Cuando una PlayStation 5 averiada apareció en el mostrador de un pequeño taller de reparaciones en Orem, Utah, los técnicos esperaban lo típico: fuente dañada, puerto HDMI roto, o el eterno clásico de la consola saturada de polvo. Pero al retirar la carcasa blanca, el caso dejó de ser un problema electrónico para convertirse en un episodio digno de un fumigador. 
Aquella PS5 no necesitaba un “debug” de software… sino un desinsectado literal.
Según contó el taller en redes sociales, todo comenzó como cualquier revisión estándar: abrir, revisar alimentación, comprobar si había daños visibles. Nada parecía fuera de lo normal. Pero al desmontar las láminas metálicas y el sistema de refrigeración, empezaron a aparecer pequeños puntitos oscuros adheridos a todas partes. No era suciedad común, sino excremento de cucaracha. Y el horror no terminó ahí: al levantar la placa base, varias cucarachas vivas salieron corriendo por las ranuras y ventilaciones como si alguien hubiese invadido su apartamento.
Eso explicaba por qué la consola ni siquiera encendía. Pasar meses como hogar de una colonia de insectos deja dentro humedad, restos orgánicos, huevos, caparazones y una mezcla corrosiva que puede arruinar pistas, provocar cortos y bloquear los ventiladores. Sin embargo, para los técnicos el límite estaba claro: no iban a pasar horas manipulando una especie de colmena digital. Así que envolvieron la PS5 en plástico, bien sellada para evitar “fugas”, y la enviaron de vuelta al dueño con un diagnóstico que seguramente nunca olvidará.
El video se volvió viral, y otros técnicos aprovecharon para contar sus propias pesadillas: torres llenas de hormigas, PCs de oficina donde el ventilador estaba cubierto de comida enmohecida, e incluso fuentes de poder con telarañas y una viuda negra viviendo dentro. Suena exagerado, pero es pura lógica: consolas y PCs suelen estar en rincones cálidos, oscuros, cerca de enchufes, comida, basura o recipientes de mascotas. Para una cucaracha, eso no es un desastre, es un anuncio inmobiliario.
Con el tiempo, se forma en la electrónica una capa de polvo, restos de comida, pelo, humedad e insectos triturados que puede aislar mal, almacenar calor y favorecer cortocircuitos. Los ventiladores se tapan, la temperatura sube y, poco a poco, la vida útil del hardware se va derritiendo. Al final, una consola que costó cientos de dólares termina comportándose como un calentador para bichos.
Como siempre, en los comentarios hubo quien dijo que el técnico era un exagerado. Que con un baño de alcohol isopropílico y un buen cepillado se arreglaba todo. En la teoría suena heroico; en la práctica es un trabajo asqueroso, riesgoso para personas alérgicas y sin garantía de eliminar huevos, restos o daños microscópicos. Un insecto seco en la placa es una cosa; una colonia viva correteando mientras trabajas es un nivel completamente distinto.
Algunos usuarios aprovecharon para recordar que las primeras revisiones de la PS5 tenían ya cierta fama por el metal líquido usado en la refrigeración, sensible a golpes, inclinación y altas temperaturas. Si sumas polvo, humedad y una familia de cucarachas paseándose por encima del disipador, el desastre está más que asegurado. Aunque los modelos posteriores mejoraron, miles de unidades originales siguen en casas de jugadores que jamás imaginan que su consola pueda convertirse en un terrario improvisado.
La lección es simple: cuidar el entorno de una consola es tan importante como sus especificaciones internas. La PlayStation 5 no debe estar en el suelo, ni pegada a la basura, ni escondida detrás de cables, cajas de pizza o migajas. Necesita espacio para respirar y un ambiente mínimamente limpio. Pasar la aspiradora alrededor, limpiar el mueble y evitar obstruir las ventilaciones puede ahorrar una fortuna en reparaciones – y evitar momentos vergonzosos en el taller.
En resumen, la PS5 infestada de Utah no es solo un video asqueroso. Es un recordatorio contundente para gamers y usuarios de PC: el hardware de gama alta no es un motel para insectos. Trátalo como el equipo premium que es y tendrás años de juego sin que una cucaracha salga a saludarte cuando menos te lo esperes.