La nueva colaboración entre TAG Heuer y Fragment Design no es simplemente “otra edición limitada” que se pierde en el catálogo. Es un reloj pensado para generar conversación. 
El TAG Heuer Carrera Chronograph x Fragment Limited Edition toma el ya reconocible Carrera Glassbox de 39 mm y lo convierte en un objeto casi arquitectónico: monocromático, agresivamente minimalista y con un pie en la relojería clásica y el otro en el universo del streetwear y la cultura sneaker.
No es la primera vez que estas dos marcas se cruzan. Desde 2018, Hiroshi Fujiwara y su equipo en Fragment han ido reinterpretando referencias de Carrera y Formula 1 con una mezcla curiosa: respeto por la historia de Heuer y una estética limpia, casi gráfica, muy propia del mundo de la moda urbana japonesa
. Esta nueva versión vuelve a partir del Carrera Glassbox, pero lleva el concepto más lejos que nunca: menos elementos, más textura, más contraste y una decisión clara de priorizar el impacto visual sobre la decoración tradicional.
Caja y silueta Glassbox: familiar por fuera, distinta en presencia
Sobre el papel, la caja es la de un Carrera moderno de manual. Acero inoxidable, 39 mm de diámetro, asas angulosas que caen con decisión, grandes pulsadores tipo pistón y una corona contundente. 
Los biseles pulidos en los cantos y los chaflanes amplios en los laterales recuerdan que, por mucho que el reloj se vista de “pieza de diseño”, sigue siendo un producto de alta gama con acabados cuidados.
Pero lo que realmente define la personalidad del reloj es el cristal. En lugar de un bisel convencional, el Carrera x Fragment utiliza el famoso cristal de zafiro tipo Glassbox: una cúpula que ocupa toda la parte superior de la caja, de borde a borde. Visto de perfil, el conjunto parece una pequeña cápsula retrofuturista. El dial, hundido bajo ese domo, genera la sensación de que el tiempo está atrapado justo debajo del vidrio, listo para explotar en reflejos. Es un diseño con claras raíces en los años sesenta, pero redibujado con líneas mucho más duras y contemporáneas.
En la trasera encontramos un fondo de zafiro atornillado, con el doble rayo de Fragment impreso sobre el cristal. La resistencia al agua se mantiene en 100 metros, más que suficiente para el día a día, aunque casi nadie va a comprarse esta pieza para irse de baño con ella. En términos de construcción, el reloj sigue siendo un cronógrafo deportivo serio, aunque el discurso estético apunte a algo más conceptual.
Un dial minimalista que divide a los aficionados
Es en la esfera donde este Carrera se vuelve realmente polémico. TAG Heuer y Fragment han decidido “desnudar” el diseño al máximo. Desaparecen los clásicos índices aplicados en metal; en su lugar, aparecen pequeños cuadrados gris claro impresos, que marcan las horas casi en susurros. A simple vista, el dial se percibe como una gran superficie negra mate perforada por tres registros. Sólo cuando te acercas captas esos puntos discretos que te dicen dónde estás en la hora.
Sobre ese fondo tan controlado, las agujas principales destacan todavía más. Los clásicos bastones pulidos del Carrera, con sus cantos bien definidos, flotan sobre la superficie mate como pequeños fragmentos de metal bruñido. Cada giro de muñeca hace que atrapen la luz, mientras el resto del dial la absorbe. Es un juego entre brillo y sombra que no busca nostalgia, sino presencia.
Los tres subdiales, por su parte, son el punto donde muchos entusiastas levantan la ceja. Adiós a los números, adiós a las marcas contundentes: sólo quedan escalas finas en gris muy pálido. Se puede leer el cronógrafo, sí, pero ya no es esa lectura inmediata que uno asocia a un reloj herramienta. Para quien usa el cronógrafo de verdad, cronometrando series, vueltas o tiempos de trabajo, esto puede resultar frustrante. Para quien compra el reloj por lo que representa en la muñeca, la limpieza visual es justamente lo que le da encanto. Es el eterno debate entre legibilidad y estilo, y aquí el diseño gana claramente la partida.
La fecha también se convierte en elemento de diseño. En vez de aparecer discretamente a las seis, sube hasta las doce en punto, alineada con el eje vertical del logo. El marco, en negro mate, casi se funde con la esfera, y el disco de fecha oculta un pequeño guiño: en determinados días, el icono del rayo de Fragment sustituye al número. No es una complicación, pero sí una forma de meter personalidad en un detalle que suele pasar desapercibido.
Anillo de capítulo, texturas y el falso bisel blanco
El anillo doble que rodea el dial, una seña de identidad del Carrera contemporáneo, juega un papel clave en este diseño. La parte exterior se ha ejecutado en un blanco mate y granuloso, mientras que el interior se mantiene oscuro
. El efecto es el de un “bisel interno” blanco que vive bajo el cristal, encuadrando toda la información central. Visualmente, el dial parece algo más compacto, y la transición entre negro y blanco añade profundidad sin necesidad de recurrir a brillos o colores.
En ese anillo blanco vive la escala taquimétrica. Está ahí, completa, pero impresa en un tono plateado tan suave que, según la luz, casi desaparece. Técnicamente, puedes usarla; en la práctica, está más cerca de ser una referencia histórica que una herramienta cotidiana. De nuevo, el mensaje es claro: la prioridad no es medir velocidades en circuito, sino construir una composición gráfica coherente.
En cuanto a las superficies, TAG Heuer ha sido sorprendentemente coherente. Tanto el plano principal de la esfera como los registros están tratados con la misma textura gruesa, casi “de hormigón”. No hay satinado radial, no hay guilloché, no hay juegos de luz dentro de los subdiales. Todo parece tallado de una sola pieza. Este enfoque, que recuerda más a la arquitectura brutalista que a la relojería decorada al estilo clásico, hace que los pocos elementos brillantes –agujas, cantos, logos– destaquen aún más.
