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Zenith Defy Extreme Lapis Lazuli: el cronógrafo azul y dorado que no admite términos medios

por ytools
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En un momento en el que casi todas las marcas parecen obsesionadas con volver a los diámetros contenidos, los tonos arena y la moda del llamado «quiet luxury», Zenith se presenta en Dubai Watch Week 2025 con algo que va justo en la dirección contraria. El Zenith Defy Extreme Lapis Lazuli no quiere ser discreto, ni parecer una reedición vintage bien educada. Es un cronógrafo gigante de 45 mm, bicolor, lleno de aristas, con superficies de acero pulido a espejo, acentos de oro amarillo y cuatro subesferas de lapislázuli que gritan lujo desde el otro lado de la sala.
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Y debajo de todo ese espectáculo visual late uno de los calibres más extremos de la relojería moderna, capaz de medir centésimas de segundo. Era inevitable: la pieza ha dividido a los aficionados desde el minuto uno.

La familia Defy Extreme nació precisamente para eso: para ser el laboratorio de Zenith cuando la marca quiere pisar el acelerador sin mirar atrás
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. Mientras otras casas viven casi exclusivamente de reeditar sus iconos de los años sesenta y setenta, el Defy Extreme apuesta por cajas sobredimensionadas, arquitecturas casi futuristas, materiales poco habituales y combinaciones de color que coquetean sin complejos con el territorio de Hublot. Ya habíamos visto versiones tipo jungla, modelos de carbono, ediciones completamente espejadas. La versión Lapis Lazuli mantiene esa filosofía, pero la canaliza hacia un territorio más opulento y teatral, menos reloj herramienta y más pieza de vitrina pensada para la era del móvil.

Diseño y proporciones: un reloj que no sabe pasar desapercibido

Sobre el papel no hay trampa: 45 mm de diámetro, unos 15,4 mm de grosor y asas integradas que estiran todavía más la huella del reloj en la muñeca.
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En un puño pequeño, el Defy Extreme Lapis Lazuli parece casi una nave espacial; en una muñeca grande, se convierte en un trofeo azul y dorado imposible de ignorar. Lo interesante es que el tamaño no es simplemente exceso por exceso. Zenith aprovecha cada milímetro para construir un volumen complejo, que parte de un cuerpo central octogonal, suma un anillo interior circular y remata con un bisel dodecagonal sujeto por tornillos visibles.

Los protectores de corona y pulsadores forman un bloque macizo a la derecha, que recoge los ángulos de la caja y da al conjunto una sensación muy de superdeportivo, más cercana al lenguaje de un hipercoche que a la de un cronógrafo de carreras clásico. No hay líneas suaves ni nostalgia aquí: el mensaje es abiertamente contemporáneo, casi agresivo.

La construcción bicolor refuerza ese impacto. El núcleo de la caja, el aro superior y el fondo son de acero, mientras que el bisel exterior y las protecciones laterales de la corona son de oro amarillo. En lugar de seguir la receta típica de acero satinado y oro brillante, Zenith decide jugar al revés: el oro aparece con un acabado arenado, muy mate, apenas enmarcado por finos biseles pulidos, mientras que el acero se lleva todo el protagonismo del brillo. Las amplias superficies planas son completamente pulidas, de modo que el reloj funciona casi como un espejo facetado en la muñeca
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. Es espectacular, es difícil de fotografiar y, para quien busca discreción, es sencillamente demasiado.

Acabado, sensación en mano y resistencia

Los detractores del modelo ven precisamente en esta combinación de tamaño, brillo y ángulos pronunciados la materialización de todo aquello que no les gusta de la relojería contemporánea: la sombra de los años más polémicos de Zenith bajo Thierry Nataf, cierto parentesco con relojes de centro comercial sobredimensionados y una actitud de mira qué reloj llevo que no admite medias tintas. Sus defensores, en cambio, agradecen que la marca se atreva a experimentar en lugar de sacar otra reinterpretación tímida de un diseño de archivo.

