
Noches de Las Vegas en la muñeca
Dentro del enorme universo de relojes de inspiración automovilística, hay un modelo que, para muchos aficionados, sigue siendo el verdadero icono de TAG Heuer: el Monaco. Esa caja cuadrada, esos pulsadores de cronógrafo, la asociación automática con monoplazas rozando los muros en un circuito urbano… todo eso forma parte de su ADN. En 2025, la marca suiza decide llevar esa historia a un escenario muy distinto del puerto de Montecarlo: el asfalto negro y saturado de neones del Gran Premio de Las Vegas. El nuevo TAG Heuer Monaco Chronograph Night Circuit, referencia CBL218E.FT6312, es una edición limitada a 600 piezas que intenta condensar el ambiente de una carrera nocturna de Fórmula 1 en un reloj deportivo de 39 mm.
El resultado es todo menos discreto
. Sigue siendo un Monaco reconocible a primera vista, pero un Monaco que ha pasado por el espejo deformante del Strip de Las Vegas: esfera esqueletizada en degradado, caja de titanio arenado con recubrimiento negro, luminiscencia multicolor y un fondo de zafiro iridiscente. Es una pieza que asume su papel de protagonista, no de secundario, y que probablemente va a dividir opiniones entre los puristas enamorados del azul clásico y una nueva generación de aficionados que viven la F1 tanto como espectáculo como deporte.
De Montecarlo al Strip: cómo el Monaco se convirtió en laboratorio
Cuando se lanzó a finales de los años 60, el Monaco estaba ligado de forma directa al circuito urbano del Principado. Fue una auténtica ruptura: uno de los primeros cronógrafos automáticos del mercado, metido en una caja cuadrada, resistente al agua y con un diseño que no se parecía a nada de lo que había en los escaparates. Ese atrevimiento, sumado al impulso de la cultura popular gracias a Steve McQueen, acabó convirtiendo al Monaco en un símbolo del lado más rebelde del automovilismo.
Con el paso del tiempo, la colección dejó de ser un simple homenaje a una pista concreta y se transformó en la plataforma sobre la que TAG Heuer cuenta su historia de carreras. Ha habido reinterpretaciones fieles al original, variantes en fibra de carbono, versiones más sobrias con enfoque casi de reloj de vestir, y, en los últimos años, un salto decidido hacia piezas esqueletizadas y muy coloridas. En 2024, la marca aprovechó el regreso de la Fórmula 1 a Las Vegas con una primera Monaco de acentos rosas, pensada para sintonizar con la energía del Strip sin caer en el obvio “Las Vegas Limited Edition” estampado en la esfera.
El Night Circuit recoge ese hilo y lo lleva un paso más allá. 
De nuevo no hay logos del GP, ni siluetas de pista, ni nada que convierta el reloj en un simple souvenir. La conexión con la carrera se hace por sensaciones: los tonos del cielo nocturno, la luz de los neones reflejada en el asfalto y ese contraste entre la oscuridad del desierto y el brillo exagerado de la ciudad. Es una lectura más moderna del papel que puede jugar un reloj de carreras en un calendario de F1 que ya no se limita a Europa y a los circuitos clásicos.
Caja cuadrada de titanio negro: presencia sin cansar la muñeca
Las cifras del Monaco Night Circuit serán familiares para quien haya probado las últimas versiones esqueletizadas: 39 mm de ancho y aproximadamente 14 mm de grosor. En un reloj redondo, esas medidas entrarían en la categoría de deportivo contenido; en un cuadrado, se traducen en bastante presencia visual. La buena noticia es que la ergonomía está bien trabajada: las asas son cortas, caen hacia la muñeca y ayudan a que el reloj se asiente sin sobresalir de los lados, incluso en muñecas medias.
