¿Está Apple realmente quedándose atrás en la carrera de la inteligencia artificial, o simplemente está esperando el momento perfecto para sorprender a todos? Con el lanzamiento del iPhone 17, la compañía de Cupertino volvió a demostrar su maestría en diseño y hardware. Pero detrás del brillo del aluminio y las cámaras de última generación, hay una pregunta que no deja de rondar en el ambiente: ¿dónde está la verdadera apuesta de Apple por la IA? Mientras Google, Samsung y Microsoft compiten por quién lanza la función más llamativa, Apple parece caminar con un paso más lento – y eso tiene a muchos analistas divididos.
La inteligencia artificial ya no es una promesa del futuro, sino el presente de la tecnología. 
Google ha integrado Gemini profundamente en los Pixel, Samsung presume de Galaxy AI y Microsoft lleva su Copilot a cada rincón de Windows. Incluso marcas más pequeñas, como Nothing, se han asociado con OpenAI para incluir ChatGPT directamente en sus teléfonos. En medio de este frenesí, Apple parece mantener su calma característica, limitándose a mencionar su concepto de “Apple Intelligence”, del cual poco se ha visto en acción.
Para algunos, esa actitud es una señal de atraso. Google y Samsung ya permiten resumir artículos, reescribir correos o generar imágenes desde el móvil. Apple, mientras tanto, se centra en promesas de integración futura. Pero si algo ha demostrado su historia, es que la empresa prefiere llegar tarde y hacerlo bien antes que lanzarse con algo inacabado. El primer iPhone no fue el primer smartphone, pero redefinió el mercado. Lo mismo ocurrió con el iPad y el Apple Watch. Así que tal vez, más que lentitud, estamos viendo paciencia estratégica.
Sin embargo, esa paciencia tiene un precio. Se calcula que para 2031 más de mil millones de personas usarán herramientas de inteligencia artificial de forma regular. La generación Z ya confía en la IA: más de la mitad dice que la usa para tomar mejores decisiones. Si los consumidores del futuro esperan que su teléfono piense con ellos – y no solo para ellos – , Apple corre el riesgo de parecer anticuada si no acelera su desarrollo.
Hay otro factor clave: los datos. A diferencia de Google o Meta, Apple no recopila grandes volúmenes de información de los usuarios. Su enfoque en la privacidad es admirable, pero limita el entrenamiento de sus modelos de IA. Es como querer competir en una carrera con el freno de mano puesto: se puede avanzar, pero con más esfuerzo. Aun así, ese compromiso con la privacidad sigue siendo uno de los mayores activos de la marca y una razón por la que millones de usuarios siguen confiando en ella.
La competencia, claro, tampoco es perfecta. El Gemini de Google, por ejemplo, todavía comete errores absurdos y a veces responde con inseguridad o disculpas constantes. El Copilot de Microsoft puede resultar lento o inconsistente, y hasta ChatGPT – el más popular del momento – tiene días en los que simplemente “se inventa” información. En este contexto, la cautela de Apple puede no ser tan mala: en lugar de perseguir titulares, busca ofrecer algo que funcione sin frustraciones.
Pero la percepción importa, y ahí Apple tiene un problema. Durante años fue sinónimo de innovación. Hoy muchos la ven como una marca conservadora. Google impresiona con demos donde su asistente responde llamadas y edita fotos al instante. Apple, en cambio, sigue prometiendo una Siri más inteligente que nunca llega. Y hablando de Siri… la asistente que en su momento fue pionera ahora parece una reliquia. Tiene dificultades para comprender el contexto o seguir conversaciones, mientras otros asistentes ya son capaces de planificar viajes o escribir textos completos.
Tim Cook ha prometido que la nueva era de “Apple Intelligence” devolverá la magia, con procesamiento local en el dispositivo para proteger la privacidad. Pero de momento, las promesas no se han materializado. Y la competencia avanza rápido. Si Apple tarda demasiado, corre el riesgo de que su reputación de innovación se erosione.
Claro que también existe otra lectura: quizá Apple no busca ganar la carrera, sino cambiar las reglas. En vez de ofrecer chatbots exageradamente habladores, podría estar preparando un tipo de inteligencia artificial silenciosa, invisible y profundamente integrada en iOS. Una IA que no se note, pero que siempre esté ahí, mejorando la experiencia sin pedir protagonismo. Esa es, al fin y al cabo, la esencia del estilo Apple: tecnología que no se muestra, sino que simplemente funciona.
En definitiva, la carrera por la IA no es solo cuestión de velocidad, sino de visión. Apple puede parecer rezagada, pero su enfoque en privacidad, estabilidad y coherencia podría darle ventaja a largo plazo. El problema es que el tiempo no se detiene. Si el iPhone 18 no llega con una revolución tangible en IA, hasta los más fieles podrían empezar a mirar hacia otros horizontes.
Por ahora, Apple sigue siendo el enigma de esta era tecnológica: la empresa que fabrica los dispositivos más inteligentes del mundo, pero que aún no les ha enseñado realmente a pensar.
2 comentarios
El Gemini de Google a veces se comporta raro, como si se disculpara solo 😅
La IA en el móvil aún no me convence. Mejor que mejoren la batería