Call of Duty: Black Ops 7 ha llegado a Europa con más ruido en las redes que en las tiendas, y eso ya dice mucho de una franquicia que durante años trató noviembre como su propio festivo nacional. Los primeros datos de ventas apuntan a un debut muy lejos de lo habitual: la semana de lanzamiento en Europa habría vendido alrededor de un 63% menos que Battlefield 6 en su estreno equivalente, y más de un 50% menos que Black Ops 6. 
Algunos analistas incluso hablan de una caída que supera el 60% respecto al año pasado. Para casi cualquier otra saga sería un golpe mortal; para Call of Duty es, como mínimo, un serio aviso de que la fórmula automática ha dejado de funcionar.
Mientras tanto, al otro lado del campo de batalla, Battlefield 6 vive justo el tipo de arranque que antes se asociaba a CoD: mejor debut de la historia de la franquicia, más de 7 millones de copias vendidas en apenas tres días y narrativa de redención después del tropiezo de Battlefield 2042. Y no está solo en la fiesta. Arc Raiders, el extraction shooter de Embark Studios, se ha colado como tercer invitado inesperado: ya supera los 4 millones de copias desde su lanzamiento a finales de octubre de 2025 y ha alcanzado picos combinados de más de 700.000 jugadores concurrentes en todas las plataformas. En Steam, sus concurrentes siguen creciendo, señal de que el boca a boca trabaja a su favor mientras Black Ops 7 lucha por mantener la atención.
¿Es realmente un desastre o solo un tropiezo para gigantes?
Antes de clavar el ataúd, conviene poner las cifras en contexto. Call of Duty lleva más de una década jugando en su propia liga. Un lanzamiento que la prensa especializada califica de “terrible” podría seguir terminando el año entre los juegos más vendidos del planeta. La marca es enorme, el marketing sigue siendo omnipresente y millones de jugadores tienen el ritual automático de abrir CoD cuando quieren un shooter. Aun así, la tendencia importa: cuando una nueva Black Ops vende mucho menos que su rival directo y muchísimo menos que la entrega anterior, deja de ser un bache puntual y se convierte en señal de que algo se ha roto en la relación con parte del público.
El silencio corporativo no ayuda. En el caso de Battlefield 6, Electronic Arts tardó poco en llenar notas de prensa y presentaciones de inversores con números, récords y gráficas. Con Black Ops 7, en cambio, hemos visto un escueto “gracias por la fantástica respuesta” sin mención a cifras concretas de ventas, jugadores o engagement. Las editoras adoran presumir cuando todo va de cara. Cuando, tras el estreno de su gran juego del año, prefieren hablar en abstracto, suele ser porque los datos reales son difíciles de vender como victoria.
Game Pass complica la lectura, pero no la cambia del todo
Por supuesto, también sería simplista juzgar a Black Ops 7 solo por los rankings tradicionales. Como juego first party de Microsoft, salió desde el día uno en Game Pass. Todas esas descargas realizadas a través de la suscripción no cuentan como copias vendidas y no figuran en las mismas tablas que Battlefield 6. Además, la base de CoD está repartida entre PlayStation Store, Xbox Store, Battle.net, Steam y formato físico, de modo que ningún gráfico aislado refleja el cuadro completo.
Aun así, la “excusa Game Pass” tiene límites claros. Black Ops 6 se lanzó en un contexto muy parecido, también con suscripción, también en todas las tiendas, y aun así empujó la app de Call of Duty en Steam hasta un pico de unos 315.000 jugadores concurrentes en pleno lanzamiento. Black Ops 7, en cambio, apenas ha superado la barrera de los 100.000. Si la gran mayoría de jugadores hubiera dado el salto al Game Pass para probar BO7, es lógico pensar que Microsoft estaría enseñando gráficos de crecimiento de suscriptores y récords de horas jugadas cada vez que tiene un micrófono delante. De momento, nada de eso ha ocurrido.
