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Así quiere Corea del Sur, junto a Arm, formar a la nueva élite del diseño de chips

por ytools
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Corea del Sur ha decidido que no quiere ser solo la fábrica del mundo en memoria y pantallas: aspira a ser también el cerebro que diseña los chips del futuro.
Así quiere Corea del Sur, junto a Arm, formar a la nueva élite del diseño de chips
Y para ese movimiento estratégico se ha aliado con un jugador clave, Arm, la empresa británica cuyas arquitecturas dominan los smartphones y están ganando terreno en servidores y soluciones de inteligencia artificial. El mensaje es claro: no basta con levantar fábricas; hay que formar una generación entera de ingenieros capaces de imaginar, diseñar y optimizar el próximo gran salto en hardware.

El Ministerio de Comercio, Industria y Energía de Corea del Sur firmó un memorando de entendimiento con Arm, controlada por el grupo japonés SoftBank. El acuerdo contempla la creación de una escuela especializada en diseño de semiconductores en territorio coreano, construida alrededor de las tecnologías, los flujos de trabajo y las herramientas de Arm. El objetivo está puesto con fechas y cifras concretas: formar alrededor de 1.400 diseñadores de chips de aquí a 2030, profesionales capaces de competir codo a codo con los mejores equipos de Silicon Valley, Europa o Taiwán.

No será un cursillo rápido de fin de semana ni un diploma más para el currículum. La idea es levantar una especie de “escuela de élite” para arquitectos de hardware, donde se aprenda a construir sistemas completos sobre un chip: desde núcleos de CPU y aceleradores de IA hasta controladores de memoria, interfaces de comunicación y bloques de seguridad. El plan pasa por utilizar herramientas EDA reales, entornos de simulación profesionales y metodologías de verificación que ya se usan en la industria, con foco constante en tres variables críticas: rendimiento, consumo energético y tiempo de salida al mercado.

Esta apuesta encaja directamente con el crecimiento del ecosistema fabless coreano, es decir, compañías que se dedican al diseño de chips pero externalizan la fabricación a foundries como TSMC o Samsung. Nombres como Silicon Works, ADTechnology, Telechips o Nextchip compiten en nichos que van desde la electrónica para automoción y los controladores de pantalla hasta la visión artificial. En el frente de la inteligencia artificial destacan Rebellions y FADU, que desarrollan aceleradores y soluciones de almacenamiento de alto rendimiento pensadas para centros de datos. Todas ellas coinciden en el mismo problema: hay más ideas que ingenieros senior capaces de llevarlas a silicio.

Contar con una cantera estable de diseñadores formados específicamente en arquitecturas Arm y en flujos de diseño modernos puede marcar la diferencia entre liderar un mercado o llegar siempre tarde. Si los recién egresados ya saben manejar IP de Arm, entienden las limitaciones de los procesos de fabricación y dominan técnicas de verificación avanzada, las empresas pueden reducir el número de respins costosos, acortar los ciclos de desarrollo y asumir proyectos mucho más ambiciosos con equipos relativamente pequeños. Al mismo tiempo, el gobierno planea reforzar los programas de posgrado en semiconductores para que exista una escalera clara: grado, máster, doctorado y, finalmente, I+D en empresas o laboratorios.

La dimensión educativa se cruza con un debate de fondo: qué papel quiere jugar Corea del Sur en la era de la llamada superinteligencia artificial (ASI). En una reunión muy seguida por la prensa, el líder político surcoreano Lee Jae-myung y el fundador de SoftBank, Masayoshi Son, discutieron qué ingredientes necesita un país para no quedar relegado a simple usuario de tecnologías ajenas. Son lo resumió en cuatro pilares básicos: energía, semiconductores, datos y educación.

Precisamente en la energía es donde Son ve el talón de Aquiles coreano. El país ya alberga gigantes de la memoria y de la fabricación por contrato, y ahora impulsa con fuerza el diseño de chips, pero todo eso necesita enormes cantidades de electricidad barata y, a ser posible, limpia. Los grandes modelos de IA y los centros de datos que los entrenan son auténticas aspiradoras de megavatios. Son reconoce que varias multinacionales han anunciado nuevos data centers en Corea, pero considera que la escala de esos proyectos sigue siendo modesta en comparación con lo que exigirá la próxima ola de IA.

La escuela de diseño impulsada por Arm no va a resolver la ecuación energética, pero sí refuerza dos de los pilares: semiconductores y educación. Cuantos más ingenieros sean capaces de exprimir cada vatio y cada milímetro cuadrado de silicio, más fácil será compensar parte de las limitaciones de infraestructura con pura eficiencia. En un mundo donde la energía se encarece y la demanda de cómputo crece sin freno, la diferencia entre un chip medio y uno excelente puede traducirse directamente en millones de dólares ahorrados en la factura eléctrica de un centro de datos.

Conviene recordar que Arm no llega a Corea del Sur como un actor nuevo. A través de su filial Arm Korea, la compañía lleva años licenciando núcleos de CPU y otros bloques de propiedad intelectual a fabricantes locales. La novedad está en el cambio de rol: de proveedor de tecnología pasa a socio educativo, implicado en cómo se forman los ingenieros que mañana usarán esa misma tecnología. Si el plan se ejecuta bien, Corea del Sur podría convertirse en uno de los hubs mundiales más importantes para el diseño sobre Arm, no solo en móviles, sino también en coches conectados, redes 5G, dispositivos de borde y hardware de IA.

Sobre el papel, 1.400 especialistas pueden parecer pocos frente a los miles de millones invertidos en fábricas, parques industriales y subvenciones. Pero en sectores altamente especializados no se trata de cantidad bruta, sino de masa crítica. Un grupo reducido de profesionales muy bien preparados, repartidos entre startups, empresas medianas y grandes conglomerados, puede cambiar por completo la cultura de diseño de un país. Visto así, la alianza entre Arm y Corea del Sur no es solo un proyecto académico más, sino una apuesta a largo plazo por el conocimiento como recurso estratégico: en la próxima era del cómputo no ganará quien tenga más cemento, sino quien tenga más talento capaz de convertir silicio en ventaja competitiva.

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1 comentario

DeltaForce January 2, 2026 - 7:20 pm

Corea está apostando a largo plazo: talento, chips y eficiencia, no solo fábricas rápidas

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