AMD ha aprovechado su Financial Analyst Day 2025 para mostrar algo más que un par de diapositivas bonitas: ha enseñado hacia dónde va realmente la familia Zen en los próximos años. En el centro del nuevo mapa de ruta aparecen dos nombres que vamos a escuchar mucho a partir de ahora, Zen 6 y Zen 7, pensados para cubrir desde grandes centros de datos hasta PCs de juego y portátiles delgados. 
Y, a diferencia de generaciones antiguas, el mensaje ya no es solo más rendimiento, sino más inteligencia y mucha más eficiencia.
La primera gran parada de este viaje es Zen 6, cuya llegada al mercado está prevista para 2026 y que se fabricará en el nodo de 2 nanómetros de TSMC. Ese salto de proceso no es un simple detalle técnico: una litografía tan fina permite colocar muchos más transistores en la misma superficie, lo que abre la puerta a más unidades de ejecución, caches más grandes, lógica de control más compleja y, al mismo tiempo, un consumo más contenido. En la práctica, significa que AMD puede exprimir más rendimiento por vatio, un factor crítico en servidores que funcionan 24 horas al día y en dispositivos móviles que dependen de la batería.
Zen 6 no será una arquitectura monolítica, sino una familia de núcleos con perfiles distintos. Por un lado estarán los núcleos Zen 6 pensados para máxima potencia, dirigidos a estaciones de trabajo, sobremesas de gama alta y servidores con foco en rendimiento bruto. Por otro lado, las variantes Zen 6C priorizarán la densidad y la eficiencia, con más núcleos por socket y un consumo más ajustado, algo ideal para nubes públicas, hosting masivo y microservicios. Esta flexibilidad permite a AMD diseñar productos muy diferentes, pero basados en la misma base tecnológica.
En el interior del núcleo también habrá cambios profundos. El frontend, responsable de tomar las instrucciones y alimentarlas al resto de la tubería, se refina para sostener más instrucciones por ciclo y reducir los cuellos de botella. Los algoritmos de predicción de saltos se vuelven más agresivos y precisos, lo que disminuye el coste de las ramas mal predichas. A esto se suman mejoras en la cantidad de operaciones que pueden ejecutarse en paralelo y una jerarquía de caché ajustada para reducir latencias. Todo ello se traduce en compilaciones más rápidas, aplicaciones más fluidas y un mejor comportamiento en escenarios muy cargados de hilos.
Donde el salto se nota especialmente es en el terreno de la inteligencia artificial. Zen 6 ampliará el soporte para nuevos tipos de datos usados en redes neuronales y aumentará el número de canalizaciones especializadas en este tipo de cálculos. Tareas como inferencia de modelos de lenguaje, análisis de imágenes o sistemas de recomendación podrán acelerarse directamente en el procesador, sin depender siempre de una GPU dedicada. Para servidores de borde, pequeñas empresas o portátiles profesionales, esta capacidad de ejecutar IA localmente y con buena eficiencia puede marcar una gran diferencia.
En cuanto a productos concretos, Zen 6 será el corazón de varias familias. En el mundo de los servidores llegará con la serie EPYC Venice, orientada a cargas de trabajo exigentes en centros de datos. En el escritorio, la arquitectura se materializará en Ryzen de próxima generación con nombre en clave Olympic Ridge, mientras que en el segmento portátil la apuesta se llamará Medusa Point. A grandes rasgos, Venice apunta a máximo rendimiento y escalabilidad, Olympic Ridge a PCs entusiastas y creativos, y Medusa Point a equipos móviles que necesiten combinar autonomía y potencia.
Uno de los pilares técnicos de EPYC Venice será la quinta generación de Infinity Fabric, la interconexión propia de AMD que une chiplets de CPU, controladores de memoria y otros bloques de silicio. Junto con un empaquetado en 2,5D y enlaces SerDes de 64 GB/s, la plataforma podrá ofrecer hasta 224 GB/s de ancho de banda bruto para comunicación interna. Esto es vital para mover con soltura grandes conjuntos de datos, desde bases de datos analíticas y motores de búsqueda hasta simulaciones científicas o entrenamiento de modelos de IA.
La historia no termina en la CPU. Los servidores Helios, construidos alrededor de EPYC Venice, combinarán estos procesadores con GPUs CDNA 5 de nueva generación, como la serie MI400, y con nuevas tarjetas de red inteligentes centradas en IA, los llamados AI NICs. El objetivo es que CPU, GPU y red trabajen como un bloque coherente y no como piezas aisladas. Así, los datos pueden viajar más rápido entre almacenamiento, memoria y aceleradores, y cada componente se especializa en aquello que mejor sabe hacer: la CPU coordina y procesa lógica, la GPU multiplica la potencia en matrices gigantes y la red reduce cuellos de botella entre nodos.
Mientras Zen 6 se encarga de establecer esta base, Zen 7 representa el siguiente salto. Esta futura arquitectura, prevista para alrededor de 2027, debutará en la línea EPYC Verano y utilizará un nodo de fabricación aún más avanzado, que AMD todavía no ha detallado públicamente. Más allá del proceso, el punto clave es que Zen 7 dará un paso más en la integración de IA, pasando de tener soporte ampliado a integrar bloques de hardware dedicados pensados específicamente para estas tareas.
La pieza central será un nuevo Matrix Engine, un motor especializado en operaciones matriciales y tensoriales, justamente el tipo de cálculo que domina en redes neuronales modernas. Combinado con soporte para nuevos formatos de datos compactos, diseñados para reducir el ancho de banda de memoria sin perder demasiada precisión, Zen 7 aspira a ofrecer mucha más potencia de inferencia por vatio directamente en la CPU. Eso abre la puerta a desplegar modelos de lenguaje grandes, sistemas de recomendación complejos o motores de búsqueda semántica en entornos donde antes era impensable hacerlo sin una granja de GPUs.
Por ahora AMD solo ha confirmado Zen 7 para el mundo servidor, pero la experiencia nos dice que buena parte de estas innovaciones suele filtrarse después a productos de consumo. No sería extraño ver, entre 2027 y 2028, nuevas generaciones de Ryzen de escritorio y portátiles que hereden parte de esta lógica de aceleración para IA, adaptada a TDP más bajos y a presupuestos más ajustados. Para jugadores, creadores de contenido y usuarios avanzados eso podría traducirse en aplicaciones más inteligentes, asistentes locales más capaces y un salto en rendimiento general sin disparar el consumo.
Si miramos el recorrido completo de la familia Zen, desde las primeras generaciones hasta las actuales, la línea es clara: más núcleos, más ancho de banda, más eficiencia y ahora más inteligencia. Zen 6 y Zen 7 encajan como los siguientes pasos lógicos, pero con un matiz importante. Ya no se trata solo de subir FPS o acelerar renders, sino de preparar la CPU para un futuro en el que casi todo software tendrá algún componente de IA. Con nodos de 2 nanómetros, nuevas técnicas de empaquetado, integración estrecha con GPUs CDNA y motores matriciales dedicados, AMD deja claro que quiere ser protagonista en esa nueva etapa de la informática.
1 comentario
Ese Matrix Engine en Zen 7 puede ser clave para modelos grandes sin tener que llenar el rack de GPUs