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Las 72 horas que sacudieron a Apple: el éxodo de ejecutivos y la batalla por el talento en IA

por ytools
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Las 72 horas que sacudieron a Apple: el éxodo de ejecutivos y la batalla por el talento en IA

Las 72 horas que sacudieron a Apple: salidas en cadena, presión por la IA y la guerra por el talento

Cambios en la cúpula pasan en cualquier gran corporación, pero lo que acaba de vivir Apple en unas 72 horas se siente diferente. En ese breve lapso, cuatro ejecutivos de primera línea, encargados de áreas clave como inteligencia artificial, diseño de interfaces, asuntos legales y sostenibilidad, anunciaron su salida o pusieron fecha a su despedida. En plena carrera global por la IA, donde cada gigante quiere demostrar que va al mando, esta secuencia dejó de parecer un simple ajuste interno para convertirse en una pregunta incómoda: ¿se está reordenando Apple para una nueva etapa o está perdiendo, silenciosamente, la batalla por los mejores cerebros?

El efecto dominó arrancó con John Giannandrea, hasta ahora el gran responsable de IA y aprendizaje automático dentro de Apple. Bajo su paraguas se intentó hacer que los servicios de la compañía fueran más inteligentes sin romper con la obsesión por la privacidad. Su silla será ocupada por Amar Subramanya, fichado desde Microsoft, un jugador que lleva meses empujando fuerte con Copilot y su alianza con OpenAI. Sobre el papel es solo un cambio de nombre, pero en la práctica suena a reconocimiento: Apple quiere a alguien acostumbrado a convertir modelos en funciones visibles, no solo a diseñar sistemas elegantes que casi nadie ve.

Golpe al corazón del diseño de Apple

Cuando aún se hablaba de ese relevo, llegó otro anuncio que tocó una fibra sensible para los fans de la marca: el diseño. Alan Dye, jefe de Human Interface Design, se marcha a Meta. Si has usado un iPhone X, has girado la muñeca para consultar watchOS o has jugado con la Dynamic Island de los iPhone recientes, llevas años viviendo con el trabajo de su equipo. También está detrás del efecto de “vidrio líquido” que da personalidad a las últimas versiones de iOS y de la interfaz del Vision Pro, que intenta enseñarnos a interactuar con ventanas y objetos flotando en el espacio y no solo pegados a una pantalla plana.

Perder a Dye no es simplemente ver a un directivo cambiar de camiseta. Significa que un paquete enorme de conocimiento sobre cómo piensan, tocan y miran la pantalla cientos de millones de usuarios deja de ser exclusivo de Cupertino y pasa a reforzar los experimentos de Meta en realidad mixta. Que las próximas gafas o cascos rivales se sientan “un poco más Apple” ya no parece tan descabellado.

El frente silencioso: legal y sostenibilidad también se mueven

Al mismo tiempo, dos áreas mucho menos vistosas, pero igual de decisivas, entran en modo transición. Apple ha confirmado que su consejera general, Kat Adams, y la vicepresidenta de Medio Ambiente, Políticas Públicas e Iniciativas Sociales, Lisa Jackson, también dejan la empresa. Jackson, que se convirtió en la cara visible de la agenda verde de Apple y de las promesas sobre reducción de emisiones en la cadena de suministro, saldrá en enero de 2026. Adams asumirá temporalmente parte de sus funciones, pero en marzo de 2026 cederá el puesto de consejera general a Jennifer Newstead y, más tarde, abandonará ella misma el barco.

Sobre un cronograma la secuencia parece perfectamente ordenada, casi quirúrgica. Pero vista desde fuera refuerza la sensación de una ola que lo arrastra todo. Y, sin embargo, son precisamente estos cargos los que marcan el tono de la relación de Apple con el mundo real: el área legal decide cómo pelea frente a reguladores, demandas antimonopolio y leyes de privacidad; el área ambiental y social define de dónde salen los materiales del hipotético iPhone Air, qué se exige a los proveedores y cuán creíble es el discurso de empresa “responsable”. Cambiar a la vez estas piezas, justo cuando la compañía promete empapar de IA su catálogo, indica que no solo está redefiniendo lo que harán sus productos, sino también bajo qué reglas se van a mover.