La gran diferencia está en el material y el acabado. TAG Heuer recurre al titanio grado 2 con un arenado uniforme y un recubrimiento DLC negro, que le dan al reloj una textura mate, casi sigilosa. Ese fondo oscuro hace que los colores de la esfera destaquen todavía más, como si estuvieran encuadrados por los muros negros de un circuito urbano. En el frontal se mantiene el cristal de zafiro tipo “caja” que define la silueta de la Monaco: vertical, con un perfil muy marcado y esa sensación de “ventana” sobre el movimiento.
En la parte trasera encontramos un fondo de titanio atornillado con cristal de zafiro y una hermeticidad de 100 metros que resulta más que suficiente para el uso real de un cronógrafo de este tipo. Pero lo interesante aquí no es tanto el dato técnico como el efecto visual: el cristal recibe un tratamiento de metalización iridiscente que hace que cambie de color según la luz y el ángulo, pasando por verdes, violetas, azules y dorados. Es un guiño claro al mundo del motor –ese brillo aceitoso del asfalto mojado por gasolina– y al mismo tiempo un pequeño truco estético que refuerza la sensación de que estamos ante un objeto pensado para impactar.
Esfera skeleton en degradado: entre el espectáculo y el exceso
La esfera es, sin duda, el elemento más polémico de este Night Circuit. La placa esqueletizada que sirve de base recibe un acabado metálico en degradado vertical: violeta en la parte superior, azul medianoche en la inferior. Al no ser una esfera cerrada, esos colores aparecen a través de huecos y ventanas, intercalados con los puentes y ruedas ennegrecidos del calibre. El resultado es una especie de paisaje nocturno mecánico, donde el metal oscurecido hace de skyline y los tonos eléctricos dan profundidad.
Las indicaciones de cronógrafo se destacan mediante acentos turquesa en agujas y escalas, un tono que recuerda a las luces de LED que marcan el trazado de una pista en plena noche. Los índices horarios y la minutería están diseñados para mantener la legibilidad, pero no pretenden esconder la complejidad de lo que hay debajo. De hecho, más de un aficionado ha comentado que la primera vez que tuvo la pieza en la mano necesitó unos cuantos segundos para localizar el segundero en marcha a las seis en punto, una pequeña aguja que gira sobre un subcontador parcialmente abierto y apenas marcado.
Si uno se queda en esa primera impresión, la esfera puede parecer “demasiado Vegas”, caótica, más cercana a un panel de discoteca que a un instrumento. Sin embargo, con unos minutos de uso, la mente empieza a ordenar la información: las agujas principales son largas y contrastan bien con el fondo oscuro, la aguja central del cronógrafo es fácil de seguir, y el contador de minutos se identifica rápidamente una vez entendido el diseño. No es una esfera minimalista, desde luego, pero tampoco un ejercicio de arte abstracto ilegible. Es más bien una foto de larga exposición de una recta iluminada, en la que el ojo acaba aprendiendo a seguir las trazas de luz.
Luminiscencia de tres colores y un truco muy listo para la fecha
En un reloj que dice inspirarse en un circuito nocturno, la luminiscencia no podía quedarse en un detalle menor. TAG Heuer juega fuerte y utiliza tres tipos de Super-LumiNova en la esfera. Las agujas de horas y minutos, junto con la escala principal de minutos, brillan en un verde intenso clásico, asegurando una lectura inmediata de la hora en condiciones de poca luz. Las agujas y marcas del cronógrafo, por su parte, adoptan un resplandor turquesa que las separa visualmente de la indicación de tiempo civil.
El resto de índices y parte de la estructura esqueletizada recibe una luminiscencia azul oscura que dibuja el armazón del diseño en penumbra. El efecto combinado es impactante: capas de información en verde y turquesa flotando sobre un entramado azul, casi como un mapa de trazado visto desde el aire. Y en medio de todo esto, la fecha se convierte en un pequeño número de magia. En lugar de dejar la rueda de calendario totalmente al descubierto –con el riesgo de crear un anillo de números confusos–, la marca introduce lo que llama un “revelador de fecha” a las seis. Básicamente, la cifra actual se enmarca en una ventana específica y se ilumina por detrás con un brillo verde muy vivo. De noche, la vista va directa a ese cuadro luminoso, como si fuera un cartel que el muro de boxes enseña al piloto.
