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Donald Trump, Rush Hour 4 y la política de las viejas comedias de acción

por ytools
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Donald Trump vuelve a meter la mano donde más le gusta: en la mezcla explosiva de política, negocios y cultura pop. Según varias informaciones, el expresidente ha presionado personalmente al magnate tecnológico Larry Ellison, principal accionista de Paramount, para que un proyecto concreto suba a lo alto de la lista si su estudio consigue quedarse con Warner Bros Discovery: una nueva entrega de Rush Hour con Jackie Chan y Chris Tucker de vuelta al ruedo.

Podría sonar como una anécdota simpática de famoso caprichoso, pero el caso es bastante más incómodo.
Donald Trump, Rush Hour 4 y la política de las viejas comedias de acción
No hablamos solo de un señor rico nostálgico por las pelis que veía en VHS, sino de alguien con enorme influencia política que intenta orientar, aunque sea de forma informal, qué tipo de películas deben dominar el mayor escaparate audiovisual del planeta.

Del taquillazo noventero a juguete político

Cuando se estrenó en 1998, Rush Hour parecía una apuesta arriesgada: juntar a una leyenda del cine de artes marciales de Hong Kong con un cómico estadounidense hiperactivo y dejar que el choque cultural hiciera el resto. Funcionó mejor de lo previsto. La seriedad física de Jackie Chan, la verborrea de Chris Tucker y una lluvia de coreografías imposibles convirtieron la película en un taquillazo mundial y en el primer contacto real de muchos espectadores estadounidenses con el estilo de acción de Chan.

El segundo filme, en 2001, exprimió aún más la fórmula: más presupuesto, más explosiones, más chistes sobre diferencias culturales. La recaudación subió, el duo se consolidó como pareja cómica de referencia y Hollywood olió franquicia. Pero en 2007, con Rush Hour 3, ya se notaba desgaste: el humor repetía chistes, las tramas parecían recicladas y el encanto inicial empezaba a diluirse, aunque la taquilla siguiera siendo respetable.

Después de eso, la saga se fue apagando. Brett Ratner, el director de la trilogía, cayó en desgracia a raíz de numerosas acusaciones de conducta sexual inapropiada en plena ola del movimiento MeToo; Jackie Chan se centró en otros proyectos y Chris Tucker desapareció durante años de los grandes focos. Solo de vez en cuando alguno de los dos dejaba caer que había conversaciones sobre un posible Rush Hour 4. En 2022, Chan reconoció públicamente que se estaba hablando del tema… y la industria respondió con un bostezo.

Trump, Ellison y la operación nostalgia

Ahí entra en escena Trump. Quien le haya escuchado hablar de cine sabe que su corazón late por las comedias gamberras y los machos de videoclub de finales de los 80 y los 90: cintas como Bloodsport, donde todo se reduce a un torneo, golpes secos y héroes que no necesitan demasiados matices. En su relato, Hollywood se habría perdido entre superhéroes llorones, mensajes sociales y corrección política, olvidando el entretenimiento directo a base de patadas y chistes gruesos.

Larry Ellison, fundador de Oracle y aliado político, es justo el tipo de personaje capaz de hacer realidad ese sueño nostálgico. A través de Skydance está profundamente metido en Paramount, uno de los grandes candidatos a quedarse con Warner Bros Discovery, que a su vez controla los derechos de Rush Hour. Una fusión así tendría que pasar por un filtro regulatorio feroz en Washington. Que en ese contexto el expresidente haga llegar al futuro megaestudio su lista de deseos, entre ellos resucitar Rush Hour, es lo que levanta cejas.

Ratner, MeToo y la revancha de los cancelados

El posible regreso de Brett Ratner añade gasolina al fuego. Desde que varias mujeres lo acusaron de acoso y agresiones sexuales, su nombre se convirtió en sinónimo de lo que Hollywood decía querer dejar atrás. Estudios rompieron contratos, proyectos se congelaron y el director desapareció del mapa. Sin embargo, en los últimos años ha reaparecido en producciones vinculadas al entorno de Trump, incluyendo un documental sobre Melania.

