Honor nunca ha tenido miedo de experimentar con ideas raras, pero con el llamado Robot Phone ha decidido pisar el acelerador a fondo. No estamos hablando de otra isla de cámara un poco más grande ni de un simple cambio de color: este prototipo lleva en la parte trasera un módulo mecánico que se eleva del cuerpo del móvil como si fuera el ojo de un pequeño robot. Ese ojo es, en realidad, una cámara en gimbal motorizada. 
Y lo más sorprendente es que el dispositivo existe, se ha mostrado en público en China y funciona, aunque la mayoría de usuarios probablemente jamás podrán comprarlo.
El primer adelanto del Robot Phone llegó durante la presentación de la serie Honor Magic8. En medio de los nuevos modelos, la marca coló un breve teaser de un teléfono con una cámara que se movía de forma autónoma y prometió enseñar más adelante el proyecto, con la feria Mobile World Congress de Barcelona como gran escenario. En ese momento sonó como uno de esos conceptos lejanos que solo viven en vídeos promocionales. Sin embargo, apenas un mes después, Honor llevó un prototipo físico a su evento User Carnival en China, lo encerró en una urna de cristal y dejó que los asistentes lo fotografiaran desde todos los ángulos. Las imágenes no tardaron en inundar Weibo y otras redes chinas.
Incluso en estado de prototipo, el Robot Phone no se ve como un experimento improvisado, sino como un móvil casi listo para producción. La parte trasera está dominada por una enorme isla de cámara, en cuyo centro se esconde el mecanismo en gimbal. Cuando se activa, el módulo se despliega hacia fuera, puede inclinarse y girar para seguir al sujeto. Sobre el papel, es como llevar un mini estabilizador profesional integrado en el teléfono. Para vloggers, streamers y creadores de contenido que viven con el móvil en la mano, la idea es muy tentadora: la cámara podría seguir la cara, corregir temblores y ajustar el encuadre sin necesidad de trípode ni accesorios externos.
En cuanto al diseño, Honor ha intentado que esta locura tecnológica siga pareciendo un gama alta reconocible. El marco tiene acabado metálico, la parte trasera combina una gran ventana de cristal con el bloque de cámara sobredimensionado y, por lo que se ha visto, habrá al menos tres colores: negro, blanco y dorado. La silueta, con bordes rectos y líneas limpias, recuerda a los buques insignia actuales e incluso a algunos rumores sobre el futuro iPhone 17 Pro. La gran diferencia es que aquí todo se ha exagerado para hacer sitio al hardware móvil: el módulo ocupa tanto espacio que el móvil parece a medio camino entre un smartphone y un gadget sacado de una serie de ciencia ficción.
Pero la historia del Robot Phone no se queda en la parte física. Honor ha envuelto el proyecto en un fuerte discurso de inteligencia artificial. El primer vídeo promocional fue generado con IA y mostraba el teléfono casi como un personaje de animación, con un enorme ojo mecánico mirando el mundo con curiosidad. En sus mensajes oficiales, la compañía habla de un acompañante emocional que siente, se adapta y evoluciona de forma autónoma. Traducido a un lenguaje menos poético, la idea es que el teléfono aprenda del usuario, interprete el contexto y el estado de ánimo, y utilice la cámara y el software para reaccionar de manera más humana de lo que lo hacen los asistentes actuales.
Convertir ese marketing en realidad es mucho más complicado de lo que sugiere un teaser llamativo. Por un lado, un módulo mecánico con piezas móviles en un cuerpo delgado siempre será delicado: hay que protegerlo de golpes, polvo, agua y del desgaste del uso diario. La industria ya aprendió esa lección con las antiguas cámaras emergentes y las soluciones motorizadas que desaparecieron tan rápido como llegaron. Por otro lado, la promesa de una IA capaz de entender emociones y comportamientos va bastante más allá de mejorar fotos nocturnas o resumir textos. Requiere modelos muy avanzados, buen procesamiento local y una integración profunda con todo el sistema.
Por eso, Honor de momento se cuida mucho de hablar de fechas o mercados concretos. La marca ha dejado caer que quiere enseñar una versión más madura del Robot Phone en futuras ediciones del MWC y no descarta seguir evolucionando el concepto hasta 2026, pero nada de eso implica que el dispositivo vaya a aparecer en un catálogo oficial. Muchas veces estos productos sirven como escaparate tecnológico: enseñan hacia dónde se mueve la marca, prueban reacciones del público y ayudan a definir características que luego llegan a modelos más tradicionales.
Si alguna vez el Robot Phone llega a las tiendas, lo más lógico es que lo haga primero –y quizá solo– en China. Los móviles con mecanismos complejos suelen producirse en tiradas pequeñas, cuestan más de fabricar y son complicados de reparar. A eso se suma que Honor, como tantas otras marcas chinas, prioriza su mercado doméstico, donde puede controlar mejor el lanzamiento. El resultado probable es que, para muchos usuarios de Europa o Latinoamérica, el Robot Phone sea ese móvil raro que solo se ve en vídeos de YouTube y en manos de algunos creadores invitados a ferias tecnológicas.
Sin embargo, sería un error mirar este proyecto únicamente como una curiosidad exótica. El Robot Phone funciona también como pista de hacia dónde podría evolucionar el diseño de los smartphones en general. Después de años en los que todo se ha parecido demasiado, la industria busca recuperar cierta personalidad: pantallas plegables, formatos extraños, traseras con luces, ediciones de coleccionista. Un teléfono que se mueve, gira la cámara y da la sensación de estar "vivo" es un paso más en esa dirección. Combinado con una IA algo menos teatral y algo más útil, podríamos acabar usando dispositivos que se sienten menos como herramientas frías y más como pequeños compañeros digitales.
Desde la perspectiva del usuario, es normal mantener una parte de escepticismo. Las promesas de una IA que entiende tus emociones suenan muy bien en un vídeo, pero casi siempre se quedan cortas en la realidad. Además, la pregunta sobre la fiabilidad de un gimbal mecánico a largo plazo seguirá estando ahí, por muy premium que sea el acabado. Aun así, resulta difícil no sentir curiosidad: hay un prototipo real, con un diseño trabajado y una idea clara detrás. Si Honor se anima y decide lanzar el Robot Phone, aunque sea en una serie limitada, sería uno de los experimentos más interesantes de los últimos años. Y serviría para responder a una duda sencilla pero poderosa: ¿cómo se siente vivir con un móvil que no solo te graba, sino que además parece devolverte la mirada?