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Ace Jewelers x Fears Brunswick 38 De Stijl: arte moderno y relojería independiente en la muñeca

por ytools
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Ace Jewelers x Fears Brunswick 38 De Stijl: arte moderno y relojería independiente en la muñeca

Una obra de arte en 38 mm: así es el Ace Jewelers x Fears Brunswick 38 De Stijl

Cuando una casa relojera celebra aniversario, lo habitual es ver un color nuevo en el mismo modelo de siempre, una inscripción en la tapa trasera y tal vez una caja especial. Ace Jewelers, sin embargo, decidió cerrar su 50 aniversario en 2025 con bastante más actitud
Ace Jewelers x Fears Brunswick 38 De Stijl: arte moderno y relojería independiente en la muñeca
. En lugar de otra edición conmemorativa tímida, el distribuidor de Ámsterdam se alió con la histórica firma británica Fears para crear el Ace Jewelers x Fears Brunswick 38 De Stijl: una serie limitada de solo 50 piezas que convierte el lenguaje visual del movimiento holandés De Stijl en un reloj de pulsera con mucha opinión.

No es la primera vez que Ace mira hacia Mondrian y compañía. En 2017 ya había lanzado el Ace x Nomos Orion 100 Years De Stijl, una colaboración contenida, donde los guiños al movimiento se escondían en índices y pequeños detalles de la esfera.
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Aquello era un susurro; el nuevo Brunswick 38 De Stijl es un grito controlado. Aquí todo el frontal se convierte en un lienzo geométrico, y las horas se camuflan dentro de un mosaico de líneas y bloques de color que no pide permiso para llamar la atención.

El mensaje es claro: este no es un reloj pensado para gustar a todo el mundo. Es un guiño directo a la parte de la afición que ya tiene suficientes relojes sobrios en la caja y que busca algo capaz de generar conversación en el grupo de WhatsApp, en el foro o en la barra del bar.

De Stijl en la muñeca: de la vanguardia holandesa al reloj de diario

Para entender por qué este tema funciona tan bien en un reloj, conviene recordar qué fue exactamente De Stijl. A comienzos del siglo XX, un grupo de artistas y arquitectos holandeses quiso reducir el arte a una especie de lenguaje universal: solo líneas verticales y horizontales, solo rectángulos y cuadrados, y una paleta reducida al mínimo, con rojo, azul y amarillo como protagonistas, apoyados por blanco, negro y gris
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. Piet Mondrian se convirtió en la cara más visible de ese movimiento, con cuadros que hoy son tan reconocibles como cualquier logo famoso.

Lo curioso es que la mayoría de la gente reconoce la estética De Stijl sin saber su nombre. Esos cuadros con rejillas negras y bloques primarios han terminado en muebles, en moda, en portadas de discos, en interiores de hoteles y hasta en zapatillas. Verlos ahora destilados en un círculo de 38 milímetros no deja de ser una continuación lógica: el reloj es, al final, un pequeño cartel que consultamos de reojo muchas veces al día.

La pregunta complicada es cómo combinar ese estilo radicalmente abstracto con algo tan concreto como dar la hora. Muchos relojes de corte artístico sacrifican la función por el espectáculo; el Ace x Fears Brunswick 38 De Stijl intenta no caer en esa trampa. La esfera es claramente un ejercicio de diseño, pero detrás hay un esfuerzo serio por mantener una lectura razonable del tiempo.

El lienzo perfecto: el Brunswick 38 como base

Debajo del despliegue de color hay un reloj muy pensado. Fears escogió como punto de partida su modelo más icónico, el Brunswick 38, que en los últimos años se ha convertido en la cara moderna de la marca. Su caja tipo cushion, algo así como un cuadrado suavizado, le da personalidad sin volverse estridente.
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Está realizada en acero inoxidable 316L, con alternancia de superficies cepilladas y pulidas, y transmite esa sensación de reloj serio incluso antes de girarlo en la mano.

Las medidas están en el punto dulce del mercado actual: 38 mm de diámetro y 11,69 mm de grosor incluyendo el cristal de zafiro abombado que corona la parte frontal. En la práctica, eso significa que la pieza tiene presencia, pero no se come la muñeca. La longitud de asa a asa es de 48 mm, más que aceptable incluso para muñecas finas, y el ancho entre asas de 20 mm facilita cambiar la correa por cualquier opción estándar, desde cuero más clásico hasta una NATO que enfatice alguno de los colores de la esfera.

