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Apple Watch, Masimo y la ITC: la batalla por el oxígeno en sangre en tu muñeca

por ytools
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Apple Watch, Masimo y la ITC: la batalla por el oxígeno en sangre en tu muñeca

La novela del oxígeno en sangre del Apple Watch sigue sumando capítulos

Durante años, el Apple Watch se ha vendido como mucho más que un reloj: es contador de pasos, entrenador personal, alarma de emergencia y, cada vez más, un pequeño laboratorio de salud atado a la muñeca. Entre todas sus funciones, una de las que más llamó la atención en las últimas generaciones fue la medición de oxígeno en sangre. Justo esa característica se ha convertido en el centro de una batalla legal en Estados Unidos. Tras un choque de patentes con la empresa de tecnología médica Masimo, Apple se vio obligada a apagar el sensor por software y ahora, incluso con una versión rediseñada del sistema, la Comisión de Comercio Internacional de EE. UU. (ITC) vuelve a poner el tema bajo la lupa.

Cómo terminamos con un reloj que tiene el sensor, pero no puede usarlo

A mediados de enero de 2024, Apple tomó una decisión que sorprendió a muchos usuarios: mediante actualizaciones de software y firmware desactivó la función de medición de oxígeno en sangre en los Apple Watch vendidos en Estados Unidos. La medida afectó primero al Apple Watch Series 9 y al Apple Watch Ultra 2, y más tarde también impactó a modelos posteriores como el Apple Watch Series 10 y el Apple Watch Series 11.

Lo llamativo es que el hardware no cambió. Los LEDs, los fotodiodos y toda la electrónica necesaria para medir la saturación de oxígeno siguen dentro del reloj. Lo que cambió fue la autorización del sistema operativo para usar esa capacidad: el software simplemente deja de mostrar la medición. El origen del problema no es una falla técnica, sino un conflicto legal. Masimo acusó a Apple de violar varias patentes relacionadas con su tecnología de oximetría de pulso, esa misma que se usa en los típicos oxímetros de dedo.

Tras analizar el caso, la ITC dio la razón a Masimo en puntos clave y emitió una orden de prohibición de importación para los modelos de Apple Watch que utilizaban la implementación cuestionada. Ante ese escenario, Apple tenía tres caminos: pagar una licencia a Masimo, retirar parte de sus relojes del mercado estadounidense o cambiar de forma drástica la manera en que ofrecía la función. Optó por el camino intermedio: seguir vendiendo el producto, pero desactivar el oxímetro por software en Estados Unidos.

El plan de Apple: el reloj toma los datos, el iPhone hace los cálculos

Renunciar por completo a la medición de oxígeno no encajaba con la estrategia de Apple, que viene posicionando el Apple Watch como un dispositivo centrado en la salud. Por eso, en agosto la compañía presentó un enfoque rediseñado, distribuido en la actualización de watchOS 11.6.1 junto con iOS 18.6.1. A simple vista, para el usuario cambia poco: la muñeca se ilumina, la medición tarda unos segundos y los datos terminan en la app de salud. Pero, bajo el capó, la arquitectura es muy distinta.

En la nueva versión, el Apple Watch se comporta casi como un sensor tonto. El reloj sigue emitiendo luz sobre la piel y capturando las variaciones del flujo sanguíneo, pero ya no realiza en local los cálculos necesarios para obtener el porcentaje de oxígeno. Ahora esa tarea se traslada al iPhone emparejado. El reloj envía los datos brutos al teléfono y es el iPhone el que ejecuta los algoritmos que interpretan esos datos y generan el valor de saturación de oxígeno.

Cambió también el lugar en el que se muestran los resultados. En lugar de tener una presencia visible en la propia watchOS, a través de complicaciones, apps o esferas dedicadas, las lecturas de oxígeno en sangre aparecen únicamente dentro de la app Salud del iPhone, en la sección relacionada con la respiración y el sistema respiratorio. En términos prácticos, el sensor está en el reloj, pero la lógica y la presentación se declaran como parte del ecosistema del iPhone.

Este rediseño no es un mero retoque cosmético. Es la forma en que Apple intenta demostrar que el funcionamiento actual se aparta del sistema que fue objeto del litigio con Masimo. Al mover la inteligencia al teléfono y cambiar el flujo completo de procesamiento y visualización, la empresa quiere argumentar que el corazón tecnológico del recurso ya no es el mismo que examinaron los peritos de la ITC en la primera investigación.

La ITC vuelve al escenario: solución creativa o infracción encubierta

Masimo no está convencida de ese argumento y volvió a golpear la puerta de la ITC. La compañía pidió que se abra un nuevo procedimiento para analizar si la versión rediseñada del oxímetro de Apple sigue infringiendo sus patentes. La ITC aceptó y anunció un proceso combinado de modificación y ejecución sobre la orden anterior. Traducido: no se está revisando toda la disputa desde cero, sino solo si esta nueva variante encaja o no dentro de las restricciones ya impuestas.

En los escritos oficiales, la ITC aclara que la versión actual del sistema de Blutsauerstoff no formó parte del expediente original, lo que le da margen para este nuevo análisis. La gran pregunta es si el hecho de que el iPhone haga las cuentas y muestre los resultados es suficiente para considerar que estamos ante una tecnología diferente desde el punto de vista de las patentes, o si en realidad siguen en juego las mismas ideas que Masimo protegió durante años.

