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Android 16 y la multitarea 90:10: genial sobre el papel, casi invisible en el día a día

por ytools
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Android 16 ha estrenado una de esas funciones que encantan a los reviewers y pasan casi desapercibidas para la mayoría de los usuarios: el nuevo diseño de multitarea con pantalla dividida en proporción 90:10. Sobre el papel suena perfecto. Una app ocupa prácticamente todo el panel, mientras que la segunda vive en una franja estrecha en el lateral o en la parte superior. Tocas la ventanita pequeña y ambas cambian de sitio al instante.
Android 16 y la multitarea 90:10: genial sobre el papel, casi invisible en el día a día
Nada de pelearte con barras diminutas ni de redimensionar píxel por píxel. Es elegante, práctico y, en teoría, capaz de cambiar la forma en que usamos el móvil.

La idea, sin embargo, no salió de la nada. OnePlus ya había coqueteado con un enfoque similar a través de su concepto Open Canvas en algunos modelos plegables, donde las apps pueden quedar medio fuera de la pantalla y deslizarse dentro del área visible cuando las necesitas. Android 16 toma esa filosofía, la simplifica y la lleva al formato clásico de la mayoría de teléfonos: dos zonas claras, pero de tamaño muy distinto. El mensaje es bastante honesto: casi siempre tenemos una app principal en la que hacemos algo de verdad y una secundaria que solo consultamos de vez en cuando.

Lo curioso es que, incluso para usuarios avanzados, el 90:10 se convierte enseguida en un truco que se olvida. Lo pruebas un rato, te parece ingenioso, quizá se lo enseñas a alguien como si fuera un truco de magia, y en cuestión de horas vuelves a tu rutina de siempre: apps a pantalla completa y un gesto rápido para saltar de una a otra. Cuando preguntas a la gente si acostumbran a usar la pantalla dividida en el teléfono, las respuestas suelen ser variaciones de casi nunca, solo cuando la activo sin querer o ni siquiera sabía que mi móvil podía hacer eso.

Esa desconexión tiene una explicación bastante simple: por mucho que los fabricantes insistan en la palabra multitarea, el teléfono sigue siendo, en esencia, un dispositivo de tarea única. Hoy los paneles son enormes, los procesadores son una bestia y la memoria no es un problema, pero el contexto de uso no ha cambiado tanto. Usamos el móvil mientras caminamos, en el metro, en la cola del supermercado, en el sofá con la tele encendida de fondo. Intentar prestar atención real a dos cosas a la vez en una pantalla pequeña, rodeados de ruido y distracciones, es pedir demasiado.

En las presentaciones, eso sí, todo parece distinto. Allí ves documentos y notas conviviendo lado a lado, hojas de cálculo en la parte superior y correo electrónico debajo, navegación y videollamadas compartiendo espacio sin que nadie parezca forzar la vista. Android 16, con su propuesta 90:10, puede reproducir exactamente esa escena. La pregunta incómoda llega después: cuántas personas van a revisar una presentación, editar un informe o gestionar un presupuesto completo en la pantalla del teléfono, apoyadas en una barandilla del bus o sentadas de mala manera en un banco del parque.

Los pocos casos en los que de verdad queremos hacer varias cosas a la vez en el móvil ya están bastante bien resueltos por otros mecanismos. Si quieres ver un vídeo mientras respondes mensajes, el modo imagen en imagen convierte el reproductor en un cuadrito flotante. Si sigues una ruta en el mapa y necesitas abrir otra app, las indicaciones aparecen como una tarjeta sobre lo que estás haciendo. Controles de música, temporizadores, llamadas, grabadoras, recordatorios: casi todo se integra en notificaciones y capas flotantes que no te obligan a reordenar por completo la interfaz.

En ese contexto, la pantalla dividida 90:10 se siente muchas veces como un paso de más. Reservas de forma fija un trozo del panel para una app secundaria que quizá solo miras de vez en cuando, mientras tu app principal pierde espacio que agradecerías tener. Y encima hay que pasar por un ritual poco intuitivo: abrir la vista de apps recientes, tocar en el icono de la app, elegir la opción de pantalla dividida, seleccionar la segunda aplicación y después ajustar el divisor hasta que la proporción te convenza. Funciona, sí, pero transmite la sensación de estar configurando una función avanzada, no de estar usando algo natural del día a día.