La resistencia al agua de 100 metros es un detalle que se agradece en este tipo de reloj. Nadie va a usar una esfera inspirada en Mondrian como herramienta de buceo, pero saber que puede sobrevivir a lluvia, piscina o una ducha accidental sin dramas hace que apetezca más sacarlo de casa. A diferencia de los Brunswick 38 estándar, que pueden pedirse con fondo ciego o visto, esta edición Ace x Fears llega siempre con trasera de zafiro. En el aro metálico se graba el número de cada pieza dentro de la tirada de 50, dejando claro desde el primer vistazo que no estamos ante otro simple cambio de color.

Calibre suizo de cuerda manual: La Joux-Perret D100 al descubierto

Si le damos la vuelta, el protagonismo pasa del arte a la mecánica
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. A través del cristal vemos el calibre La Joux-Perret D100, un movimiento de cuerda manual que toma como base el clásico ETA/Peseux 7001, muy querido por pequeños fabricantes por su delgadez y fiabilidad. En esta versión modernizada mantiene el espíritu minimalista: solo horas, minutos y un pequeño segundero descentrado.

En el De Stijl, ese pequeño segundero se integra en un gran bloque azul situado en la mitad inferior de la esfera, un detalle que demuestra que el diseño no solo se ha superpuesto al reloj, sino que se ha pensado de forma conjunta. El volante late a 21.600 alternancias por hora (3 Hz) y la reserva de marcha ronda las 50 horas, suficiente para dejar el reloj en la mesilla el viernes y encontrarlo vivo el domingo por la tarde.

El acabado del D100 es limpio y contemporáneo. Hay puentes bien definidos, biseles cuidados y superficies trabajadas con gusto, pero sin la teatralidad de algunos movimientos más barrocos. Se nota que la intención es que el calibre se vea y se disfrute, pero sin robar el foco al espectáculo que ocurre en el lado de la esfera. Además, al tratarse de un movimiento de cuerda manual, el acto de darle cuerda cada mañana encaja muy bien con el aura de pieza de autor: no es solo ajustar la hora, es literalmente dar vida a un pequeño cuadro de De Stijl que llevamos en la muñeca.

Una esfera rompecabezas: arte que también da la hora

La verdadera función protagonista está en la parte delantera. A primera vista, el Brunswick 38 De Stijl parece un fragmento de galería de arte: una cuadrícula de líneas negras que divide la esfera en rectángulos y cuadrados de tamaños distintos, algunos blancos o grises, otros bañados en rojo, amarillo, azul o negro. Parece caótico, pero no lo es. Cada trazo y cada bloque han sido colocados con intención.

El gran rectángulo azul ya mencionado no es solo un golpe de color, sino el hogar del pequeño segundero. A su alrededor, las zonas negras desempeñan un papel oculto: sus esquinas están alineadas con las posiciones en las que normalmente encontraríamos índices horarios. En vez de números o barras aplicadas, el ojo se guía por ángulos y encuentros de líneas. Tras un par de días de uso, el cerebro empieza a completar el puzzle casi sin darse cuenta y leer la hora se vuelve más natural de lo que uno imaginaría al ver la pieza por primera vez.

Eso no significa que sea un reloj de legibilidad ejemplar. Aquí no hay escala de minutos, ni marcadores finos para cronometrar el espresso. El Brunswick 38 De Stijl se mueve en el terreno del tiempo aproximado: y cinco, y diez, casi y media, falta poco para en punto. Para algunos, eso es pecado mortal; para otros, es un recordatorio de que, en la era del smartphone, no todo en la muñeca tiene que ser milimétrico. Lo interesante es que, a diferencia de otros relojes de inspiración artística donde directamente se renuncia a la función, aquí hay un esfuerzo real por encontrar un equilibrio entre poesía y utilidad.

Lo que dice la comunidad: amor, odio y precio

Como era de esperar, las primeras fotos de la colaboración encendieron los comentarios. Entre quienes suelen apreciar a Fears por su sobriedad y estética muy británica, más de uno ha levantado la ceja: para ese público, el Zifferblatt De Stijl es demasiado ruidoso, demasiado recargado, demasiado lejos de la elegancia contenida que asocian con el Brunswick. Hay quien asegura que le fascina verlo en pantalla, pero que no se lo imagina aguantando meses en la muñeca sin acabar cansado.

