De vez en cuando aparece un reloj que no se siente como “la nueva referencia de la temporada”, sino como un ensayo completo sobre hacia dónde debería ir la alta relojería. El Breguet Expérimentale 1 es exactamente eso. No es un simple turbillón de escaparate ni un homenaje amable al archivo de la marca, sino un laboratorio en miniatura atornillado a la muñeca. 
Implícitamente lanza una pregunta incómoda tanto a la industria como a los coleccionistas: si Abraham-Louis Breguet viviera hoy, con silicio, LIGA, CAD y máquinas de microfresado a su disposición, ¿qué demonios se pondría a inventar?
Para quienes se enamoraron de la relojería en los años de oro de YouTube, el Expérimentale 1 también activa una memoria muy concreta. Finales de los 2000, principios de los 2010: vídeos en cámara lenta de tourbillones girando, primeros planos de ángulos pulidos a espejo, música épica subiendo de intensidad mientras algún mecanismo absurdo entraba en acción. Era pura adrenalina mecánica en HD, y muchas aficiones nacieron ahí
. El Expérimentale 1 parece diseñado para ese mismo tipo de escalofrío, pero con una madurez distinta: menos fuegos artificiales de marketing, más ingeniería llevada al extremo.
En su ficha, el argumento suena casi sencillo: Breguet toma su propio escape magnético, lo afina hasta convertirlo en un sistema de fuerza constante y lo integra en un tourbillón de 10 Hz pensado, al menos sobre el papel, para ser realmente utilizable en el día a día. La realidad es mucho más rica. Este reloj enlaza más de dos siglos de historia de la casa, retoma la lógica de los reguladores de taller, recurre a materiales de última generación y se presenta con una estética que unos llamarán futurista y otros, directamente, caótica. Pero sobre todo, deja claro que la marca no está dispuesta a limitarse a decorar el pasado.
Una pieza que bebe de los Breguet históricos
Oficialmente, el Expérimentale 1 responde a la referencia E001BH (E001BH/S9/5ZV si queremos el código completo). Breguet lo sitúa en la línea del Breguet Nº 1252, un reloj demostrador vendido en 1814 al Príncipe Regente de Inglaterra. Aquella pieza no era tanto un objeto de prestigio como un folleto mecánico en tres dimensiones: servía para enseñar de qué era capaz el taller cuando podía experimentar sin miedo. El Expérimentale 1 recupera exactamente esa actitud: primero la solución técnica, luego la estética, y no al revés.
En el árbol genealógico aparece también la referencia 3448 de 1820, un reloj de bolsillo con esfera de regulador. En lugar de agrupar horas, minutos y segundos en un único eje, cada indicación se mostraba por separado para ofrecer una lectura lo más precisa posible, pensada para regular otros relojes contra esa “máquina patrón”. La Expérimentale 1 no copia el diseño línea por línea, pero adopta la misma idea: la prioridad absoluta son los segundos, después los minutos, y por último las horas.
El tercer pilar histórico es la referencia 1747, lanzada en 1997 para celebrar los 250 años del nacimiento de Abraham-Louis Breguet. Ahí la marca ya jugaba con la estética de regulador en clave contemporánea. El Expérimentale 1 celebra otro aniversario: los 250 años de la manufactura como institución. Y lo hace con una decisión clara: si hay un momento para ser radical, es este. No extraña que en la comunicación oficial abunden los dibujos técnicos antiguos, los planos del tourbillon original y las fotos de movimientos históricos. Es la forma de decir: lo que está pasando aquí no es un capricho aislado, es la continuación lógica de la historia de la casa.
La vieja pregunta: ¿qué haría Breguet en 2025?
Abraham-Louis Breguet nunca fue sólo “el señor de las agujas bonitas”. Era, ante todo, alguien obsesionado con resolver problemas concretos de su época. Zapatas que se rompían con golpes: creó el sistema pare-chute. Desviaciones de marcha según la posición del reloj en el bolsillo: inventó el tourbillon. Necesidad de hacer relojes más reproducibles: introdujo nuevos procesos de fabricación y formas de estandarización. 


Siempre había una pregunta práctica al principio y una solución elegante al final.