En mano, lo que queda claro es que, más allá de la estética, el trabajo de caja es serio. Las aristas están bien definidas, los pulidos son limpios, las transiciones entre oro arenado y acero espejo son precisas. El fondo roscado incorpora un cristal de zafiro que permite ver el calibre, y la corona roscada ayuda a alcanzar una hermeticidad de 200 metros. Es decir, bajo el espectáculo hay un reloj deportivo real, más capaz en términos de resistencia al agua que muchos cronógrafos que se venden como relojes de vestir versátiles. Difícilmente alguien se lo llevará a hacer submarinismo, pero aguantar piscina, lluvia y mar no será ningún problema.

El peso se nota; no estamos ante un reloj de titanio ultraligero. Pero las asas caen bien hacia abajo, abrazando la muñeca, y la construcción integrada hace que el Defy Extreme Lapis Lazuli se asiente con más estabilidad de la que sus cifras sugieren. No es un reloj que se olvide, sino un objeto que siempre te recuerda que está ahí, algo que, para el tipo de cliente al que va dirigido, probablemente es parte del encanto.

Lapislázuli en el dial: piedra real sobre un escenario esqueleto

Si el cuerpo de la pieza es una declaración de diseño industrial, el dial es una declaración de lujo. Como otros Defy Extreme, esta versión prescinde de una esfera convencional y apuesta por una construcción esqueletizada, donde se ven puentes, ruedas y barriletes formando una especie de paisaje mecánico. Sobre ese paisaje se apoyan cuatro discos de lapislázuli perfectamente pulidos, que actúan como subesferas: contador de minutos del cronógrafo a las tres, contador de segundos del cronógrafo a las seis, pequeño segundero a las nueve e indicador de reserva de marcha a las doce.

El lapislázuli ha ido ganando presencia en la relojería de alta gama en los últimos años, y no por casualidad. Su azul profundo, casi eléctrico, salpicado de manchas irregulares y destellos dorados de pirita, remite a joyas antiguas, a pigmentos utilizados en obras de arte históricas e incluso a la estética de los faraones. No todo lapislázuli es igual, y aquí se nota que Zenith ha sido exigente con la selección: las placas muestran una tonalidad rica, sin zonas lechosas, con suficiente cantidad de inclusiones metálicas para que el material tenga vida y no parezca simplemente pintado.

Los índices facetados y las agujas tipo paleta, en tono dorado, recogen esa chispa y construyen una paleta azul y oro que funciona desde hace siglos porque proyecta poder, riqueza y cierta solemnidad.
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Lo interesante es ver cómo esa combinación clásica convive con un contexto de diseño tan futurista como el del Defy Extreme. En lugar de parecer un reloj antiguo disfrazado de moderno, el resultado se siente más bien como una pieza contemporánea que ha decidido apropiarse de códigos de lujo muy antiguos.

Ahora bien, no todos están convencidos de cómo se ha aplicado la piedra. En un reloj tan grande, muchos aficionados soñaban con un dial casi completo de lapislázuli, dejando abiertas sólo las ventanas imprescindibles para mostrar la mecánica. Al fragmentar el material en cuatro pequeñas islas circulares, Zenith consigue un efecto más sutil, pero también más discutido: de lejos, el ojo se va antes a la estructura esqueletizada y a las superficies metálicas que al azul de la piedra. Hay quien sostiene que un esmalte azul intenso habría logrado un impacto similar en fotos, sin los compromisos que implica trabajar con una piedra natural.

Legibilidad y uso real: más amigable de lo que parece, con matices

Las esferas esqueletizadas suelen ser sinónimo de mala legibilidad, pero aquí la Zenith ha hecho los deberes
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. Las agujas centrales de horas y minutos son anchas, con buen contraste frente al fondo oscuro del movimiento, y van acompañadas de un anillo perimetral con índices aplicados y una escala clara de minutos y segundos. Consultar la hora no requiere esfuerzo extra, incluso en situaciones de poca luz, siempre que uno acepte que hay mucha información visual compitiendo por atención.