Apple, por su parte, sostiene que Masimo intenta forzar los límites de la autoridad de la ITC y usar el mecanismo como palanca para mantener la función fuera del alcance de millones de usuarios, incluso después del rediseño. En sus alegatos, Apple también cuestiona la relevancia comercial del reloj Masimo W1, el producto que la empresa médica presenta como referencia de su supuesta industria nacional. Según Apple, el dispositivo se ha vendido en cantidades mínimas y ya prácticamente no se ofrece al consumidor final.

Por qué importa tanto medir la saturación de oxígeno

Detrás de todo este choque de gigantes hay una variable fisiológica que hasta hace poco sonaba a jerga de hospital: la saturación de oxígeno, conocida como SpO2. Lo que hace un oxímetro es estimar qué porcentaje de la hemoglobina en la sangre está llevando oxígeno desde los pulmones hacia el resto del cuerpo. En una persona sana, las lecturas habituales se sitúan entre 95 y 100 por ciento. Valores que se mantienen por debajo de 90 por ciento son motivo de preocupación y pueden indicar problemas respiratorios o cardiacos importantes.

En los peores momentos de la pandemia de COVID 19, esta cifra se convirtió en protagonista. Los médicos alertaban sobre casos de pacientes con oxígeno peligrosamente bajo que, sin embargo, no se sentían tan mal ni parecían estar al borde del colapso. Los oxímetros de pulso, baratos y fáciles de usar, se popularizaron como herramienta casera para detectar esa llamada hipoxia silenciosa. No sorprende que, a partir de ahí, tener mediciones continuas en la muñeca adquiriera un valor especial para mucha gente.

El Apple Watch llevó esa idea un paso más allá: en lugar de usar un dispositivo ocasional, el usuario lleva un sensor casi todo el día. Por eso molesta tanto ver cómo una función con potencial real para la salud se queda bloqueada por una guerra de patentes, mientras el hardware está ahí, esperando órdenes del software.

Masimo contra Apple: choque entre medtech y electrónica de consumo

Masimo no es un recién llegado. Lleva décadas fabricando monitores para hospitales y unidades de cuidados intensivos, y defiende que muchas innovaciones clave en oximetría de pulso vienen de sus laboratorios. Apple, en cambio, llega desde el mundo de la electrónica de consumo, pero ha ido empujando sus dispositivos hacia el terreno de la salud con funciones como el ECG, detección de caídas o alertas de fibrilación auricular.

Para Masimo, Apple se ha acercado demasiado a soluciones técnicas que la empresa desarrolló para la medicina profesional. Para Apple, en cambio, Masimo intenta entrar en el mercado de consumo usando los tribunales como atajo, en vez de competir con productos atractivos a gran escala. El fondo del conflicto, en realidad, va más allá de un algoritmo concreto: define qué parte de la medicina puede trasladarse al wearable que llevamos todos los días.

Qué se están jugando realmente los usuarios del Apple Watch

Para quienes usan un Apple Watch en Estados Unidos, este caso no es solo una noticia de economía o tecnología, sino algo que afecta a su día a día. Si la ITC decide que la arquitectura actual respeta la orden previa, la medición de oxígeno en sangre seguirá existiendo en esta versión híbrida, con el reloj como sensor y el iPhone como cerebro del sistema. A partir de ahí, Apple podría pulir la experiencia, integrar mejor los datos con otras métricas de salud o darles más protagonismo en informes y tendencias.

Si, por el contrario, la ITC concluye que la solución sigue pisando terreno cubierto por las patentes de Masimo, Apple tendrá que volver a ajustar su estrategia. En el peor escenario, podría darse una nueva desactivación de la función, más restricciones a las importaciones o un rediseño todavía más profundo. El mensaje para el usuario sería claro: no basta con comprar un reloj lleno de sensores; lo que realmente puede hacer dependerá también de cómo acaban los pleitos entre empresas.

El futuro de las funciones casi médicas en los wearables

El choque entre Apple y Masimo ilustra una tensión que seguramente veremos repetirse. A medida que los relojes inteligentes avanzan hacia funciones cada vez más parecidas a la medicina, chocan con compañías que llevan décadas trabajando con pacientes reales, reguladores y patentes. Detectar arritmias, medir oxígeno, analizar la respiración durante el sueño o incluso explorar formas de medir glucosa sin pinchazos son campos donde la frontera entre gadget y dispositivo médico se vuelve muy fina.

Las decisiones que tome la ITC en este expediente servirán como señal para todo el sector. Si desplazar parte del procesamiento al teléfono y cambiar la interfaz es suficiente para esquivar ciertos riesgos de patentes, otros fabricantes podrían copiar esa táctica. Si la postura es más estricta, veremos quizá lanzamientos más conservadores, funciones limitadas por región o alianzas más profundas entre marcas de electrónica y empresas de medtech.

Por ahora, la función de oxígeno en sangre del Apple Watch en Estados Unidos vive en una especie de limbo: técnicamente disponible en versión rediseñada, pero jurídicamente bajo revisión. Lo que decidan reguladores y jueces no solo marcará el futuro del reloj de Apple, sino también hasta dónde podrán llegar los próximos wearables cuando quieran salir del mundo del fitness y meterse de lleno en el de la salud.

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