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Colossal Order se despide de Cities: Skylines mientras Iceflake Studios intenta rescatar la saga

por ytools
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Después de quince años de trabajo codo a codo, Paradox Interactive y Colossal Order han decidido separarse. El estudio finlandés que creó Cities: Skylines se despide por completo de su propia franquicia para centrarse en nuevos proyectos, mientras que el futuro de la saga queda en manos de Iceflake Studios, también de Finlandia y también bajo el paraguas de Paradox.
Colossal Order se despide de Cities: Skylines mientras Iceflake Studios intenta rescatar la saga
Para los fans de los city builders, la sensación es parecida a ver cómo tu ciudad virtual cambia de alcalde y de equipo técnico de un día para otro: los barrios siguen ahí, pero las prioridades y el estilo de gestión pueden cambiar de forma radical.

Para entender el peso de este movimiento hay que mirar atrás. En 2015, cuando el primer Cities: Skylines salió al mercado, se convirtió enseguida en la gran alternativa a un SimCity estancado. Colossal Order apostó por sistemas abiertos, una simulación profunda del tráfico y la economía, y una libertad brutal para modders y creadores de contenido. Con los años, entre expansiones, DLCs temáticos y miles de mods, el juego dejó de ser un simple producto y se transformó en una plataforma viva, capaz de absorber casi cualquier idea urbana que los jugadores imaginaran.

Con Cities: Skylines 2, lanzado en 2023, la promesa era clara: ir todavía más lejos. Más detalle, ciudades más orgánicas, una simulación más rica y visualmente más impactante. Pero el aterrizaje estuvo lejos de ser suave. Muchos usuarios se encontraron con caídas de rendimiento durísimas, picos de uso de CPU, tirones constantes, bugs en la gestión del tráfico y la sensación general de que faltaban funciones que en el primer juego se daban por hechas. El resultado fue una valoración "Mixta" en Steam, tanto en reseñas recientes como globales, un termómetro bastante fiel de una comunidad dividida entre la ilusión y el cabreo.

Colossal Order reaccionó entrando en modo emergencia. Llegaron parches frecuentes, mensajes explicando prioridades, hojas de ruta de correcciones y retrasos en contenido de pago para centrar recursos en arreglar lo básico. El juego fue mejorando en ciertos aspectos, pero en paralelo empezó a circular cada vez con más fuerza la idea de que había problemas estructurales: herramientas internas que no funcionaban como se prometió, decisiones de motor difíciles de revertir y un pipeline que muchas veces jugaba en contra del propio equipo de desarrollo. Cuando el andamiaje tecnológico se tambalea, los parches dejan de ser solución y se convierten en parches literalmente.

En ese contexto, Paradox y Colossal Order anuncian su separación. En los comunicados oficiales insisten en que se trata de una decisión meditada, tomada "en el mejor interés de ambas partes y del futuro de la franquicia Cities: Skylines". Colossal habla de aprovechar la experiencia de estos quince años para explorar nuevas ideas y nuevos juegos. Paradox, por su lado, recalca lo mucho que han conseguido juntos: cuatro títulos, docenas de expansiones y una comunidad de millones de jugadores repartidos entre PC y consolas.

Lo que también deja claro el publisher es que Cities sigue siendo una IP clave en su catálogo. Nadie está hablando de enterrar la serie, sino de darle otra estructura. De ahí que Paradox designe a Iceflake Studios como nuevo responsable principal del desarrollo de Cities: Skylines 2 y, probablemente, de cualquier futuro proyecto relacionado con la marca. El mensaje de fondo es sencillo: la franquicia sigue viva, pero necesita otra cabeza al mando para recuperar rumbo y confianza.

Iceflake Studios no llega desde cero. El estudio tiene experiencia en juegos de gestión y estrategia, y su director, Lasse Liljedahl, define el encargo como "un enorme honor y una gran responsabilidad". En su comunicado, el equipo insiste en la palabra "humildad" y habla de un legado que quieren respetar, de una comunidad exigente, pero muy fiel, y de un juego que, pese a todos sus problemas, aún tiene una base fuerte sobre la que construir. En otras palabras, no prometen milagros, pero sí un enfoque más sereno y a largo plazo.