Donde sí hay curva de aprendizaje es en el uso del cronógrafo. El layout se aparta algo de los esquemas más clásicos, y las diferentes funciones comparten protagonismo con la reserva de marcha a las doce. Al principio es normal dudar un segundo sobre qué subesfera está midiendo qué: la de las tres para los minutos cronometrados, la de las seis para los segundos del cronógrafo, la de las nueve para los segundos de marcha normal. Una vez interiorizado, el sistema funciona, pero no es el típico cronógrafo de lectura instantánea al que cualquiera se adapta en diez segundos.

El indicador de reserva de marcha es muy sobrio, casi minimalista, pero aporta información útil en un calibre que, como veremos, puede consumir energía con bastante rapidez cuando el cronógrafo se usa de forma intensiva. En algunas unidades de prueba se han visto pequeños fallos en esta indicación, detalle que recuerda que un movimiento tan complejo siempre exige ajustes finos incluso después de su lanzamiento.

El Primero 9004: la mecánica llevada al límite

En el corazón del Defy Extreme Lapis Lazuli está la razón por la que muchos coleccionistas miran la pieza con respeto, aunque el diseño no sea de su gusto. El calibre El Primero 9004 es un cronógrafo automático de alta frecuencia con doble órgano regulador. La parte encargada de marcar la hora funciona a las 36.000 alternancias por hora, la frecuencia histórica de la familia El Primero, que permite una aguja de segundos más fluida y, en teoría, mayor precisión que los estándares de 28.800 alternancias.

El verdadero espectáculo, sin embargo, está en el tren del cronógrafo. En lugar de compartir el mismo escape, el cronógrafo tiene el suyo propio, que late a 360.000 alternancias por hora, es decir, cien veces por segundo.
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Esa cifra se traduce de manera inmediata en la experiencia visual: al pulsar el botón de inicio, la aguja central del cronógrafo se lanza y da una vuelta completa al dial en exactamente un segundo, mientras la escala perimetral permite leer tiempos a la centésima. Es hipnótico de ver, una especie de demostración de laboratorio en la muñeca.

La trasera de zafiro deja entrever la estructura escalonada del movimiento, con un gran puente oscurecido que cubre parte de la mecánica y deja a la vista el rotor esqueletizado y elementos clave de los dos escapes. No es el tipo de calibre pensado para quedarse escondido detrás de un fondo ciego; aquí, la arquitectura del movimiento forma parte del relato tanto como la precisión que pueda ofrecer.

Por supuesto, este nivel de rendimiento tiene un coste energético. Zenith anuncia una reserva de marcha en torno a las 50 horas para el lado de la hora, pero si se deja el cronógrafo corriendo de manera continua, el consumo se dispara y la reserva se reduce a ritmos que recuerdan más a un coche deportivo que a un utilitario. Y esa, en realidad, es la mejor metáfora del 9004: no está diseñado para cronometrar la pasta todos los días, sino para ser ese motor que uno arranca, escucha, enseña y luego vuelve a guardar.

Correas y brazalete: tres personalidades en una sola referencia

Para subrayar lo camaleónica que puede resultar una misma caja, Zenith entrega el Defy Extreme Lapis Lazuli con tres opciones de sujeción, todas con sistema de cambio rápido. La más llamativa es el brazalete de acero totalmente pulido, con eslabones en forma de H. Con él, la pieza se convierte en un bloque continuo de metal brillante, casi un brazalete de armadura. Es la configuración más exagerada y la que menos perdona a muñecas pequeñas, pero también la que exprime al máximo el concepto Extreme.

En el extremo opuesto está una correa textil negra con cierre de tipo velcro, que empuja el reloj hacia un lenguaje más táctico, casi militar
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. El contraste entre el lujo del lapislázuli y del oro, y la practicidad del velcro, atrae a algunos coleccionistas y deja fríos a otros, que ven en esa combinación algo forzado. La tercera vía, y la que probablemente se verá más a menudo en la calle, es la correa de caucho negra integrada con cierre desplegable.