Calibre TH20-00: un motor serio detrás del show
Detrás de esta puesta en escena hay un mecanismo que habla un lenguaje bastante más sobrio. El Monaco Night Circuit monta el calibre automático TH20-00, evolución del conocido Heuer 02. Se trata de un cronógrafo integrado, con rueda de pilares y embrague vertical, una arquitectura que hoy en día se asocia con relojería de nivel alto. La rueda de pilares se traduce en un accionamiento limpio y preciso de los pulsadores, sin ese tacto esponjoso que a veces encontramos en cronógrafos más sencillos, mientras que el embrague vertical permite que el cronógrafo se ponga en marcha sin saltos bruscos en la aguja de segundos.
El calibre late a 4 Hz (28.800 alternancias por hora) y ofrece una reserva de marcha de aproximadamente 80 horas, de modo que uno puede dejar la pieza en la mesilla el viernes por la noche y encontrarla en marcha el lunes sin problema. El acabado se ajusta a su carácter deportivo: puentes ennegrecidos, rotor esqueletizado y una sensación general de máquina moderna más que de pieza decorativa de alta relojería clásica. Visto a través del cristal iridiscente, el conjunto parece casi el compartimento de motor de un coche de exhibición: no es un ejercicio de anglage extremo, pero sí algo en lo que apetece detener la mirada.
Correa, comodidad y vida real con el Night Circuit
Completa el paquete una correa de caucho negro que refuerza la vocación deportiva de la pieza
. Es flexible, con perforaciones y relieve pensados para ventilar la muñeca y evitar esa sensación de “plástico pegado” en días calurosos. Al mismo tiempo, tiene suficiente estructura para sujetar una caja relativamente alta sin que el reloj baile sobre el brazo. En los bordes aparece un pespunte violeta que enlaza directamente con el degradado de la esfera, un detalle sencillo pero efectivo a la hora de dar coherencia al diseño.
En la muñeca, lo primero que sorprende es la ligereza. Quien venga de un Monaco en acero notará que el titanio rebaja el peso de forma importante, algo que se agradece en relojes con tanta presencia visual. Sin embargo, no hay forma de que el Night Circuit pase desapercibido: la combinación de caja negra, volumen cuadrado y esfera luminosa hace que llame la atención en cuanto asoma debajo del puño de la camisa o de la chaqueta. Varios aficionados que no se consideraban “gente de relojes cuadrados” comentan precisamente eso: que, contra todo pronóstico, este Monaco se siente equilibrado y moderno en la muñeca, más como un instrumento de paddock actual que como una reedición nostálgica.
Herencia, Vegas y el debate inevitable
Como ocurre siempre que se toca un icono, alrededor del Night Circuit se ha abierto el inevitable debate sobre hasta qué punto se puede estirar el concepto Monaco sin romperlo. Para una parte del público, el sentido del modelo sigue estando ligado a Mónaco, al azul clásico, a las fotos en blanco y negro de boxes europeos. Desde esa óptica, mezclar el nombre con una estética de neones, paletas que recuerdan a Miami y marketing de Gran Premio americano suena a traición a las raíces. 
Ven esta versión como un Frankenstein cromático en el que la historia de McQueen queda sepultada bajo capas de luz artificial.
Sin embargo, el otro lado del debate lanza un argumento difícil de ignorar: el Monaco nació precisamente como una ruptura. Era el reloj raro, cuadrado, diferente, el que rompía la monotonía de los cronógrafos redondos. Mantener vivo ese espíritu en 2025 implica, inevitablemente, asumir riesgos estéticos. La Fórmula 1 actual es mucho más que deporte; es show, ciudad, experiencia y redes sociales. Un Monaco que refleje todo eso visualmente puede parecer chocante, pero no incoherente. El Night Circuit no intenta ser la versión definitiva y “pura” del modelo, sino una lectura muy concreta del momento actual de la F1.
