Con los primeros adelantos oficiales del Exynos 2600, Samsung ha dejado claro que no piensa renunciar a competir en la liga más alta de procesadores móviles. Este nuevo SoC de la casa se presenta como rival directo de pesos pesados como el Snapdragon 8 Elite Gen 5, el Dimensity 9500 y el futuro A19 Pro de Apple, al tiempo que estrena el proceso de fabricación de 2 nm con tecnología GAA de la propia Samsung Foundry. 
Sobre el papel suena a lanzamiento global por todo lo alto en la familia Galaxy S26… pero la realidad será bastante diferente: fuera de Corea del Sur, la mayoría de usuarios solo verán el Exynos 2600 en fichas técnicas y noticias, mientras los modelos que llegarán a las tiendas montarán casi siempre Snapdragon.
En otras palabras, Samsung recupera una vieja estrategia muy conocida por los fans de la gama Galaxy: un mismo buque insignia, pero con dos plataformas distintas según el mercado. Tras tres generaciones en las que los Galaxy S para el público internacional estuvieron prácticamente monopolizados por chips Snapdragon, la firma vuelve al esquema dual. Corea se queda con el Exynos 2600, y el resto del mundo recibirá, en su gran mayoría, versiones con Snapdragon 8 Elite Gen 5. La paradoja es que justo ahora, cuando el Exynos vuelve a ser escaparate tecnológico con 2 nm GAA, empaquetado avanzado y nuevas soluciones de refrigeración, Samsung decide ser más prudente que nunca.
Por qué el Exynos 2600 casi no saldrá de Corea
Las razones no tienen tanto que ver con la publicidad como con el histórico de la propia familia Exynos. La firma de análisis coreana CTT Research ha resumido tres grandes factores que llevan años limitando la presencia global de los buques insignia de Samsung con chip propio: vulnerabilidades de seguridad a nivel de kernel, problemas de sobrecalentamiento y baja tasa de chips aprovechables en fábrica (yields). Esta combinación ha erosionado la confianza en Exynos, mientras que la línea Snapdragon se ha consolidado como la opción preferida por operadoras, empresas y usuarios exigentes.
El frente de la seguridad es especialmente sensible. Hoy un smartphone no es solo un teléfono: es cartera digital, llave de acceso al banco, a la nube de la empresa y a fotos y documentos personales. Cualquier fallo serio en el kernel o en la arquitectura del SoC abre la puerta a ataques profundos y difíciles de contener. En generaciones anteriores, varios Exynos fueron protagonistas de informes de seguridad que destaparon brechas importantes, parcheadas a posteriori pero recordadas por la comunidad. Para justificar un despliegue global masivo, Samsung necesita demostrar que esa base es sólida durante años, no solo en la teoría de un keynote.
El segundo punto débil tiene que ver con la temperatura. No es ningún secreto que muchos Galaxy con Exynos del pasado acabaron con fama de calentarse más y recortar rendimiento antes que sus equivalentes con Snapdragon. Sesiones largas de juego, uso intensivo del 5G, brillo alto en pantalla y grabación prolongada de vídeo en 4K u 8K eran precisamente los escenarios en los que los modelos Exynos quedaban retratados. Incluso si el Exynos 2600 supone un salto real en este apartado, lanzar el chip a lo loco en todo el mundo sería jugar con fuego: bastarían unas cuantas comparativas virales para empañar la imagen de toda la familia Galaxy S26.
El tercer factor es puramente industrial: la eficiencia de la producción. Cuando Samsung pasó el Exynos 2600 a modo de fabricación en volumen usando el nuevo proceso de 2 nm GAA, en los pasillos de la industria se hablaba de yields en torno al 50%. Traducido: aproximadamente la mitad de los chips producidos no se pueden usar en un producto final. Para un nodo tan avanzado es una mejora respecto a los primeros pasos en 3 nm GAA, pero sigue lejos de ser ideal para alimentar un lanzamiento global de millones de unidades. Con yields tan ajustados se disparan los costes, se complica asegurar stock y se vuelve muy arriesgado coordinar un estreno simultáneo en decenas de países.
2 nm GAA, Heat Pass Block y FOWLP: el nuevo arsenal de Exynos
Para evitar repetir errores del pasado, Samsung está actuando en varios frentes al mismo tiempo: proceso de fabricación, diseño térmico y empaquetado. Una de las grandes novedades es la tecnología Heat Pass Block, un canal de alta conductividad térmica integrado dentro del propio chip que funciona como un minidisipador interno. Directivos de la compañía hablan de reducciones de temperatura de hasta un 30% en ciertos escenarios de carga. En el día a día, eso debería traducirse en menos throttling agresivo, mayor rendimiento sostenido y menos caídas de fps cuando CPU, GPU y NPU trabajan a tope.
