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Cómo el cuello de botella de TSMC puede impulsar el regreso de Samsung Foundry

por ytools
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En los últimos años, tres siglas se han convertido en el eslabón oculto de casi toda la tecnología que usamos a diario: TSMC. Detrás de muchos iPhone, tarjetas gráficas de gama alta, consolas y servidores de inteligencia artificial hay un chip salido de sus fábricas en Taiwán. Por eso llamó tanto la atención que el propio director ejecutivo, C. C. Wei, encendiera la alarma: la demanda de chips avanzados está desbordando por completo la capacidad de producción de la compañía.
Cómo el cuello de botella de TSMC puede impulsar el regreso de Samsung Foundry
Esa tensión no solo es un riesgo para todo el ecosistema tecnológico, también abre una ventana inesperada para un rival que lleva años intentando remontar: Samsung Foundry.

Para entender el alcance del problema hay que mirar cómo está organizado hoy el negocio de los semiconductores. La mayoría de las grandes marcas que conocemos –Apple, Qualcomm, Nvidia, AMD, MediaTek, Broadcom y otras– no fabrican sus propios chips. Son empresas "fabless": diseñan la arquitectura, definen el rendimiento, la eficiencia energética y las funciones del chip, pero delegan la fabricación a terceros. En el otro extremo están las foundries, como TSMC, Samsung Foundry o la china SMIC, que invierten decenas de miles de millones de dólares en fábricas ultracomplejas (fabs) con salas limpias y litografía EUV para transformar una simple oblea de silicio en miles de procesadores terminados.

Sobre el papel, a TSMC le va mejor que nunca. En el tercer trimestre de 2025 declaró unos ingresos de 33,1 mil millones de dólares, una cifra que deja claro que sus líneas están funcionando al máximo. Sin embargo, según Wei, eso ni siquiera se acerca a lo que le piden sus clientes. Las estimaciones internas apuntan a que la demanda total actual es aproximadamente tres veces mayor que la capacidad de producción que TSMC puede ofrecer hoy. Dicho de otra forma: el sistema va tan al límite que cualquier contratiempo –un retraso de un proveedor, una parada de mantenimiento o un pico inesperado de pedidos– puede convertirse rápidamente en un cuello de botella global.

El punto de mayor tensión son los nodos de fabricación más avanzados. Tecnologías de 5 nm, 3 nm y el futuro 2 nm son la base de los chips más deseados: procesadores para smartphones de gama alta, GPUs tope de gama, aceleradores de IA y CPUs para portátiles premium. Wei reconoce abiertamente que la producción actual en estos nodos es "masivamente insuficiente" frente a la demanda. Los grandes socios estratégicos que firmaron contratos a largo plazo –como Apple o Nvidia– tienen más margen de maniobra, porque reservaron fabricación con años de antelación. Para muchas empresas más pequeñas, sin ese tipo de acuerdos, dar el salto a un nodo puntero significa entrar en una cola larga y con pocas garantías de fecha.

La situación se agrava si miramos la cuota de mercado. En el segundo trimestre de este año, TSMC concentraba alrededor del 70,2 % del mercado mundial de foundries. Samsung Foundry aparecía muy lejos, con un 7,3 %, y SMIC ocupaba el tercer lugar con cerca de un 5,1 %. Con un mapa tan desequilibrado, el mensaje es claro: si TSMC se queda sin hueco, las alternativas capaces de manejar diseños complejos en grandes volúmenes son escasas. Y ahí es donde Samsung vuelve a entrar en la conversación, aunque su historial reciente no haya sido precisamente impecable.

Durante años, Samsung Foundry arrastró una reputación complicada por sus rendimientos de fabricación en nodos avanzados. El yield –el porcentaje de chips funcionales que se obtienen de una oblea frente al máximo teórico– es un indicador clave. Cuando el yield es bajo, el coste por chip se dispara, los plazos se rompen y el cliente se lleva menos unidades de las esperadas o con resultados irregulares. Un caso muy comentado fue el del Snapdragon 8 Gen 1: inicialmente se producía en líneas de Samsung Foundry, pero los problemas de eficiencia y rendimiento llevaron a Qualcomm a mover la versión revisada, el Snapdragon 8+ Gen 1, a TSMC. Desde entonces, Qualcomm se ha mantenido fiel a los taiwaneses en la gama alta.

Ni siquiera el negocio móvil de la propia Samsung se libró de las consecuencias. La familia de procesadores Exynos nació para demostrar músculo tecnológico y alimentar muchos Galaxy en todo el mundo. Pero el salto a nodos más agresivos no fue sencillo. En 3 nm, el yield quedó muy por debajo de lo previsto y, según filtraciones, la compañía tuvo que gastar cerca de 400 millones de dólares en la compra de procesadores Snapdragon 8 Elite adicionales, porque no conseguía fabricar a tiempo suficientes Exynos 2500 para la serie Galaxy S25 de 2025. Para una empresa que presume de controlar tanto el diseño como la producción, depender masivamente del chip de un competidor fue un golpe de imagen considerable.

