Aetina está sacando la arquitectura NVIDIA Blackwell del data center y llevándola directamente al borde de la red, donde se generan los datos: fábricas, trenes, robots, cámaras inteligentes y equipos médicos. 
La compañía ha presentado una nueva familia de módulos gráficos en formato MXM pensados para edge AI, PCs industriales y sistemas embebidos, que escala hasta una configuración RTX PRO 5000 Blackwell con 24 GB de memoria GDDR7. En la práctica, hablamos de potencia de estación de trabajo en un módulo compacto y reemplazable, listo para vivir en cajas fanless o chasis sellados donde una tarjeta de escritorio tradicional simplemente no cabe.
La familia Blackwell debutó en marzo de 2025 en forma de tarjetas RTX PRO para workstations de sobremesa y portátiles, con la RTX PRO 6000 en la parte alta del segmento torre y la RTX PRO 5000 como buque insignia móvil. Aquellas soluciones iban dirigidas sobre todo a ingenieros, creadores de contenido y perfiles de data science. Con la gama MXM 3.1 de Aetina, el mismo silicio se adapta ahora a escenarios muy diferentes: controladores industriales, visión artificial en líneas de producción, sistemas ferroviarios, equipamiento médico o soluciones de defensa, donde tamaño, consumo, vibraciones y temperatura importan tanto como los teraflops.
El catálogo de Aetina incluye varios peldaños: el MX500B-QA basado en el RTX PRO 500 Blackwell, el MX2000B-VA con RTX PRO 2000 Blackwell, el MX4000B-WA con RTX PRO 4000 Blackwell y, en lo más alto, el módulo MX5000B-XA con GPU NVIDIA GB203. Este último ofrece 10 496 núcleos CUDA y 24 GB de GDDR7 unidos a un bus de 256 bits que alcanza hasta 896 GB/s de ancho de banda. El TDP se puede configurar entre 95 y 175 W según las necesidades del integrador, lo que permite exprimir al máximo el rendimiento o, al contrario, ajustarse a presupuestos térmicos y energéticos muy estrictos.
En cifras de cálculo, el RTX PRO 5000 Blackwell en formato MXM llega hasta 1 824 TOPS de IA y alrededor de 49,8 TFLOPS en precisión simple FP32. Frente a la generación anterior, NVIDIA habla de una mejora cercana al doble en muchas cargas de trabajo de inteligencia artificial a igualdad de consumo. Parte de la ventaja viene del soporte a formatos de datos como FP4 y de unos núcleos tensoriales optimizados para transformadores y modelos de última generación. A esto se suma todo el ecosistema RTX, con tecnologías como DLSS 4 y un stack de ray tracing listo para aplicaciones que mezclan simulación, gráficos en tiempo real y análisis en el borde.
Sin embargo, en el mundo industrial, los benchmarks no lo son todo. Lo que suele decidir una compra es si el equipo aguantará años en servicio continuo. Por eso Aetina subraya el carácter robusto de sus módulos Blackwell MXM: rango de temperatura de funcionamiento de -40 °C a +85 °C, recubrimiento conformal para proteger frente a humedad y polvo, y puntos de anclaje reforzados para soportar golpes y vibraciones constantes. Son características pensadas para armarios eléctricos en planta, vehículos en movimiento, instalaciones exteriores o salas sin climatización, donde el hardware vive muy lejos de las condiciones ideales de una oficina.
Para acompañar el hardware, el fabricante ofrece también carrier boards y kits de expansión MXM que permiten montar los módulos en un PC estándar mediante una ranura PCIe Gen4 x16. De este modo, los desarrolladores pueden validar rendimiento, disipación, integración de drivers y stack de software en un entorno familiar antes de comprometerse con un diseño embebido a medida. Aetina no es la única que ve potencial en este formato: ADLINK ya lista módulos MXM con RTX PRO 500 Blackwell para aplicaciones de edge y anuncia variantes más potentes como próximamente disponibles, señal de que empieza a formarse un pequeño ecosistema Blackwell MXM orientado a la industria.
La otra cara del formato MXM es, como siempre, el precio. Técnicamente es una solución elegante y muy atractiva para equipos modulares y portátiles reparables, pero históricamente los módulos MXM han sido bastante más caros que una tarjeta gráfica de escritorio equivalente. En muchos casos el coste puede duplicar el de una GPU convencional, lo que hace difícil justificar su uso en montajes domésticos o proyectos de aficionados. Por muy tentador que suene montar un mini PC gaming con un RTX PRO 5000 MXM, ni el posicionamiento ni la estructura de precios están pensados para ese público.
La llegada de estos módulos también deja claro hacia dónde mira NVIDIA. Mientras una parte de la comunidad gamer discute si una gráfica de gama media con 8 GB de VRAM sigue teniendo sentido, el mercado industrial está recibiendo soluciones compactas con 24 GB de GDDR7, amplio margen térmico y capacidades de inferencia que hace poco se asociaban solo con el data center. Para quien diseña sistemas de visión artificial, robótica, análisis de vídeo o automatización, cada vatio aprovechado y cada gigabyte adicional de memoria se traducen en menos latencia, decisiones más fiables y menor dependencia de la nube.
Con los módulos Blackwell MXM de Aetina y otros socios, los fabricantes de equipos disponen de una pieza clave para acercar la computación de alto rendimiento al lugar donde pasan las cosas: una cámara en la línea de producción, un tren en movimiento, un quirófano o una subestación eléctrica. La mayoría de los usuarios nunca verá un RTX PRO 5000 Blackwell MXM, pero es muy probable que este tipo de GPU discreta y silenciosa sea la que mantenga en marcha buena parte de la próxima generación de sistemas de edge AI y automatización industrial.
1 comentario
Yo feliz montaría un SFF con un Blackwell MXM de estos, pero luego ves el presupuesto y vuelves a tu GPU normal de escritorio jajaj