Trasladar esa forma de pensar al siglo XXI obliga a mirarse al espejo. ¿Cuál es hoy el gran enemigo del reloj mecánico de alta gama? No es la carreta ni el tren de vapor. Son los imanes de los altavoces, los cierres de los bolsos, las caídas desde la mesilla, la diferencia entre el banco de pruebas y la vida real. Es también la dificultad de industrializar nuevos escapes sin gastar fortunas en prototipos fallidos. Por eso casi toda la producción suiza sigue confiando en la clásica áncora suiza: se conoce, se fabrica bien y funciona.
El Expérimentale 1 parece la respuesta moderna de Breguet a esa misma lógica: atacar el corazón del problema, el órgano regulador. En lugar de inventar una complicación “instagramable” más, la marca recupera un camino iniciado hace años con el Type XXII 3880 ST, donde se presentó por primera vez una variación de escape magnético. Durante un tiempo, la idea pareció olvidada. Más tarde, el llamado “Magnético 10 Hz Breguet 7225” (en el rango de los 75.000 francos suizos) volvió a ponerla sobre la mesa. El Expérimentale 1 es el siguiente paso: llevar ese concepto al territorio más difícil, el de un tourbillon de altísima frecuencia con suministro de energía controlado al milímetro.
De la teoría a la práctica: la arquitectura del escape magnético
En el corazón de la Expérimentale 1 está el régulateur à pivot magnétique: un conjunto regulador en el que el punto de apoyo del órgano oscilante se basa, parcialmente, en fuerzas magnéticas. Dos ruedas de escape se sitúan a ambos lados del volante y llevan pistas magnéticas integradas. Entre ellas trabaja una rueda intermedia que actúa como sistema de parada; su función es evitar saltos indeseados y asegurarse de que cada impulso llegue con un timing preciso y con un par lo más constante posible.
Los materiales cuentan el resto de la historia. El muelle espiral del volante es de silicio, con todas las ventajas que ello implica: es antimagnético en la práctica, puede fabricarse con geometría extremadamente exacta y necesita menos lubricación. La rueda fija de cuarto se produce mediante tecnología LIGA en una aleación de níquel-fósforo (NiP12), ideal para fabricar microestructuras finas. Otras piezas clave se realizan en titanio y nivagauss, materiales ligeros y resistentes a los campos magnéticos. Si Abraham-Louis luchaba contra el desgaste y las variaciones con acero y latón, sus “descendientes” lo hacen con semiconductores y aleaciones exóticas, pero el objetivo sigue siendo el mismo: estabilidad.
Sobre este conjunto técnico se superpone el Sello Breguet en su categoría “Scientific”, que promete una desviación máxima de ±1 segundo al día. Sobre el papel, es una cifra sorprendente para un dispositivo tan complejo
. El reto es que este sello aún es joven, poco conocido fuera del círculo cercano a la marca. Si Breguet quiere que “Scientific” se lea con la misma seriedad que otros estándares, tendrá que abrir más las puertas: explicar protocolos, compartir criterios y, por qué no, dejar que terceros los pongan a prueba. Lo positivo es que, viendo la ambición de la Expérimentale 1, parece que la casa está dispuesta a que se hable de ello.
Qué cambia cuando un tourbillon late a 10 Hz
La otra cifra que salta a la vista es la frecuencia. La mayoría de tourbillones trabajan a 2,5 Hz. Algunos se atreven con 4 Hz y ya parecen especialmente vivos. El Expérimentale 1 sube directamente a 10 Hz: diez oscilaciones completas del volante cada segundo, con la consiguiente ráfaga de impulsos en el escape. El tourbillon no gira más deprisa en el sentido de su revolución alrededor del eje, pero la forma en que avanza su movimiento se llena de micro pasos mucho más apretados. 
El resultado visual es un torbellino mucho más fluido, casi continuo, que por fin está a la altura del nombre “tourbillon”.
Desde el punto de vista cronométrico, los 10 Hz tienen lógica: cuanto más rápido oscila el sistema, más “muestras” se toman por segundo y mejor se promedian las perturbaciones. Pequeños golpes o sacudidas afectan menos al promedio de marcha. Pero no hay magia: todo esto se paga en consumo energético. Si intentáramos mover un tourbillon tradicional a 10 Hz con un escape clásico, sería como conducir un deportivo a fondo con el freno de mano echado: calor, fricción, desgaste y una reserva de marcha en caída libre.
