decente, mucha gente que hoy duda entre PS5 y Xbox empezaría a mirar muy en serio ese tercer camino.
En el terreno del hardware, AMD se ha convertido casi en árbitro silencioso de esta transición. Sus chips están dentro de las grandes consolas actuales y también de buena parte de los portátiles PC gaming y de los híbridos. No faltan voces que critican que tanto foco en acuerdos gigantes con Sony y Microsoft frene el potencial de sus APU para el mercado de escritorio. Otros recuerdan que precisamente esos contratos financian la investigación que luego acaba beneficiando a los usuarios de PC. En cualquier caso, cuanto más se parecen por dentro consolas, híbridos y PCs, más artificial resulta la frontera entre ellos.
Xbox como PC listo para enchufar
El ejemplo más evidente de ese cambio de mentalidad está en Microsoft. Hace tiempo que la compañía habla de Xbox como un ecosistema, no como un único aparato. Los juegos se juegan en la consola física, en la nube, en teles inteligentes y en PCs con Windows, y el Game Pass es el pegamento que mantiene todo unido. Los documentos y filtraciones sobre la próxima generación de hardware apuntan a dispositivos todavía más cercanos a un PC, tanto en arquitectura como en herramientas para los desarrolladores.
No es casualidad: el propio Satya Nadella ha contado en más de una ocasión que el primer Xbox nació como intento de construir un PC mejor para el salón. Hoy la empresa parece retomar esa idea original: una máquina que, por dentro, piensa como un PC, pero por fuera se comporta como una consola que cualquiera puede encender y disfrutar sin tocar un solo menú avanzado.
Precio, comodidad y estrés por el upgrade
Con todo esto, queda una pregunta clave: si el PC se parece cada vez más a una consola y la consola cada vez más a un PC, por qué no se pasa todo el mundo al PC directamente. La respuesta sigue siendo la misma de siempre: comodidad. Quien no quiere saber nada de drivers, fuentes de alimentación ni configuraciones de sombras ultra agradece una consola que simplemente funciona. Además, históricamente, el precio de entrada de una consola ha sido más amigable que el de un PC gaming completo.
Pero esa ventaja se ha ido encogiendo. La subida de precios en chips, memoria y almacenamiento también ha golpeado a las consolas, cuyos modelos tope de gama se mueven ya en franjas muy cercanas a las de un PC de gama media. A la vez, muchos jugadores han descubierto que, sumando un poco más al presupuesto de consola, pueden montar un PC que no se queda corto a los dos años y que, con algún upgrade puntual, aguanta varias generaciones de juegos. De ahí nacen tanto los chistes sobre tener que trabajar en tres empleos para pagar una gráfica nueva como los cálculos más fríos que demuestran que, con suficientes ofertas y rebajas, la balanza puede inclinarse del lado del PC.
Después del duelo PC contra consola
En el fondo, lo que describe Zelnick es un cambio de enfoque. El jugador medio sigue queriendo lo de siempre: sentarse, coger el mando y sumergirse en un buen juego. Lo que importa cada vez menos es cómo se llama la caja que hay debajo de la tele. Lo que importa cada vez más es si el ecosistema es abierto, si tus compras te acompañan cuando cambias de dispositivo, si puedes elegir dónde comprar y qué servicio de suscripción usar, y si la plataforma te deja moverte sin atarte las manos.
Por eso la vieja guerra de bandos PC versus consola se siente cada vez más desfasada. El choque interesante de los próximos años será entre sistemas cerrados, que intentan encerrarte en un jardín vallado, y plataformas abiertas con ADN de PC, que aceptan distintas formas de jugar, comprar y suscribirse. Zelnick está convencido de que la industria se mueve hacia ese futuro híbrido, y basta echar un vistazo a la cantidad de Steam Deck, portátiles gaming y consolas llenando los salones para sospechar que esa transición ya está en marcha.
2 comentarios
Mientras AMD siga sacando chips semi custom va a haber experiencia de consola, solo esperemos que no sea versión ConExtraSlow durante una década entera
Consola a 750 pavos es prácticamente ConSlow Edition, por un poco más te montas un PC que no te pide la jubilación anticipada en dos años 🤣