En cambio, las ventanas flotantes y las capas contextuales encajan mejor con la forma en que realmente pensamos. No te sientas a reflexionar si quieres activar imagen en imagen; simplemente sales del vídeo y el sistema hace el resto. No elaboras una estrategia de diseño de pantalla antes de abrir el mapa; tocas en la alerta de navegación y listo. Es el sistema el que acomoda iconos, tarjetas y mini reproductores alrededor de lo que estés haciendo, sin obligarte a tomar decisiones de diseño cada vez que cambias de tarea.

Eso no quiere decir que el 90:10 sea una tontería. En determinados escenarios, el concepto cobra mucho sentido. Cuando colocas el teléfono en un soporte sobre el escritorio, lo conectas a un teclado bluetooth o trabajas con un modelo plegable en modo tipo tablet, el espacio disponible crece y el ritmo de uso cambia. Ya no estás mirando la pantalla dos segundos entre semáforo y semáforo, sino varios minutos seguidos. En ese contexto sí resulta lógico tener un navegador, un editor o una herramienta principal ocupando casi todo el panel, mientras un chat, el correo o una lista de tareas se mantienen anclados en una franja lateral siempre visible.

Ahí la pantalla dividida asimétrica empieza a parecerse más a un pequeño escritorio que a un truco de móvil. Un par de atajos de teclado o gestos bien pensados para cambiar el foco entre la app grande y la pequeña, y de repente respondes mensajes sin cerrar el documento, consultas métricas sin cerrar el panel de administración o sigues una videollamada sin perder de vista el guion en el que estás trabajando. Es fácil imaginar a usuarios profesionales sacando jugo a ese tipo de configuración.

Sin embargo, para el uso clásico de un teléfono en vertical, sostenido en una mano, esa misma función se percibe como algo bastante nicho. Puedes inventar escenarios simpáticos, claro: un partido en streaming en la franja estrecha mientras revisas estadísticas en el área principal, el seguimiento de un pedido de comida siempre a la vista mientras charlas con amigos, un grupo de trabajo abierto al lado de un texto largo. Son pequeños lujos, no una revolución. Las costumbres que hemos construido durante más de una década de smartphones siguen mandando: una app a la vez y un gesto rápido para saltar a la siguiente.

En ese sentido, el 90:10 de Android 16 también es una tarjeta de presentación frente a iOS. Android presume de tratar las apps casi como ventanas, de jugar con tamaños y proporciones, de ofrecer layouts que en un iPhone todavía no existen. Para entusiastas y usuarios avanzados eso es música para los oídos: abre caminos que antes eran incómodos o imposibles. Para la mayoría, en cambio, se queda en un extra enterrado en menús, algo que se ve un par de veces, se comenta en una conversación geek y después desaparece detrás de la rutina diaria.

Y quizá no pasa nada. No todas las funciones inteligentes están destinadas a convertirse en hábito masivo. La pantalla dividida 90:10 demuestra que Android sigue dispuesto a experimentar con el propio idioma de la interfaz, no solo a cambiar iconos o colores. Pero los grandes problemas de la vida móvil siguen siendo otros: notificaciones que no paran, interrupciones constantes, apps y servicios compitiendo por cada segundo de atención. Nada de eso se soluciona añadiendo una segunda ventana a un lado de la pantalla. Eso se aborda con mejores modos de concentración, con menos ruido y con decisiones de diseño que prioricen el descanso tanto como la productividad.

Hasta que llegue ese cambio de mentalidad, es muy probable que el guion sea el mismo: redescubrimos el 90:10 de vez en cuando, lo usamos unos días, lo enseñamos como demostración de que Android es más flexible que iOS, y poco a poco volvemos a lo de siempre. El móvil sigue siendo la herramienta para miradas rápidas, respuestas cortas y ratos de scroll infinito, no una estación de trabajo con dos ventanas permanentes. Quizá hagan falta pantallas realmente extensibles o gafas de realidad aumentada ligeras para que queramos convivir a diario con dos apps a la vez en el dispositivo más pequeño que tenemos. Mientras tanto, el 90:10 se queda como lo que es: una idea brillante, pero pensada para un público muy concreto.

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