OpenAI, Jony Ive y la fuga de ingenieros

En paralelo a los titulares sobre ejecutivos, se cuece algo quizá más preocupante: una fuga constante de ingenieros y diseñadores del núcleo duro de hardware e interfaces de Apple. Muchos están recayendo en el estudio de Jony Ive, el legendario creador de la estética del iPod, el iPhone y el MacBook, que ahora trabaja codo con codo con OpenAI en un dispositivo del que ya se habla como posible “asesino del iPhone”. Informes del sector hablan de unas cuarenta personas procedentes de Apple que se habrían sumado a ese proyecto en cuestión de semanas.

Entre los nombres mencionados aparecen Matt Theobald, especialista en diseño de fabricación; Cyrus Daniel Irani, figura destacada del área de human interface; y Abidur Chowdhury, un joven diseñador ligado al concepto del iPhone Air ultraligero. Para ese perfil de talento, el sueño ya no es tanto figurar en las diapositivas del próximo iPhone “S”, sino estar en la primera línea del primer dispositivo realmente nativo en IA, pensado desde el chip hasta la interfaz para convivir con modelos generativos las 24 horas.

Puestas todas las piezas sobre la mesa –las cuatro salidas de alto nivel y el goteo de ingenieros hacia proyectos rivales– cuesta seguir hablando de simple rotación interna. Más bien parece que el centro de gravedad se está desplazando: Cupertino ya no es el único imán, y hoy compite por talento con Microsoft, Meta, OpenAI y la propia firma de Ive. Y, a veces, pierde.

¿Crisis, relevo generacional o un poco de cada?

En redes y foros, las lecturas van de un extremo al otro. Hay quien ve la lista de nombres y sentencia que Apple “está acabada”, que no se puede sustituir tanta experiencia sin diluir ese perfeccionismo obsesivo que hizo icónicos a sus productos. Otros responden con bastante ironía: si te pasas años jugando a ser prudente con la IA, no te sorprendas cuando OpenAI, Microsoft y compañía lleguen con cheques gigantes y se lleven a tus mejores perfiles.

En medio de la discusión aparece incluso una especie de chiste recurrente con los «Steins y Baums», como caricatura de la nueva generación de directivos fríos y de Excel en mano, que supuestamente ya estaban esperando en el pasillo a que quedaran libres las oficinas de la vieja guardia. En esa versión, lo que vemos no es un terremoto inesperado, sino una limpieza atrasada.

La realidad, probablemente, está a medio camino. Históricamente, Apple ha sido muy buena formando líderes desde dentro: gente que conoce la cultura, el proceso y la obsesión por los detalles antes de saltar al escenario. Cada salida de peso abre hueco a perfiles más jóvenes, nativos de un mundo de modelos de lenguaje, aprendizaje profundo e interfaces espaciales, pero aún marcados por la escuela Apple. El riesgo es que esa nueva hornada llegue con visiones ligeramente distintas sobre qué debe ser la compañía: ¿una empresa de hardware con algo de IA encima, o una plataforma de IA envuelta en buen hardware?

¿Y qué significa todo esto para quien usa iPhone y Mac?

Para el usuario medio, mañana todo seguirá igual. El iPhone de siempre seguirá encendiendo, el Mac seguirá arrancando, y las grandes novedades de IA probablemente llegarán de forma gradual, con el típico enfoque de Apple de hacerlo casi invisible y, siempre que sea posible, procesando datos en el propio dispositivo. El impacto real de estas 72 horas frenéticas se medirá dentro de dos o tres generaciones de producto.

Si la nueva camada directiva logra convertir la gigantesca base instalada de iPhone, Mac y wearables en un ecosistema realmente tejido alrededor de la IA, miraremos atrás y diremos que este caos fue el precio de una renovación necesaria. Si no, habrá quien señale estos días como el momento en el que Apple empezó a ceder el futuro de los dispositivos personales a antiguos empleados y competidores más rápidos. Lo único seguro es que la Apple lenta y previsible de la última década ya no existe: ahora tiene que bailar al ritmo de los titulares sobre IA y de ofertas millonarias para sus mejores ingenieros.

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