Ahí es donde la combinación de escape magnético, fuerza constante y construcción ligera deja de ser un truco y se convierte en necesidad
. Al reducir fricciones, controlar cómo y cuándo se entrega el par al volante y aligerar al máximo la jaula del tourbillon, Breguet persigue una especie de cuadratura del círculo: que un reloj de 10 Hz se comporte, en estabilidad, como uno mucho más lento, sin exigir sacrificios imposibles al resto del movimiento.
Un frontal entre el arte cinético y el caos
Todo este despliegue técnico ya justificaría la existencia del Expérimentale 1, pero lo que más polémica genera no está en la trasera, sino en la cara. Aquí casi no hay esfera en el sentido clásico. Lo que vemos es el movimiento desnudo, cubierto únicamente por un disco de zafiro antirreflejos sobre el que flotan las escalas, elementos luminiscentes y la inscripción “Expérimentale 1” en un aplique tratado con ALD azul. Es, quizá, la Breguet más transparente que se haya producido jamás: cero guilloché tradicional, todo maquinaria al descubierto.
La disposición de la información sigue el esquema de regulador: segundos en un protagonismo casi agresivo, minutos en un registro separado, horas tratadas como invitado de segunda fila. La escala de los segundos es continua, mientras que la de minutos se sacrifica allí donde la arquitectura del tourbillon exige espacio. Conceptualmente es coherente: un reloj orientado a la precisión debería priorizar el segundo por encima de todo. En la práctica, la lectura no es tan evidente. El mismo formato que nació para facilitar la vida a los relojeros se convierte aquí en un pequeño rompecabezas visual, con puentes, tornillos y aros compitiendo por nuestra atención.
Las agujas rematan el debate. Breguet se mantiene fiel a sí misma y monta agujas finísimas de acero azulado sobre las tres escalas. En las fotos macro son puro deseo: proporciones perfectas, elegancia absoluta. Pero sobre un fondo tan ocupado, esas agujas se camuflan con facilidad. En determinados ángulos de luz, la minutera se pierde tanto que uno se descubre literalmente buscándola con la vista. Para algunos coleccionistas eso forma parte del encanto: “no es un instrumento de laboratorio, es una escultura en movimiento que también da la hora”. Otros son más tajantes y resumen la experiencia en frases del estilo “mecánicamente brutal, visualmente un lío”.
Caja, asas y la cuestión de llevarla de verdad
Si giramos la pieza de perfil, entramos en un terreno más familiar. La caja, en oro “Breguet” de 18 quilates, mide 43,5 mm de diámetro y 13,3 mm de grosor. Son cifras generosas, pero no imposibles, especialmente si pensamos que aquí hay un tourbillon de 10 Hz con toda una infraestructura magnética y de fuerza constante a sus espaldas. El bisel doble escalonado y el característico acanalado del canto de la caja son puro ADN Breguet, los mismos códigos que encontramos en modelos mucho más clásicos. Esa continuidad visual ayuda a que la Expérimentale 1 no se sienta como un OVNI total dentro del catálogo.
Más interesante aún es la resistencia al agua: 10 bar, unos 100 metros. Combinada con la correa de elastómero, envía un mensaje claro: este no es un experimento condenado a vivir en la caja fuerte. Al menos en teoría, la marca quiere que alguien se atreva a llevar este reloj en el día a día, sin entrar en pánico cada vez que se acerca al fregadero o a la piscina. La idea de meterse en el agua con un tourbillon de 320.000 francos sigue siendo más fantasía que norma, pero el dato de estanqueidad está ahí y es coherente con el resto del planteamiento técnico.
Las asas, sin embargo, han generado una de las discusiones más intensas. Son largas, bien marcadas, con mucha presencia visual. En muñecas grandes, dan al reloj una sensación casi arquitectónica, como si el movimiento flotara sujeto por cuatro pilares de oro. En muñecas más pequeñas o en quienes prefieren diseños discretos, esas asas pueden resultar agresivas, como si pertenecieran a otro reloj. Hay comentarios que lo resumen con bastante mala idea: “mecanismo de diez, asas de castigo”. Guste o no, es evidente que en Breguet no han buscado el consenso estético.
Calibre 7250: cifras frías, resultado muy caliente
Por la trasera de zafiro asoma el calibre 7250, el motor de todo este experimento. Con 33,8 mm de diámetro (unas 15 líneas) y 6,3 mm de altura, se mantiene en proporciones razonables. Sorprende que el recuento total de componentes sea “solo” de 266, una cifra contenida para un reloj que, visualmente, parece un rompecabezas mecánico. La jaula de tourbillon concentra 74 de esas piezas y, en conjunto, pesa apenas 0,60 gramos. Es un dato que cuesta asimilar: un módulo entero que se mueve, gira y respira a 10 Hz y que pesa menos que una migaja de pan.