El otro pilar técnico es el empaquetado Fan-out Wafer Level Packaging (FOWLP), que Samsung ya había estrenado en el Exynos 2400 y que ahora gana protagonismo con el 2600. Al prescindir del sustrato orgánico tradicional y redistribuir las conexiones de otra forma, se acortan las rutas de señal, se mejora la integridad eléctrica y se facilita la evacuación del calor. Para el usuario esto se puede traducir en móviles más delgados, con menos calentones y una respuesta más estable en tareas pesadas. Eso sí, todo este refinamiento también hace el proceso de fabricación más delicado, otro motivo por el que Samsung prefiere validar primero el conjunto en un entorno controlado como el mercado coreano.
En conjunto, el Exynos 2600 se parece más a un reinicio de la saga que a una simple actualización generacional: nuevo nodo, nuevas técnicas de refrigeración y un empaquetado más ambicioso. Pero en lugar de lanzarse a por todos los mercados a la vez, Samsung opta por un despliegue medido. En Corea puede trabajar de cerca con operadoras, servicios técnicos y usuarios avanzados, recoger métricas reales, afinar firmware y tantear los límites del chip antes de exponerlo al escrutinio global.
El peso del acuerdo con Qualcomm
Aun suponiendo que el Exynos 2600 cumpla en seguridad, temperatura y rendimiento, hay un cuarto elemento que condiciona su expansión: el contrato con Qualcomm. Distintos informes señalan que Samsung se ha comprometido a utilizar el chip tope de gama de Qualcomm –en esta generación, el Snapdragon 8 Elite Gen 5– en aproximadamente el 75% de los envíos de la serie Galaxy S. Para Samsung, eso significa suministro estable y precios negociados; para Qualcomm, garantiza una presencia dominante en el segmento premium Android.
Si Samsung intentara elevar demasiado la cuota de Exynos por encima de lo que permite ese acuerdo, se arriesgaría a penalizaciones contractuales y a tensar la relación con un socio clave. La consecuencia práctica es clara: incluso un Exynos 2600 brillante no podría desplazar al Snapdragon como corazón mayoritario del Galaxy S26. Su papel se queda acotado a lo estratégico: ser escaparate de la capacidad de Samsung como diseñador y fabricante de chips, pero empezando por casa.
Qué significa todo esto para quien piensa comprar un Galaxy S26
Para los usuarios coreanos, el Galaxy S26 con Exynos 2600 será el gran banco de pruebas: allí se verá primero si las promesas de eficiencia a 2 nm, Heat Pass Block y FOWLP se traducen en una experiencia realmente distinta. Juegos, cámara, conectividad 5G, funciones de IA… todo se pondrá a prueba en ese mercado antes que en ningún otro. En regiones como Europa, América Latina, Estados Unidos o India, el panorama será mucho más sencillo de explicar: casi todas las unidades llegarán con Snapdragon 8 Elite Gen 5, con un perfil de rendimiento y autonomía que ya resulta familiar de generaciones anteriores.
A nivel estratégico, el Exynos 2600 no parece un experimento aislado, sino el primer paso de una operación de limpieza de imagen de la marca Exynos. Si Samsung consigue demostrar en su propio terreno que los viejos fantasmas de vulnerabilidades, calentones y yields desastrosos han quedado atrás, tendrá más fuerza para renegociar condiciones con Qualcomm y para empujar un hipotético Exynos 2700 hacia un despliegue mucho más global. Hasta entonces, el equilibrio será claro: dentro de Corea, Exynos 2600 como símbolo de ambición tecnológica; fuera, Snapdragon 8 Elite Gen 5 como cara visible y fiable de la familia Galaxy S26.
En el fondo, la historia del Exynos 2600 muestra que la batalla por el trono de los smartphones ya no se decide solo en nanómetros y benchmarks. Pesan tanto o más los contratos, los riesgos de fabricación, la seguridad y la confianza de la comunidad. El nuevo Exynos es la oportunidad de Samsung para volver a ser tomada en serio como diseñadora de su propio silicio, pero ese camino hacia la conquista global empieza, deliberadamente, muy cerca de casa.