En 2025, sin embargo, el relato empieza a cambiar. Directivos de Samsung afirman que los yields en sus nodos más modernos han mejorado de forma notable. El nombre que se repite en todas las quinielas es Exynos 2600, un ambicioso SoC deca-core que debería llegar a los Galaxy S26 y Galaxy S26+ en determinados mercados. Si este chip se lanza a tiempo, ofrece una eficiencia sólida y compite de tú a tú con las alternativas producidas por TSMC, será algo más que una actualización generacional: será una demostración pública de que Samsung Foundry puede volver a jugar en la primera división de la fabricación avanzada.

Mientras tanto, el boom de la inteligencia artificial alimenta un apetito casi insaciable por chips cada vez más potentes. Las GPUs y aceleradores de Nvidia ocupan una porción enorme de la capacidad avanzada de TSMC. A eso se suman las grandes tecnológicas que desarrollan procesadores propios para sus centros de datos, fabricantes de automóviles que quieren coches más conectados y una larga lista de startups de IA. Todos compiten por wafers en las mismas fábricas. Cada vez más compañías se encuentran con la misma disyuntiva estratégica: seguir dependiendo de TSMC, aunque eso suponga retrasar productos, o repartir el riesgo y firmar también con Samsung Foundry.

Visto desde la gestión de riesgos, esta segunda opción ya no suena tan descabellada como hace unos años. Si Samsung demuestra con hechos –y no solo con promesas– que sus líneas de 3 nm y, más adelante, de 2 nm ofrecen yields altos y calendarios fiables, muchos diseñadores de chips se plantearán seriamente el llamado "dual sourcing": mantener parte del catálogo en TSMC y mover otros diseños a Samsung. Lo habitual sería empezar con modelos secundarios o versiones regionales y, si la experiencia es positiva, ir aumentando las órdenes. No será un giro dramático de un día para otro, sino una acumulación de decisiones pragmáticas que, con el tiempo, podría desgastar la supremacía casi absoluta de TSMC.

Eso no significa que igualar a TSMC sea sencillo. Levantar una fab preparada para producir a 2 nm se calcula en torno a 28 mil millones de dólares, sin contar los años de ingeniería y ajuste fino. Entre la primera piedra, la instalación de herramientas, la formación de personal y alcanzar un yield rentable pueden pasar perfectamente de tres a cinco años. Y esa realidad afecta a todos por igual: a TSMC, a Samsung y a cualquier otro aspirante. Por eso, el actual problema de capacidad en los nodos más avanzados no se solucionará de la noche a la mañana.

En el corto y medio plazo, el mercado tendrá que convivir con una oferta tensa, sobre todo en la gama alta. Algunos fabricantes de smartphones probablemente escalonarán los lanzamientos por regiones según qué chips consigan asegurar. Proyectos de IA se verán obligados a retrasar despliegues o a arrancar con hardware menos eficiente, simplemente porque las GPUs ideales no están disponibles en el volumen necesario. Incluso los fabricantes de coches podrían alargar el ciclo de plataformas existentes ante la falta de procesadores más modernos. Para el consumidor final, todo eso se traduce en precios más altos, menos stock y novedades que llegan algo más tarde de lo que la tecnología permitiría.

Para TSMC, el reto es crecer sin perder el sello de fiabilidad que la convirtió en la foundry de referencia: ampliar capacidad en 3 nm y 2 nm, diversificar geografías y, a la vez, mantener yields y calidad en niveles altísimos. Para Samsung Foundry, el momento se parece a una segunda oportunidad: después de varios tropiezos con sus procesos de vanguardia, tiene ahora un contexto perfecto para volver a presentarse como alternativa seria. El desempeño real del Exynos 2600 y de las próximas generaciones dirá si esta oportunidad se convierte en un punto de inflexión o solo en un capítulo más en la larga rivalidad entre ambos gigantes.

Lo que sí está claro es que la época en la que el acceso a la fabricación más avanzada parecía casi garantizado ha quedado atrás. En un mundo donde el apetito por potencia de cálculo y por IA crece más rápido que las propias fábricas, diseñar el mejor chip ya no basta. La combinación de diseño brillante y capacidad industrial a gran escala se ha convertido en la moneda más valiosa del sector. Y será precisamente ese equilibrio el que determine cómo se reparten el poder TSMC, Samsung Foundry y el resto de jugadores fabless en la próxima década.

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2 comentarios

SigmaGeek January 4, 2026 - 9:50 pm

si samsung de verdad arregló el tema del yield, este es el momento perfecto para robar clientes que están atascados en la cola de tsmc

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BinaryBandit January 23, 2026 - 3:20 am

al final para nosotros es lo de siempre: móviles más caros, menos stock y lanzamientos que se retrasan, meh 😅

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