La energía llega desde dos barriletes conectados en serie, cada uno equipado con dos muelles de color azul intenso: en total, cuatro muelles principales trabajando en conjunto. La disposición recuerda inevitablemente al sistema Quattro de Chopard de principios de los 2000, aunque aquí la prioridad parece otra. Más que presumir de una reserva de marcha gigantesca en el folleto, la idea es asegurar que el escape reciba un par lo más plano posible, durante el mayor tiempo posible, pese al apetito energético de los 10 Hz.
Un dato que llama la atención es la resistencia oficial a los campos magnéticos: 600 gauss. Es un valor respetable para una complicación de este tipo, pero suena modesto si pensamos en el potencial teórico de un escape dominado por silicio, titanio y nivagauss. Lo más probable es que el límite no lo marque el corazón magnético, sino el resto de componentes del movimiento o incluso de la caja. En cualquier caso, es más que suficiente para la vida real, aunque inevitablemente invite a la comparación con los relojes de corte deportivo que presumen de 15.000 gauss y más. Quizá esa comparación termine empujando a Breguet a explicar con más detalle qué ocurre puertas adentro.
Precio, público objetivo y lo que la pieza dice de Breguet
Hablemos de dinero, porque ignorarlo sería casi hipócrita. El Breguet Expérimentale 1 cuesta 320.000 francos suizos. Está, sin rodeos, en la liga de las piezas que se compran tanto con el corazón como con un excel muy particular. El 7225, que ya reintroducía el escape magnético, ronda los 75.000 francos. El salto es considerable, pero también lo es la ambición. Aquí no se trata de buscar una “buena relación calidad-precio”; se trata de asumir que estamos ante una obra de ingeniería pensada para una minoría muy concreta de coleccionistas.
Visto desde la estrategia de marca, el Expérimentale 1 no aspira a ser el icono que ves en cada escaparate de aeropuerto. Esa función la cubren mejor líneas como la renovada Type XX, relojes pensados para competir en segmentos más amplios. El nuevo tourbillon, en cambio, es una declaración dirigida a un público muy reducido: los que todavía se emocionan con croquis de patentes y fotos de movimientos tanto como con renders pulidos para redes sociales.
Al mismo tiempo, es interesante notar lo que no pretende ser. En una época en la que mucho capital especulativo mira hacia independientes como F.P. Journe o hacia lanzamientos diseñados para explotar en Instagram, Breguet toma una ruta distinta. El Expérimentale 1 no es un “hype watch” de libro: no tiene colorines pensados para selfies ni está optimizado para listas de espera artificiales. Es, más bien, un recordatorio interno y externo de que la marca sigue teniendo algo que decir en el terreno donde siempre fue más fuerte: la solución de problemas complejos a través de mecanismos igual de complejos.
Entonces, ¿para quién es realmente la Expérimentale 1?
La respuesta corta: para muy pocos. La larga: para quienes ya han hecho el recorrido clásico por la casa –quizá un Classique con guilloché, algún calendario, tal vez un cronógrafo Type XX– y siguen buscando esa sensación de “esto no lo hace nadie más”. Es un reloj que exige conocimiento previo y cierta tolerancia al exceso. No es una pieza que se compre para entender Breguet; es una pieza que se compra cuando ya la entiendes y quieres ver hasta dónde está dispuesta a llegar.
Se puede criticar la legibilidad, el precio, el atrevimiento de las asas o la cifra aparentemente modesta de resistencia magnética. Pero a veces el punto no está en tener una respuesta perfecta a cada objeción, sino en atreverse a plantear la pregunta. Y en ese sentido, el Expérimentale 1 es un reloj coherente: una máquina imperfecta pero honesta, que recupera el espíritu de “vamos a empujar los límites” que hizo grande el apellido Breguet.
¿Es para todos? Evidentemente no. ¿Es una pieza que se recordará dentro de unos años cuando se hable de la etapa experimental de la marca en la década de 2020? Probablemente sí. Y mientras de vez en cuando salga de la manufactura un tourbillon magnético de 10 Hz con este nivel de ambición, podremos decir que Breguet sigue viva donde importa: en el taller, no sólo en el archivo.