El precio también entra en la discusión. Con un PVP de 3.400 euros sin impuestos, en torno a 3.940 dólares en el momento del lanzamiento, nadie puede acusar al Ace Jewelers x Fears Brunswick 38 De Stijl de ser una compra impulsiva. Los más críticos subrayan que, por ese dinero, se llevan un tres agujas sin fecha, sin minutero impreso y con una legibilidad que, siendo amables, es intermedia. Para ellos, cualquier reloj que necesite un pequeño esquema explicativo para entender cómo se lee la hora parte con desventaja.

En el otro extremo están quienes ven en este modelo justo lo que echaban de menos: algo diferente, con carácter y que no parezca una variación más del mismo reloj de siempre. Para esos coleccionistas, el hecho de que la esfera requiera un poco de aprendizaje es parte del encanto. Algunos comparan la paleta y la energía con ciertas esferas coloridas de Rolex o con esmaltes vintage, aunque reconocen que aquí no se copia nada concreto, sino que se construye un lenguaje propio. Y muchos coinciden en un punto: puede que no sea el reloj para todos los días, pero pocas piezas te arrancan una sonrisa tan rápido cada vez que miras la muñeca.

La filosofía de Ace Jewelers: colaborar para tener voz propia

El Brunswick 38 De Stijl encaja en una línea de trabajo que Ace Jewelers lleva años cultivando. Lejos de ser un simple distribuidor que vende lo que las marcas envían, la casa de Ámsterdam ha convertido las colaboraciones en una especie de tarjeta de presentación. Ha habido Nomos Metro con esferas naranja intensas, proyectos con Christopher Ward que juegan con tipografía hebrea y otras ediciones especiales que exploran distintas facetas del diseño y de la cultura holandesa.

Un elemento clave en esta estrategia es la política de precios. Ace insiste en que sus colaboraciones no deben convertirse en excusa para inflar tarifas. En la práctica, eso significa que el Brunswick 38 De Stijl se sitúa en la misma franja que otros Brunswick 38 comparables con el mismo calibre, en lugar de añadir un sobreprecio solo porque es limitado. Para el comprador es un mensaje claro: se paga por el diseño, por la historia y por la exclusividad razonable de 50 piezas, no por una etiqueta de marketing colgando del armis.

Para Fears, a su vez, estas colaboraciones funcionan como laboratorio creativo. Permiten experimentar con ideas que quizá no encajarían en el catálogo permanente, sin sacrificar la coherencia de la línea principal. El resultado ideal es un triple win: Ace refuerza su identidad de curador entusiasta, Fears explora territorios nuevos sin perder su ADN y los coleccionistas consiguen relojes que no verán repetidos en cada escaparate.

¿Para quién es este reloj?

Sería engañoso presentar el Ace x Fears Brunswick 38 De Stijl como el reloj perfecto para todo. Quien busque una única pieza para bodas, oficina, montaña y playa probablemente encontrará opciones más neutrales.
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Este Fears es, por diseño, un reloj con personalidad fuerte, que pide rotación. Es el tipo de pieza que uno elige a propósito por la mañana porque sabe que ese día le apetece llevar algo distinto, no el reloj que se coge sin mirar de la mesilla.

Dentro de una colección, en cambio, el encaje es mucho más natural. Junto a un diver de acero, un cronógrafo vintage y un dress watch clásico, el Brunswick 38 De Stijl asume el rol de reloj de estado de ánimo: el que se pone cuando apetece un punto de color y conversación asegurada. Desde esa perspectiva, el precio deja de compararse solo con la ficha técnica y empieza a leerse también como entrada a una pieza que mezcla horología independiente, historia del diseño y un relato muy concreto sobre cómo celebrar 50 años de negocio.

Conclusión: un mini museo De Stijl en la muñeca

El Ace Jewelers x Fears Brunswick 38 De Stijl no pretende ser un reloj de consenso, y ahí reside gran parte de su interés. En lugar de otra edición de aniversario con logotipo extra y ligero cambio de tono, Ace y Fears se han atrevido a lanzar una pieza que obliga a posicionarse: o te encanta, o no es para ti. Lo importante es que nadie se queda indiferente.

Técnicamente, el reloj está bien armado, con un movimiento suizo serio, una caja bien proporcionada y especificaciones pensadas para un uso real. Estéticamente, lleva el lenguaje de De Stijl a la muñeca de forma honesta, sin caer en la caricatura, incluso a costa de sacrificar algo de función. Y, como objeto cultural, resume en unos pocos centímetros de metal y color la historia de un retailer apasionado, una marca británica renacida y un movimiento artístico que sigue pareciendo moderno un siglo después. Te guste o no, esta pequeña edición de 50 piezas ha logrado exactamente lo que debería conseguir una buena colaboración: dar de qué hablar.

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