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«No me etiquetes en tu smut»: Aerith, Briana White y los límites del fandom de Final Fantasy 7

por ytools
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Si llevas años metido en el fandom de Final Fantasy 7, ya lo sabes: Aerith no es solo un personaje, es casi una religión. Hay memes, edits, fanfics, fanarts preciosos y, cómo no, toneladas de contenido subido de tono.
«No me etiquetes en tu smut»: Aerith, Briana White y los límites del fandom de Final Fantasy 7
Todo eso forma parte del ecosistema de internet. Pero para Briana White, la actriz que pone voz a Aerith en inglés, hubo un punto en el que decidió decir basta: el problema no es que exista smut, sino que se lo tiren directamente a la cara a los actores en redes sociales.

La conversación volvió a encenderse cuando Rei Ami, actriz que interpreta a Zoey en KPop: Demon Hunters, se topó con fanfics adultos sobre su personaje y lo comentó públicamente. En cuestión de horas, X (antes Twitter) hizo lo que mejor sabe hacer: dividirse en bandos. Unos reaccionaron con el típico «bienvenida a internet», otros hablaron de acoso, fetichización y respeto básico. Entre quienes estaban siguiendo el hilo estaba Briana White, que decidió intervenir con un mensaje muy claro: normalicemos no etiquetar a los actores de voz en material sexualizado de sus personajes.

White no se puso en plan cruzada moral. No dijo que el smut deba desaparecer, ni que los fans tengan que comportarse como si internet fuera una biblioteca silenciosa. Al contrario, dejó entrever que entiende perfectamente que el fandom es caótico, apasionado y a veces bastante horny. Su punto no era prohibir, sino marcar una frontera: el consentimiento. Una cosa es que exista fanart erótico en un rincón del fandom y otra muy distinta es meterlo a la fuerza en la bandeja de notificaciones de alguien que solo quería agradecer el apoyo de los fans.

La actriz reconoce que, desde que es la voz de Aerith, ha visto prácticamente de todo: tributos emocionales, ilustraciones preciosas, teorías locas… y también cosas que le resultan incómodas. Ella intenta esquivar lo más explícito, pero los algoritmos y los retuits hacen su trabajo. Cuando además alguien la etiqueta directamente bajo una imagen NSFW de Aerith, deja de ser «algo por ahí en internet» y se convierte en alguien empujándole una fantasía sexual en primera fila. Y eso, insiste, tiene que ver con consentimiento, no con censura.

Algunas personas respondieron que en el caso de Rei Ami fue ella misma quien fue a buscar el contenido. White admitió que su comentario no encajaba al cien por cien con esa situación concreta y matizó que no estaba criticando a Ami. Pero mantuvo su tesis: el hecho de que el contenido exista no te da barra libre para lanzárselo encima a cualquiera, y menos a quien de entrada no lo ha pedido.

Para quienes llevan décadas conectados, nada de esto es nuevo. Desde los tiempos de foros cutres, chats IRC y DeviantArt, los fans sexualizan personajes de videojuegos, anime, cómics y lo que se les cruce. De ahí viene la famosa Regla 34: si existe, hay porno de ello. Y no es algo exclusivo de «tíos raros», participa gente de todos los géneros e identidades. Esa parte del fandom no va a desaparecer porque un actor tuitee que se siente incómodo.

La diferencia está en cómo se maneja. Hacer fanfic +18 o ilustraciones explícitas y compartirlas en un server privado, en una cuenta claramente marcada como NSFW o en espacios consensuados es una cosa. Pegar ese mismo dibujo en las respuestas de un actor y etiquetarlo es otra completamente distinta. El clásico criterio funciona bastante bien: si no te atreverías a enseñarle eso a alguien cara a cara sin preguntar primero, quizá tampoco deberías metérselo en el feed a un desconocido.

Otro argumento recurrente es que «si eres figura pública, te aguantas». Según esa lógica, cualquiera que tenga cierta fama se convierte automáticamente en punching ball de internet. White, sin ponerse solemne, viene a decir que no: tener seguidores no cancela tu derecho a poner límites. Que haya personas sufriendo acoso mucho más grave no convierte el envío de contenido sexual no solicitado en algo aceptable. No es una competición de quién lo pasa peor.

Hoy por hoy, Briana White está totalmente asociada a Final Fantasy 7. Desde el remake de 2020, pasando por Crisis Core: Final Fantasy 7 Reunion, Final Fantasy 7 Rebirth y otros proyectos relacionados, su voz se ha vuelto inseparable de Aerith. Resultado: el algoritmo le sirve contenido de FF7 todos los días, lo quiera o no. En ese contexto, pedir a los fans que no añadan de forma deliberada fanart explícito a ese tsunami no es puritanismo, es una forma mínima de autocuidado.

Y no se trata solo de ella. El mundo gamer arrastra desde hace años la fama de comunidad tóxica e infantil. Cada vez que se viraliza un caso de este tipo, se refuerza la imagen de un público incapaz de respetar límites básicos. Eso tiene consecuencias muy reales: actores y actrices pueden decidir que no merece la pena meterse en proyectos basados en videojuegos si el peaje es lidiar con montajes porno de su personaje en los mensajes privados.

Lo complicado es que no existe una solución sencilla. Borrar todo el contenido adulto de la red es imposible, y el único escenario en el que algo así se acercaría a realidad se parece demasiado a un estado de vigilancia masiva que nadie en su sano juicio debería desear. Lo que sí se puede cambiar es la cultura del fandom: mejores filtros, sistemas de bloqueo que funcionen y, sobre todo, comunidades dispuestas a señalar cuando alguien cruza la línea y confunde «libertad» con faltarle al respeto a otra persona.

Como si todo esto no fuera suficiente, ya asoma otro problema en el horizonte: las voces generadas por inteligencia artificial. Cada vez es más fácil clonar una voz a partir de unas cuantas líneas grabadas. Eso abre la puerta a que alguien tome diálogos de Aerith en el remake, entrene una IA y haga que el personaje diga lo que sea, incluidos monólogos sexuales, sin que Briana participe ni cobre ni pueda detenerlo. Algunos fans ya temen que, a la larga, estudios como Square Enix opten por voces sintéticas precisamente para evitar lidiar con estos conflictos humanos, lo que abriría un debate mucho más grande sobre derechos de imagen y de voz.

Mientras tanto, Briana White sigue haciendo su trabajo. Volverá como Aerith en la tercera y última entrega de la trilogía de remakes de Final Fantasy 7, que, según el director Naoki Hamaguchi, buscará mantener todo lo importante del viaje original, pero con un ritmo más ágil y pensado. Y quizá ahí está la metáfora perfecta para esta polémica: el fandom también necesita pulir su ritmo. La pasión, las teorías y hasta el smut van a seguir ahí. Lo que se pide no es que desaparezcan, sino que no atropellen a las personas reales que hacen posibles esos mundos de fantasía.

2 comentarios

DevDude007 January 23, 2026 - 1:50 pm

internet sin smut no va a pasar nunca, pero mínimo déjalo en tu rincón NSFW y no en la notificación de alguien que ni te conoce

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viver January 26, 2026 - 3:50 pm

la única forma de borrar todo eso sería un internet hipercontrolado estilo China, y espero que nadie quiera eso… así que toca usar neuronas y respeto

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