Esta correa reproduce la geometría del brazalete en su relieve, pero aporta flexibilidad, comodidad y un punto de sobriedad que el conjunto agradece. El ajuste fino se hace con los clásicos agujeros, mientras que el cierre de doble pulsador facilita la tarea de poner y quitar un reloj voluminoso. Es también la opción que ha generado debates más acalorados: hay quien considera casi un sacrilegio combinar un dial de piedra digna de alta joyería con caucho negro, y quien argumenta que sin esa correa el Defy Extreme Lapis Lazuli dejaría de ser un reloj deportivo y se convertiría directamente en una joya rígida.

Precio, contexto y el lujo pensado para la pantalla

La parte menos digerible para muchos es el precio. El Zenith Defy Extreme Lapis Lazuli está limitado a 50 piezas y su precio oficial ronda los 33.900 dólares estadounidenses. A ese nivel ya no se compite con simples cronógrafos de acero, sino con relojes de oro macizo de marcas igualmente históricas, algunos con brazalete de oro incluido. Si uno mide el valor únicamente en gramos de metal precioso, el Zenith lo tiene difícil.

Pero la relojería de lujo de 2025 no funciona sólo a base de gramos. En un mercado en el que cada vez más compras empiezan en una foto de móvil, el impacto visual pesa casi tanto como la ficha técnica. Colores potentes, proporciones extremas y diseños que se reconocen en una fracción de segundo son armas clave para llamar la atención en un feed saturado.
Zenith Defy Extreme Lapis Lazuli: el cronógrafo azul y dorado que no admite términos medios
Un experto del sector comparaba recientemente este tipo de relojes con la moda de los pantalones extra anchos en pasarela: se sabe que favorecen a pocos cuerpos, pero generan conversación, se hacen virales y sirven de faro para el resto de la colección.

Zenith forma parte del grupo LVMH, rodeada de marcas de moda y joyería que juegan exactamente ese mismo juego en sus respectivas categorías. Desde esa perspectiva, el Defy Extreme Lapis Lazuli encaja perfectamente como reloj halo, pensado para brillar en ferias, generar titulares, dividir a la comunidad y, al final, acabar en las cajas fuertes de un número muy reducido de clientes que quieren algo más ruidoso que el típico deportivo integrado de acero. Para los puristas, es la confirmación de que la relojería se está alejando de la búsqueda de la línea intemporal. Para otros, simplemente es la forma en la que el lujo ha decidido adaptarse a tiempos hiperconectados.

Conclusión: para muñecas que disfrutan del exceso

El Zenith Defy Extreme Lapis Lazuli no va a reconciliar a quien ya estaba harto de cajas grandes, diales abiertos y precios en órbita. Es una pieza grande, pesada, visualmente saturada y cara, y no lo esconde. Si uno sueña con un El Primero delgado de 38 mm con estética clásica, este reloj representa prácticamente lo contrario.

Para otro tipo de coleccionista, sin embargo, es exactamente lo que tiene sentido en 2025. Técnicamente, el calibre El Primero 9004 sigue siendo uno de los cronógrafos automáticos más impresionantes que se pueden comprar de una marca de volumen. Estéticamente, la mezcla de lapislázuli, oro, acero pulido y una caja agresiva coloca al Defy Extreme Lapis Lazuli en un territorio en el que pocos se atreven a jugar. Se le pueden pedir mejoras: un dial que deje respirar más la piedra, una paleta de texturas menos recargada, una correa azul que dialogue mejor con el tema. Aun así, como radiografía de una época en la que espectáculo, escasez y narrativa pesan tanto como la ficha técnica, esta referencia de Zenith es difícil de ignorar.

Al final, es un reloj para quien disfruta del exceso controlado y se divierte provocando reacciones. En una terraza de Dubái, bajo luces de neón o en la cola del café del lunes, ese bloque azul y dorado va a atraer miradas, comentarios, risas y críticas. Y para un puñado de personas que pueden permitírselo, eso es precisamente lo que esperan de un reloj de lujo en pleno siglo veintiuno.

1 comentario

Interlude January 17, 2026 - 6:50 pm

Este reloj está totalmente loco y justo por eso me encanta 😂 Es un ladrillo cromado de 45 mm, el lapislázuli brilla y la aguja del crono da vueltas como si fuera un osciloscopio. Para mi muñeca pollo imposible, pero para pasear por el centro un sábado sería épico

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