Quien pensaba que la tormenta de precios en tarjetas gráficas se estaba calmando, se ha llevado otra sorpresa: según varios canales de distribución en China, AMD se prepara para una nueva subida de precios en sus GPU Radeon. Y no, no es porque hayan metido más núcleos o un sistema de refrigeración futurista, sino por algo mucho menos vistoso y mucho más caro: la memoria. El coste de la GDDR y de otros tipos de DRAM se ha disparado, y lo que antes absorbían en silencio ensambladores y tiendas, ahora empieza a trasladarse directamente al bolsillo del jugador.
Ya en octubre se habló de un primer ajuste interno. 
Aquel incremento fue relativamente pequeño y muchos socios de AMD preferían sacrificar margen para que las Radeon no quedaran en ridículo frente a las alternativas de NVIDIA en la estantería. Esta vez la situación es distinta: distribuidores del mercado asiático hablan de una segunda subida más agresiva, ligada de forma directa al nuevo precio al que AMD compra la memoria. El aviso, según esas fuentes, afecta prácticamente a toda la gama, desde modelos pensados para 1080p y 1440p hasta tarjetas tope de gama para creadores, estaciones de trabajo y cargas de inteligencia artificial.
La memoria se convierte en el nuevo oro del hardware
Para entender por qué las GPU se encarecen, hay que salir un momento del mundo gaming y mirar al mercado de memoria. Después de varios años de exceso de stock, los grandes fabricantes de DRAM y NAND recortaron producción, vaciaron almacenes y se enfocaron en volver a ganar dinero con márgenes altos, no con volumen. Justo entonces explotó la fiebre por la IA: centros de datos, grandes nubes y startups de IA empezaron a firmar contratos enormes para asegurar HBM y GDDR de alta velocidad.
Cuando tienes clientes dispuestos a pagar lo que haga falta por memoria rápida, la prioridad se desplaza. El resultado es que los contratos para ciertos chips se han encarecido de forma muy notable, en algunos casos más del doble en cuestión de meses. Los fabricantes de GPU, como AMD, compran esa memoria mucho antes de que la tarjeta llegue a la tienda. Durante un tiempo, la subida se puede amortiguar con acuerdos antiguos y con stock ya pagado, pero tarde o temprano el nuevo coste base tiene que reflejarse en el precio final.
Las tarjetas que más sufren son, precisamente, las que los entusiastas miran con más ganas: las que llevan muchos gigas de VRAM. Una Radeon pensada para jugar en 4K, con ray tracing y proyectos de edición de vídeo, monta varios chips de GDDR. Si cada uno de esos chips cuesta bastante más, el impacto en el PVP se nota. Y en mercados donde además entran en juego el tipo de cambio, impuestos y márgenes de importación, una pequeña subida de fábrica puede convertirse en un salto mucho mayor en la etiqueta del comercio.
Presión en toda la industria y cansancio entre los jugadores
Es importante aclarar que AMD no está sola en este lío. NVIDIA negocia con los mismos proveedores de memoria y siente la misma presión en sus hojas de costes. No es casualidad que ya circulen rumores de que la próxima generación GeForce, a la que muchos se refieren como serie RTX 60, podría llegar en 2026 con precios ajustados al alza. Dicho de otra forma: cambiar de rojo a verde no es garantía de escapar del problema.
Entre la comunidad la reacción mezcla resignación y sarcasmo. Hay quien se burla de que subir precios cuando tu cuota de mercado ronda un dígito suena a chiste malo. Otros reinventan el nombre de la marca con juegos de palabras que sugieren avaricia y hablan de barco que se hunde. Y, en general, se repite la misma sensación: cuando hay excusa para subir, el aumento llega rápido; cuando el contexto mejora, las bajadas son tímidas o ni se ven. Muchos recuerdan cuánta pasta costaba una GPU de gama alta hace pocos años y comparan con lo que hoy se considera gama media alta, y el resultado no deja precisamente buen sabor de boca.
Qué significa todo esto para quien quiere actualizar la gráfica
Con este panorama, el usuario medio queda atrapado entre dos narrativas. Un grupo ve en estos anuncios de subida inminente una forma de crear miedo a quedarse fuera: comprar ahora o luego será peor. Otro grupo mira datos duros, desde gráficos de DRAM hasta precios en tiendas, y concluye que, más allá del marketing, el hardware de memoria se está encareciendo de verdad. No solo en GPU: también hay testimonios de kits de 32 GB de DDR5 que han pasado, en pocas semanas, de unos 180 a más de 220 euros, una señal clara de que la presión llega a todo el PC.
Quien sigue con una gráfica veterana se enfrenta a una decisión incómoda. Si compra ya, entra en un mercado inflado. Si espera, puede encontrarse con una nueva generación todavía más cara, especialmente si la serie RTX 60 y las futuras Radeon se lanzan con contratos de memoria ya al nuevo precio. Algunos usuarios están apostando por modelos de la generación anterior, que a veces ofrecen mejor relación rendimiento precio, o por el mercado de segunda mano, asumiendo el riesgo extra en garantía y desgaste.
¿Hay alguna luz al final del túnel de precios?
La respuesta honesta es que, a corto plazo, no parece haber milagros a la vista. Mientras los gigantes de la nube y los proyectos de IA sigan firmando cheques enormes por cada chip de memoria, los fabricantes tienen pocos incentivos para inundar el mercado con GDDR barata. Podría haber cierto respiro si se ponen en marcha nuevas líneas de producción o si el boom de la IA pincha con fuerza. Pero muchos analistas dudan de que volvamos pronto a aquella época en la que una GPU de gama alta costaba lo que hoy se paga por una tarjeta de gama media sólida.
En el fondo, tanto quienes prefieren Radeon como quienes no se bajan del tren GeForce están en la misma barca. La verdadera línea divisoria no es rojo contra verde, sino consumidores contra una cadena de suministro que ha descubierto que la memoria puede tratarse como una especie de petróleo digital. Hasta que el péndulo gire hacia un exceso de oferta, solo queda separar ofertas reales del humo, valorar fríamente generaciones anteriores y decidir si merece la pena actualizar ahora o exprimir un poco más el hardware que ya se tiene.