En paralelo, una parte de la comunidad empieza a ver el modelo de suscripción como parte del problema. Si al final casi todo acaba incluido en un pago mensual, ¿qué sentido tiene reservar y pagar precio completo por un CoD que, además, se siente más continuista que nunca? Y si, encima, la cuota del servicio sube justo cuando el juego nuevo parece un “6.5” más que un “7”, el mensaje que muchos jugadores reciben es que se les cobra más por menos novedades reales.
Cansancio, precios altos y sensación de DLC caro
Solo hay que pasearse por foros, X, Twitch o grupos de Discord para detectar el tono: fatiga. No es tanto odio a la saga como hartazgo. Aparecen comentarios llamando “ingenuos” a quienes compran Black Ops 7 de salida, criticando que el juego sea solo online, incluso en experiencias que en otros tiempos podían disfrutarse en solitario sin depender del servidor, y señalando la tienda de cosméticos omnipresente, con packs y skins que muchos asocian más a Fortnite que a un shooter militar.
El precio de entrada refuerza esa percepción. Al coste del juego se suman pases de batalla, paquetes estéticos y colaboraciones de todo tipo. El resultado, para una parte del público, es un juego que se cobra como gran estreno y se siente como un DLC de lujo para Black Ops 6. La campaña recibe palos por su duración ajustada y por un guion poco inspirado, mientras que el multijugador divide por su TTK súper bajo (morir en milisegundos tras asomar la cabeza), el ritmo frenético prácticamente constante y unos francotiradores que funcionan como láseres portátiles sin las limitaciones de peso o manejo que uno esperaría.
Varios jugadores que se consideran “de nivel medio” cuentan experiencias muy similares: partidas públicas donde encadenan muertes en segundos, reaparición tras reaparición, y donde cerrar una sesión con K/D positivo se vive casi como una pequeña hazaña diaria. Otros se quejan de que, incluso con el crossplay desactivado, acaban en salas mezcladas de teclado/ratón y mando donde la sensación es de jugar un clasificatorio permanente, no una partida casual. Cuando una nueva entrega de CoD deja a demasiada gente con la sensación de que no pertenece al lobby, el impacto a medio plazo en el número de jugadores es inevitable.
Battlefield 6 y Arc Raiders han sabido ocupar el hueco
Hay que recordar que Black Ops 7 no compite contra un desierto. Battlefield 6 llegó antes, bien colocado en el calendario y con un mensaje claro: mapas grandes pero legibles, peso del trabajo en escuadrón, vehículos contundentes y una fantasía bélica más sobria, sin tanta skin fosforita ni colaboraciones random. Para muchos, es justo el tipo de experiencia que sentían que CoD había ido perdiendo a medida que se abrazaba al modelo de juego-servicio.
Arc Raiders, por su parte, no intenta ser “el nuevo CoD” ni “el nuevo Battlefield”. Juega en otra liga, apostando por ciencia ficción estilizada, un loop de extracción, cooperación constante y esa mezcla de riesgo/recompensa que engancha a quien busca algo diferente a otro battle royale más. Para muchos jugadores, la combinación perfecta esta temporada es clara: Battlefield 6 cuando apetece algo serio y táctico; Arc Raiders cuando se quiere probar algo distinto; y CoD… solo si queda tiempo.
Eso no significa que nadie disfrute Black Ops 7. Hay quienes reconocen abiertamente que, a pesar de las críticas, se encuentran saltando con frecuencia entre BF6 y BO7 y que, entendiendo lo que ofrece cada uno, se lo pasan bien. Pero incluso esas voces más positivas coinciden en algo: Call of Duty ha dejado de ser la compra obligatoria de cada noviembre. Ya no es ese juego que todo el mundo compraba por inercia; es uno más en una lista muy larga de shooters que compiten por las mismas horas libres.