Calibre TH20-00: mecánica seria detrás de la estética
Detrás de ese look de “reloj de diseño”, la mecánica no se queda corta. En el interior late el TH20-00, un calibre de cronógrafo de manufactura, desarrollado por TAG Heuer para equipar sus Carreras modernos. Funciona a 28.800 alternancias por hora (4 Hz) y ofrece una reserva de marcha cercana a las 80 horas. En términos prácticos, puedes dejar el reloj el viernes en la mesa y encontrarlo todavía vivo el lunes por la mañana.
El cronógrafo se controla por rueda de pilares y embrague vertical, la combinación que los aficionados suelen asociar a movimientos de gama alta: pulsación nítida en los botones, arranque suave de la trotadora central sin saltos bruscos, y una sensación general de precisión mecánica que se agradece incluso si rara vez usas la función. Es un recordatorio de que, por mucho que el reloj juegue con códigos de moda, por dentro sigue siendo un instrumento serio.
A través del fondo transparente se aprecia un lenguaje de acabados que mezcla lo industrial con lo clásico. La gran platina vista luce amplias franjas de Côtes de Genève, mientras que otras zonas se mantienen más limpias y técnicas. El rotor en forma de escudo, típico de TAG Heuer, está esqueletado y recibe un tratamiento gráfico en negro que enlaza con la firma Fragment en el cristal. La rueda de pilares, que en otros modelos aparece pintada de azul o rojo, aquí se deja en metal pulido, como si incluso el corazón del cronógrafo tuviera que obedecer a la paleta blanco y negro.
Brazalete y presencia en la muñeca
El brazalete es otro de los elementos donde se nota la mano del diseño. TAG Heuer parte de su pulsera de siete eslabones para el Carrera, una reinterpretación moderna y angulosa de los antiguos “granos de arroz”. En la edición Fragment, el truco está en el eslabón central: una pieza estrecha y ligeramente elevada que recibe un recubrimiento negro. El resultado es una especie de franja oscura que recorre el reloj de arriba abajo y rompe visualmente la masa de acero.
En la muñeca, el conjunto transmite una sensación curiosa. El diámetro de 39 mm lo hace muy ponible para casi cualquier muñeca, pero el cristal alto y el anillo blanco interno hacen que el reloj parezca más grueso de lo que indican las cifras. Algunos lo describirán como un pequeño “puck” metálico, compacto y contundente a la vez. Lo cierto es que, entre el borde blanco bajo el cristal y la línea negra en el brazalete, es el típico reloj que se reconoce al vuelo desde el otro lado de la mesa.
Precio, público objetivo y la duda de siempre: ¿envejecerá bien?
Con una producción limitada a 500 unidades y un precio oficial en torno a los 8.150 francos suizos, el TAG Heuer Carrera Chronograph x Fragment Limited Edition no pretende ser el cronógrafo lógico de entrada. Se dirige a un grupo muy concreto: coleccionistas que conocen la historia de TAG Heuer, siguen el trabajo de Hiroshi Fujiwara, y ven la muñeca como una extensión de su estilo personal tanto como un soporte para un movimiento mecánico.
Eso, por supuesto, alimenta el debate. Hay quien mira la ficha técnica, compara con otros cronógrafos de precio similar, y concluye que aquí se paga una buena parte de la factura por el logo de Fragment y por el aura de colaboración “cool”. Otros ponen en la balanza el calibre de manufactura, la tirada limitada, la coherencia del lenguaje de diseño y el hecho de que se trate de un objeto que, te guste o no, no pasa desapercibido. En un mercado saturado de relojes correctos pero olvidables, no es un argumento menor.
La otra pregunta inevitable es si este diseño seguirá funcionando dentro de diez o quince años. Los críticos piensan que el minimalismo extremo, los subdiales casi vacíos y el sabor a “fashion watch” terminarán delatándolo como hijo de una época muy concreta, dominada por las collabs y la cultura del hype. Los defensores creen exactamente lo contrario: que esa radicalidad le dará personalidad con el tiempo y que, cuando el polvo se asiente, se leerá como un testimonio muy claro de lo que era la relojería colaborativa en los años 2020.
Veredicto: un Carrera que no se queda en el medio
El TAG Heuer Carrera Chronograph x Fragment Limited Edition no es un reloj de consenso. No intenta dar gusto a todos, ni maquillar su apuesta por el diseño con falsas excusas funcionales. Tiene un buen motor dentro, especificaciones sólidas y una ejecución cuidada, pero el verdadero mensaje está en la esfera, el cristal y el brazalete. Para algunos será un cronógrafo carísimo y poco legible que acabará olvidado en la caja. Para otros, será una de las propuestas más interesantes de la línea Glassbox, precisamente porque asume riesgos donde otros se limitan a cambiar colores.
Si concibes el cronógrafo como herramienta pura, probablemente mires este modelo con cierto escepticismo. Si, en cambio, te interesan las piezas que cuentan algo sobre la cultura de su momento, que se cruzan con el mundo de la moda y del arte gráfico, es muy posible que este Carrera x Fragment te parezca exactamente lo que promete ser: un statement en la muñeca, más cercano a una portada de revista que a un instrumento de laboratorio. Y, nos guste o no, ese tipo de relojes son los que terminan protagonizando las conversaciones años después.
1 comentario
Le han pelado tanto la esfera que el ojo se queda sin referencias. Unas marcas un pelín más claras en los subdiales no le habrían hecho daño