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Apple, Microsoft y Google: la batalla por el cerebro de la próxima Siri

por ytools
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Apple lleva meses moviendo fichas en silencio en todo lo que tiene que ver con inteligencia artificial, pero el último giro ya no se puede camuflar como un simple ajuste interno. El histórico responsable de IA, John Giannandrea, se marcha de la compañía, y su silla pasa a manos de Amar Subramanya, un peso pesado que llega del equipo de IA de Microsoft.
Apple, Microsoft y Google: la batalla por el cerebro de la próxima Siri
Entrará como vicepresidente y responderá directamente a Craig Federighi, jefe de software de Apple. El mensaje es nítido: la IA deja de ser un extra simpático en el iPhone para convertirse en la capa esencial sobre la que se construyen iOS, macOS y el resto del ecosistema.

Para una empresa que se ha hecho famosa por cambiar las cosas despacio, sin giros bruscos y casi siempre en sus propios términos, este relevo equivale a admitir que la primera gran oleada de IA generativa la han ganado otros. Mientras el mundo probaba chatbots, copilotos y asistentes capaces de resumir documentos, escribir código o planificar viajes completos, Siri seguía atrapada en la imagen de asistente de «ayer»: útil para alarmas y comandos básicos, pero muy lejos de una conversación realmente inteligente.

Por qué la salida de Giannandrea es un antes y un después

Giannandrea llegó a Apple con fama de gurú de la búsqueda y el machine learning, y durante años fue la cara interna de la modernización de Siri y de los sistemas de IA. Bajo su paraguas nacieron muchas funciones que el usuario ni siquiera etiqueta como IA: mejoras en la cámara, sugerencias más acertadas, teclado más inteligente, procesamiento local de datos sensibles. Sin embargo, cuando explotó la moda de los modelos gigantes de lenguaje, quedó claro que Apple no estaba jugando en la misma liga que los líderes del sector.

Amar Subramanya hereda ahora un mapa de equipos muy fragmentado: unos se centran en modelos que corren directamente en el dispositivo, otros en modelos en la nube para Siri, otros en recomendaciones, accesibilidad o experiencia de usuario. Su reto será convertir ese puzzle en una estrategia coherente, sin romper el dogma de la casa: que la privacidad y el control de los datos del usuario no se negocian, ni siquiera a cambio de respuestas más espectaculares.

Siri se sube a Gemini: Apple apuesta por la IA de Google

El cambio de liderazgo llega, además, acompañado de una decisión que hace años habría parecido impensable: la Siri del futuro no se apoyará solo en modelos propios, sino en un modelo gigantesco de Google. Según los informes disponibles, Apple planea utilizar una versión personalizada de Gemini, con unos 1,2 billones de parámetros. Es un salto brutal si se compara con el modelo de alrededor de 1,5 mil millones de parámetros que la compañía usa actualmente en la parte en la nube de Siri.

Esa diferencia no es solo técnica, también es económica. Apple estaría dispuesta a pagar en torno a 1.000 millones de dólares al año por aprovechar la tecnología de Gemini. Y eso se suma a la factura ya conocida: alrededor de 20.000 millones de dólares anuales que Google paga a Apple para seguir siendo el motor de búsqueda por defecto en Safari y otros servicios. Son rivales en el escaparate, pero socios íntimos en la cuenta de resultados. Ahora, además de comprar búsquedas, Apple compra también cerebro de IA.

Para el usuario final, la promesa es clara: una Siri más conversacional, capaz de entender contexto, enlazar preguntas, resumir información y manejar tareas complejas sin colapsar ante la primera duda. El punto delicado será dónde se procesa qué: cuánto se hace en el propio iPhone y cuánto en centros de datos de Google, y cómo se explica eso a una base de usuarios acostumbrada a oír que todo se queda «en el dispositivo».

Fuga de cerebros hacia Jony Ive y OpenAI

Mientras alquila capacidad de IA a Google y ficha a un líder procedente de Microsoft, Apple ve cómo parte de su talento histórico hace las maletas. No se trata solo de perfiles de IA, sino de gente que definió el look & feel del iPhone y de otros productos. El estudio de diseño de Jony Ive, io, comprado recientemente por OpenAI, se ha convertido en un imán para ingenieros y diseñadores que antes defendían el logo de la manzana.

Distintas filtraciones apuntan a que OpenAI ha contratado en apenas unas semanas a unos 40 ingenieros de Apple. Entre los nombres que han trascendido están Matt Theobald, experto en diseño para fabricación, y Cyrus Daniel Irani, figura clave en diseño de interfaces humanas. Otro perfil llamativo es el de Abidur Chowdhury, una joven promesa relacionada internamente con el proyecto iPhone Air, que también ha abandonado Cupertino para unirse a una misteriosa startup de IA.

El objetivo conjunto de Ive y OpenAI suena casi a provocación: un dispositivo de bolsillo sin pantalla tradicional, pensado como «compañero» físico de modelos en la nube, algo así como un aspirante a matar el concepto clásico de smartphone que Apple inventó con el primer iPhone. Que parte del equipo que construyó ese icono se sume ahora al bando que quiere superarlo tiene un componente simbólico difícil de ignorar.

¿Puede Apple seguir marcando el ritmo de la industria?

El resultado de todo esto es una Apple en cruce de caminos. Por un lado, se abre a modelos externos, firma cheques gigantes y trae a Amar Subramanya para acelerar su estrategia de IA. Por otro, pierde veteranos y talento joven a la vez, justo cuando OpenAI y Jony Ive experimentan con formatos de dispositivo que podrían redefinir qué llevamos en el bolsillo dentro de unos años.

El futuro de la compañía en la era de la IA se jugará en cómo encajen todas estas piezas. Si la nueva Siri, impulsada por un Gemini adaptado pero envuelta en el clásico cuidado por la privacidad y el diseño de Apple, consigue ser realmente útil y fiable, la narrativa podría girar: Apple no habría llegado tarde, sino con un movimiento calculado. Si, en cambio, el asistente sigue siendo sinónimo de frustración mientras los ingenieros se van a la competencia, se impondrá otra lectura mucho menos amable: la de una Apple que paga a otros por la inteligencia que antes generaba dentro de casa.

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