La transición, eso sí, no será instantánea. Colossal Order seguirá trabajando en Cities: Skylines 2 durante todo 2025, con varias actualizaciones más ya previstas. Durante este periodo también se llevará a cabo la famosa "transferencia de conocimiento": documentación interna, herramientas, peculiaridades del código y todos esos detalles que no se ven desde fuera, pero que son clave para que otro estudio pueda ponerse al día sin perder años reescribiendo todo desde cero. A partir de 2026, la idea es que Iceflake tome el control total del desarrollo.

Entre los paquetes que Iceflake hereda hay uno especialmente delicado: la versión de consola de Cities: Skylines 2. Anunciada, pero todavía inédita, sigue sin fecha concreta, y ni Paradox ni los nuevos responsables quieren comprometerse a un calendario agresivo. Para quienes llevan esperando desde 2023, la paciencia está al límite, pero después del estreno accidentado en PC, lanzar un port apresurado sería lo peor que podría ocurrirle a la reputación del juego. En este caso, ir despacio y bien probablemente sea la única opción razonable.

Mientras tanto, la comunidad sigue partida en dos. Hay jugadores convencidos de que el proyecto es, en esencia, un "lío técnico" imposible de llevar al nivel que se esperaba de un sucesor de Cities: Skylines. Para ellos, el cambio de estudio es poco más que una maniobra para estirar la marca sin meterse en una reconstrucción profunda. Otros, en cambio, ven precisamente en esta ruptura la oportunidad de un reinicio controlado: un equipo menos quemado, con una relación distinta con el juego y con más libertad para revisar decisiones que quizá Colossal Order ya no estaba en condiciones emocionales ni estructurales de cambiar.

También despierta curiosidad el posible choque de filosofías de diseño. Colossal Order se hizo famosa por sistemas enormemente flexibles, a veces casi caóticos, que daban a modders y jugadores margen para hacer auténticas locuras con sus ciudades. Ese enfoque generó momentos brillantes, pero también dolores de cabeza de rendimiento, bugs rarísimos y un juego difícil de optimizar al milímetro. Iceflake, por cómo se presenta, podría optar primero por estabilizar el barco: priorizar rendimiento, claridad y límites bien definidos, y sólo después ir subiendo poco a poco el nivel de complejidad. A algunos les encantará esa idea; otros echarán de menos la anarquía creativa del original.

Si ampliamos el foco, todo esto es un recordatorio de lo complicado que es hacer grandes simuladores urbanos hoy en día. Los jugadores quieren gráficos bonitos, economía profunda, tráfico coherente, habitantes con rutinas creíbles, clima, sistemas de servicios públicos avanzados y soporte a largo plazo. Todo eso choca de frente con las limitaciones reales de motores, herramientas y hardware doméstico. Cuando el peaje técnico se hace demasiado alto, cada parche es más un gesto de contención de daños que una solución real, y en cierto punto las editoras empiezan a preguntarse si no es mejor reestructurar por completo que seguir remendando.

Para Colossal Order, la despedida de Cities: Skylines es el cierre de una era que definió su identidad como estudio, pero también una oportunidad de reescribirse sin cargar eternamente con el peso de un lanzamiento traumático. Para Paradox, es una apuesta: mantener viva una de sus licencias más fuertes delegando la parte más delicada a un nuevo socio. Y para los jugadores, el mensaje es claro: la serie no está muerta, pero entra en una fase de transición donde el entusiasmo se mezcla con una buena dosis de escepticismo.

La gran pregunta que queda en el aire no es sólo si Cities: Skylines 2 puede "salvarse", sino si Iceflake será capaz de convertir un estreno problemático en una historia de segunda oportunidad. Si logran estabilizar el rendimiento, sacar una versión de consola sólida y recuperar la confianza de quienes dejaron el juego aparcado, este cambio de estudio se recordará como el momento en el que la ciudad dejó de arder. Si no, puede que se vea simplemente como el último trámite administrativo antes de que la franquicia busque un enfoque completamente nuevo.

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