Para muchos, ver a Trump, Ellison y Ratner alrededor de un mismo proyecto huele a manifiesto político: una especie de contraataque explícito contra el wokismo y la cultura de la cancelación, envuelto en la forma aparentemente inocente de una comedia de acción. Para otros, es simplemente una jugada cínica: explotar la nostalgia de los fans mientras se normaliza el regreso de figuras que el sistema había apartado.

¿Rush Hour 4 en 2025 con los mismos protagonistas?

Incluso dejando a un lado la política, hay dudas muy mundanas. Jackie Chan tiene ya 71 años; Chris Tucker está en la mitad de los cincuenta. Parte del encanto de la trilogía original residía en ver a Chan colgando de autobuses, cayendo por barandillas y usando cualquier objeto del decorado como arma improvisada. Esa mezcla de comedia física y riesgo real es difícil de repetir con un cuerpo mucho más castigado. Los fans más veteranos recuerdan que ya en el rodaje del tercer filme las lesiones eran constantes.

Al mismo tiempo, el público se ha quemado con oleadas de secuelas tardías y reboots perezosos. Cada vez que vuelve una marca conocida, surge la pregunta: ¿hay algo nuevo que contar o solo se trata de exprimir la nostalgia hasta la última gota? En el caso de Rush Hour, muchos preferirían ver un relevo generacional, con nuevos personajes, nuevo contexto y humor actualizado, antes que un revival en el que dos actores agotados repitan los mismos gags bajo la mirada satisfecha de un político nostálgico.

Eso no significa que el género esté muerto. Al contrario: en redes abundan las listas de extraño cuando el cine de colegas policías era así, con clásicos como Lethal Weapon, 48 Hrs., Beverly Hills Cop y, por supuesto, Rush Hour. Lo que muchos reclaman es una evolución, no un simple copia y pega de los 90 en pleno 2025.

Raza, base electoral y programación a golpe de tuit

Como casi todo en Estados Unidos, también esta historia termina atravesando las guerras culturales. Hay quien se ríe de la paradoja: una base electoral que se harta de la palabra diversidad y, al mismo tiempo, un líder que suspira por una saga sobre un policía negro y uno chino que aprenden a confiar el uno en el otro. Otros lo ven menos inocente y sospechan que lo que realmente atrae es la posibilidad de volver a un tipo de humor en el que los personajes racializados existen sobre todo para hacer de payaso.

Mientras tanto, las redes hacen lo que mejor saben: memes de un Trump con mando a distancia dictando la cartelera de Hollywood, chistes sobre qué clásico pedirá después y comentarios serios sobre dónde están los límites. ¿Es sano para la industria que una posible mega fusión de estudios venga acompañada de sugerencias tan concretas desde la esfera política, aunque sea en forma de guiño y llamada telefónica?

Lo que se juega Hollywood con un simple buddy movie

Probablemente, al final dé igual si Rush Hour 4 llega a rodarse o muere en la fase de rumor. Lo verdaderamente relevante es el precedente: un dirigente usando su peso para influir no ya en leyes o regulaciones, sino en la lista específica de franquicias que deberían volver. Los presidentes siempre han tenido actores favoritos y películas predilectas, pero convertir esa preferencia en expectativa hacia un aliado empresarial lleva la relación entre poder político y creativo a otro nivel.

Si Paramount acaba comprando Warner Bros Discovery, Ellison tendrá que decidir si quiere que sus decisiones editoriales se lean como fruto de su estrategia empresarial o como un servicio a los gustos de su amigo más famoso. Y el público, por su parte, deberá preguntarse hasta qué punto está dispuesto a aceptar que la nostalgia de un solo hombre, por muy influyente que sea, ayude a determinar qué tipo de historias acaban llenando la pantalla en todo el mundo.

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