Una franquicia descomunal que suena a repetida
Debajo de todas estas discusiones hay una pregunta incómoda: ¿qué quiere ser Call of Duty en 2025 y 2026? Durante casi veinte años, la respuesta fue “más de lo mismo, pero un poco más grande y más pulido”. Para muchos funcionó: campaña cinematográfica, multijugador adictivo y un calendario de contenido que rellenaba el año. Pero ese bucle tiene fecha de caducidad. Cada vez se leen más mensajes de jugadores que confiesan algo que hace cinco años jamás habrían dicho: “No le deseo el fracaso a ningún juego, pero con este CoD hago una excepción; quizá hace falta que se pegue un batacazo para que espabilen.”
Sobran ideas sobre cómo podría ser un reinicio. Algunos piden un regreso serio a la Segunda Guerra Mundial u otros conflictos históricos, pero sin repetir por enésima vez Normandía, el desierto y la ofensiva en la nieve. Otros opinan que, si CoD ya ha abrazado los skins locos y los crossovers con la cultura pop, quizá lo más honesto sea inclinarse del todo hacia ahí: personajes exagerados, vehículos absurdos llenos de misiles y láseres, más humor y menos pretensión de realismo. Lo único en lo que coinciden es en el diagnóstico: la fórmula actual está agotada; hace falta un riesgo creativo real y no solo ajustar parámetros cada año.
Éxito en la era del servicio, no solo de la caja
Durante la época de Xbox 360 y PS3, medir el éxito de un CoD era sencillo: ventas físicas, DLC vendidos, algo de cola online y listo. En la era Game Pass la ecuación es mucho más compleja. Ahora cuentan las métricas de retención, la venta de cosméticos, el impacto en el número de suscriptores, el tiempo que mantiene a la gente dentro del ecosistema y su capacidad de seguir generando ingresos años después del estreno.
Incluso con ese cambio de criterios, las sensaciones iniciales de Black Ops 7 no son las de un triunfo arrollador. Los picos de jugadores en Steam son mucho más bajos que en entregas anteriores, el sentimiento en la comunidad es más agrio y la conversación alrededor de “el shooter al que todos están jugando” parece girar más en torno a Battlefield 6 y Arc Raiders que a CoD. La franquicia que durante años fue el monstruo imparable del otoño empieza a parecer un gigante cansado: enorme, pero menos temible que antes.
2026, GTA 6 y una decisión que no se puede aplazar
Todo esto sucede con una sombra todavía mayor acercándose: Grand Theft Auto 6, previsto para noviembre de 2026. Por primera vez en mucho tiempo, no son otros los que huyen de la ventana de lanzamiento de Call of Duty, sino que es la propia CoD la que puede verse obligada a pensar dos veces dónde se coloca. Pocos creen que Activision y Microsoft se atrevan a dar un año sabático a una máquina de imprimir dinero como esta, pero, si alguna vez hubo un momento para planteárselo seriamente, es este.
El mal arranque de Black Ops 7 en Europa no significa que la saga esté acabada. Pero deja claro que las viejas reglas, esas que garantizaban números récord cada noviembre, ya no se aplican. Los jugadores tienen más opciones, menos paciencia y muy poca tolerancia a pagar precios premium por experiencias que sienten que ya han jugado mil veces. Si la respuesta de la franquicia a todo esto es otro año más de “lo mismo, pero con otro nombre”, este lanzamiento se recordará como el principio de una cuesta abajo larga. Si, en cambio, sirve como llamada de atención para arriesgar, parar y reinventarse, tal vez podamos mirar atrás y ver Black Ops 7 como el tropiezo necesario antes de una nueva etapa.
2 comentarios
Da la sensación de que, después de veinte años comprando CoD casi por reflejo cada noviembre, la gente ha dicho ‘hasta aquí’ y se ha ido a probar otras cosas
Juego BO7 desde el día uno y sí, tiene su gracia, pero la TTK es ridícula. Miras un ángulo mal y estás muerto, los snipers son casi láseres portátiles 🙃