En cuestión de pocos trimestres, el mercado de memoria ha pasado de la apatía a la histeria. 
Durante años sobraba DRAM, los fabricantes se peleaban a base de descuentos y los kits de RAM iban bajando de precio generación tras generación. Ahora el péndulo se ha ido al extremo contrario: falta oferta, los precios se disparan y nombres como ASUS y MSI están comprando DDR5 a lo loco en el mercado spot para llenar sus almacenes antes de que la situación se ponga aún peor.
Visto desde la tienda de barrio, todo huele a codicia. Ayer un kit DDR5-6000 de 32 GB costaba X, hoy está un 60 o 70% más caro, aunque el escaparate sigue lleno de cajas. Es normal que el usuario piense que lo están tomando por tonto. Pero detrás de esa sensación de timo hay una historia más complicada: recortes de producción, previsiones equivocadas y un tsunami de demanda provocado por la inteligencia artificial que ha pillado a toda la industria a contrapié.
Antes del boom de la IA generativa, la industria de DRAM venía de una larga resaca. Se vendían menos PCs, el mercado de móviles se enfriaba y los grandes clientes reajustaban pedidos. Para no hundir aún más los precios, gigantes como Samsung y SK hynix recortaron inversiones, apagaron parte de su capacidad y limitaron de forma deliberada el volumen que sacaban al mercado. La lógica era sencilla: mejor producir menos que regalar memoria por debajo de coste.
Entonces llegó la fiebre de la IA. Los hyperscalers y grandes nubes empezaron a llenar racks con servidores de entrenamiento y granjas de inferencia que tragan memoria como si no hubiera mañana. Los módulos RDIMM para servidores se convirtieron en un bien escaso, HBM pasó a ser casi un metal precioso digital y las mismas fábricas que antes surtían de RAM al mundo del PC gaming priorizan ahora las plataformas de IA, donde cada servidor deja márgenes muchísimo más jugosos. En esa cola, el gamer de a pie se ha ido al final.
Al mismo tiempo, varios proveedores han dejado de publicar listas de precios claras para muchos productos y prefieren negociar uno a uno con sus clientes gordos, asegurándose contratos de varios años. El resto de actores, desde integradores pequeños hasta marcas de consumo, acaban comprando en el mercado spot, donde cualquier rumor de escasez se traduce en subidas instantáneas. Es justo esa zona gris donde ASUS, MSI y compañía están peleando por asegurarse stock antes de que la cuerda se rompa.
Por qué ASUS y MSI están acaparando DDR5
Desde fuera parece un simple movimiento especulativo, pero para fabricantes de placas y PCs preensamblados tiene otra lógica. Si la oferta se mantiene tensa hasta 2027, como ya pronostican varios analistas, bastan unas semanas sin recibir módulos para tirar por tierra el lanzamiento de una nueva serie de placas base, dejar vacíos los bundles con CPU y RAM o frenar las ventas de PCs gaming completos. Un hueco en el estante de memoria puede terminar arrastrando toda una familia de productos.
Por eso, muchas marcas asumen ahora el coste de comprar caro para no quedarse sin nada mañana. El efecto secundario es que esa presión adicional se traslada al resto del mercado. En algunos países ya se ve el resultado: kits DDR5-8000 apenas cuestan algo más que los 6000 más populares, no porque los de alta frecuencia se hayan vuelto baratos, sino porque toda la escala de precios se ha desplazado hacia arriba. Para el consumidor la sensación es clara: no parece pura ley de oferta y demanda, parece un subidón coordinado aprovechando la excusa de la IA.
Codicia, escasez real y el papel de la IA
En los foros de hardware el debate está servido. Unos sostienen que estamos reviviendo la película de las gráficas en pandemia: problemas logísticos, minería y hype como pantalla para inflar márgenes, y después precios que bajan a cámara lenta. Otros recuerdan que, esta vez, las granjas de IA sí están absorbiendo cantidades históricas de DRAM, y que para los fabricantes es más rentable atender a esos clientes que vender RAM barata a jugadores que miran cada euro.
Mientras tanto, sobran los chistes: que Jensen se ha comprado toda la RAM del planeta, que hay un cártel secreto de memoria decidiendo cuánto va a costar cada giga, que el capitalismo hace lo que siempre ha hecho. También resurgen las llamadas a investigar posibles acuerdos de precios y a poner más dientes a las autoridades de competencia. Pero la realidad es que los reguladores se mueven despacio, y las subidas de precio llegan a la tarjeta de crédito bastante más rápido que cualquier sanción.
El entusiasta de PC en medio del fuego cruzado
Quien más sufre, como siempre, es el que monta o actualiza su propio equipo. Mucha gente ha congelado sus planes de salto a DDR5 y decide estirar una plataforma DDR4 un par de años más, invirtiendo en una mejor GPU o CPU antes que en memoria más cara. Otros aceptan compromisos: en vez de 64 GB, se quedan en 32; en vez de un kit de alta frecuencia, compran uno más modesto que aún ofrece buen rendimiento en juegos.
En la trinchera de abajo pasan cosas curiosas. Trabajadores de reciclaje electrónico cuentan que módulos DDR3 que antes iban directos al contenedor ahora se venden por lotes y ayudan a cuadrar objetivos de ingresos. Cuando hasta la RAM vieja vuelve a tener demanda, es señal de que el mercado está realmente tenso.
Y cambia también la mentalidad. Cada vez se habla menos de exprimir el último punto de benchmark y más de rendimiento por euro. Es fácil encontrar comentarios del estilo: mejor 144 fps estables con 32 GB de DDR4 que perseguir cifras ridículas con DDR5 y quedarme sin dinero para el resto del equipo. Para muchos, montar un PC en 2025 se siente como unos Juegos del Hambre del hardware: sobrevivir al presupuesto se ha vuelto casi tan complicado como derrotar al jefe final.
¿Cuánto durará esto y cómo reaccionar?
La gran incógnita es cuánto tiempo se mantendrá la tensión. Levantar nueva capacidad de fabricación lleva años, no meses, y la ola de proyectos de IA todavía no ha tocado techo. Varios informes dan por hecho que viviremos con precios de memoria elevados al menos un año más, y no pocos expertos ven difícil volver al nivel de chollos que disfrutábamos antes de la fiebre de los chatbots.
Para el usuario final no hay receta mágica. Si tu equipo se queda corto de RAM y necesitas trabajar, jugar o crear contenido sin sufrir tirones, quizá tenga sentido comprar antes de la próxima subida. Si tu PC aún aguanta con cierta holgura, lo más sensato suele ser optimizar lo que tienes, retrasar el salto a DDR5 y observar el mercado desde la barrera. Para los grandes fabricantes, esta crisis es un negocio redondo. Para el resto de nosotros, es el recordatorio de que un simple módulo de DDR5 puede convertirse de la noche a la mañana en un pequeño artículo de lujo cuando la IA decide competir por el mismo silicio.
1 comentario
Los reguladores brillan por su ausencia, llevamos años oyendo rumores de cárteles en DRAM y lo único que baja rápido son mis ahorros