Si entraste a Dispatch y en cuanto apareció Malevola pensaste algo tipo: «esto huele muchísimo a anuncio noventero», tu memoria pop está funcionando perfecto. 
La famosa demonio sexy del juego no es un diseño cualquiera, es un cóctel calculadísimo de referencias: un poco supermodelo de refresco de los 90, un poco chica pin-up de taller mecánico, un poco demon girl de anime y bastante cuerpo de influencer de gimnasio en plena era TikTok.
El director de arte de AdHoc Studio, Derek Stratton, lo ha contado sin rodeos: el gran punto de partida fue el mítico anuncio de Pepsi de 1992 con Cindy Crawford. En ese spot, ella llega en un Lamborghini rojo a una gasolinera, se baja con top blanco y shorts vaqueros, abre una lata de Pepsi y deja a dos chavales mirando como si acabaran de ver a una diosa. En apenas treinta segundos se condensa toda una estética: brillo de supermodelo, fetichismo por el coche deportivo, sensualidad de catálogo. Dispatch agarra esa energía y la lanza de cabeza a un entorno completamente distinto: la oficina caótica desde la que se coordinan superhéroes.
Por eso la entrada de Malevola resulta tan familiar: la forma en que camina, cómo se planta en el plano, la manera en que se adueña de la escena en un segundo… todo recuerda a un anuncio caro de los 90, solo que con cuernos y cola. Stratton la define como la mezcla entre la Cindy de aquel anuncio y una «chica demonio de hot rod»: ese tipo de ilustración que uno imagina aerografiada en el capó de un muscle car o en una lámina de tatuajes clásicos. No extraña que los fans la llamen medio en broma la «versión americana estándar de demonio buenorra», comparándola a la vez con las cada vez más populares oni girls del anime.
La silueta, sin embargo, no es la típica de supermodelo frágil. Para el cuerpo se inspiraron en alguien muy concreto: la influencer fitness LeanBeefPatty. Espalda ancha, brazos marcados, abdomen definido, piernas que parecen poder derribar muros. Malevola no da la sensación de que vaya a desmayarse en una escena intensa; parece más bien capaz de lanzar a un héroe de nivel medio a través de la sala de reuniones. En la comunidad se ha instalado la idea de que es una especie de mezcla imposible entre Karlach de Baldur's Gate 3, la propia LeanBeefPatty y la Cindy Crawford de Pepsi: un remix demoníaco donde se cruzan videojuego, gimnasio e icono televisivo de hace tres décadas.
Todo eso funcionaría solo como guiño visual si el personaje no tuviera personalidad, pero en Dispatch Malevola habla y actúa como la encarnación del caos. Es esa compañera de trabajo que el departamento de recursos humanos tendría pesadillas solo de oír su nombre, pero que todo el mundo espera ver aparecer porque cada frase suya promete lío. Flirtea sin filtro, juega con los límites, se acerca al protagonista con una confianza que da risa y vergüenza ajena a la vez. De ahí que entre los jugadores se repita el comentario de que es «delito» que el juego no permita romance con ella, sobre todo teniendo en cuenta lo directa que llega a ser en más de una escena.
Esa frustración dirigida está totalmente alineada con lo que quiere hacer Dispatch. El juego, desarrollado por un estudio fundado por exmiembros de Telltale, no se plantea como drama trágico, sino como comedia de oficina con capa y máscara. Tú diriges una centralita de héroes inadaptados, decides quién atiende cada emergencia y, al mismo tiempo, intentas sobrevivir a los egos inflados, las rencillas internas, las amistades raras y tu propio deseo de ser considerado un héroe de verdad. Malevola encaja ahí como tentación, como problema recurrente y como recordatorio de que incluso en un mundo de superpoderes las dinámicas de oficina pueden ser lo más peligroso de todo.
Detrás de este circo de personajes hay un reparto de voces sorprendentemente potente para un debut independiente. Dispatch reúne a actores como Aaron Paul y Jeffrey Wright con pesos pesados del doblaje en videojuegos como Laura Bailey, Travis Willingham, Matthew Mercer y Erin Yvette, y les suma figuras del streaming y de YouTube como Jacksepticeye, Moistcr1tikal, Joel Haver, Lance Cantstopolis y el grupo Thot Squad. Malevola, en concreto, está interpretada por Alanah Pearce, ex presentadora de IGN, lo que añade una capa extra de guiño meta: una vieja cara de la prensa de videojuegos convertida en demonio de oficina aclamada por los jugadores.
La apuesta les ha salido bien. IGN le ha dado a Dispatch un 9 sobre 10, destacando sus diálogos afilados, el guion sólido y un elenco descrito como «adorablemente agotador», de esos personajes que te sacan de quicio pero no quieres dejar de ver. El juego también se ha colado en la categoría de Mejor Debut Indie en The Game Awards, un escaparate envidiable para una primera obra. Y en medio de todo ese reconocimiento, el diseño de Malevola se ha convertido en uno de los grandes temas de conversación: es difícil explicar qué es Dispatch sin mencionar a esa demonio que parece salida de un anuncio de refrescos de 1992 y de un estudio de tatuajes al mismo tiempo.
Al final, Malevola es mucho más que «la tía sexy del juego». Es una especie de resumen andante de cómo la cultura pop recicla y mezcla sus propias imágenes: un anuncio de Pepsi, pósters de taller, estética anime, obsesión por el gimnasio y fantasías de videojuego convergen en un solo personaje. Que encima sea divertida, incómoda, carismática y motivo de debate constante entre los fans dice mucho de por qué Dispatch ha conseguido llamar tanto la atención.