Legibilidad y uso en el día a día
Más allá de discusiones filosóficas, queda la cuestión práctica: ¿se puede leer la hora fácilmente? En condiciones normales de luz, la respuesta es sí, con matices. Las agujas principales son anchas, tienen material luminiscente generoso y se recortan bien sobre el fondo oscurecido del movimiento. La aguja central del cronógrafo no se confunde con nada más y el contador de minutos se vuelve intuitivo una vez identificada su escala. El punto más criticable es, como ya hemos dicho, el pequeño segundero de marcha a las seis, que se camufla con demasiada facilidad en el diseño esqueletizado y puede llevar a pensar que el reloj se ha parado si uno no presta atención.
Cuando baja la luz, el panorama cambia a favor del reloj. La codificación por colores de la luminiscencia simplifica la lectura: el verde marca la hora, el turquesa marca el cronógrafo y el azul construye un escenario alrededor, pero no compite por protagonismo. En ese contexto, la inspiración en la carrera nocturna de Las Vegas cobra todo el sentido: mirar el Night Circuit en la oscuridad se parece bastante a ver imágenes on-board de un monoplaza pasando entre puntos de luz, conocidos y repetidos, que guían al piloto vuelta tras vuelta.
Precio, limitación y lugar en la familia Monaco
Con todo lo que hay en juego en términos de diseño y de mecánica, nadie esperaba que el Night Circuit fuese el Monaco “barato” de la colección. El precio oficial se sitúa en 11.000 francos suizos, lo que coloca esta referencia en la parte alta de la oferta actual de TAG Heuer. Comparada con otros cronógrafos de titanio esqueletizados con calibre de manufactura, la cifra no desentona, pero sigue siendo claramente un producto dirigido a un cliente apasionado y consciente de lo que está comprando.
La limitación a 600 unidades refuerza ese posicionamiento. No es el tipo de reloj que uno se encuentre repetido constantemente en la calle, ni algo que se vaya a mantener indefinidamente en catálogo. Es más bien una instantánea de una fase concreta de la historia del Monaco: la fase en la que la colección mira sin complejos a la F1 como entretenimiento global. Quien busque un único Monaco “para toda la vida” probablemente seguirá inclinándose por un modelo azul más clásico. Quien disfrute teniendo piezas que capturan un momento muy específico –una temporada, una carrera, un estilo– encontrará en el Night Circuit un candidato muy tentador.
Conclusión: un Monaco hecho para generar conversación
El TAG Heuer Monaco Chronograph Night Circuit no pretende gustarle a todo el mundo, y esa es quizá su mayor virtud. Toma una de las cajas más reconocibles de la relojería moderna, la viste de titanio negro, abre la esfera en un degradado atrevido, llena de luz la noche con tres colores de Super-LumiNova y la anima con un calibre cronógrafo contemporáneo y competente. Por el camino sacrifica algo de sobriedad clásica, pero gana personalidad en un mercado saturado de relojes correctos pero olvidables.
Para los nostálgicos de las fotos de McQueen en el paddock de los años 70, este Monaco será, como mucho, un placer culpable que se aprecia en muñecas ajenas. Para quienes ven la Fórmula 1 actual como un evento que mezcla velocidad, espectáculo, ciudades icónicas y neones, el Night Circuit puede convertirse en el Monaco que por fin habla su mismo idioma. Es ruidoso, polarizante, excesivo para algunos… pero, precisamente por eso, es difícil apartar la mirada. Y en un reloj pensado para celebrar un gran premio en Las Vegas, probablemente no hay mayor cumplido que ese.
1 comentario
Ese dial está tan ordenado como un finde en Las Vegas jaja, tardé un buen rato en encontrar el segundero a las 6 😂