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Flyback Dubai Watch Week: noches de desierto, cajas de piedra y caras de sapo

por ytools
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La Dubai Watch Week hace tiempo dejó de ser “otra feria de relojes” para convertirse en un pequeño universo paralelo dentro de la alta relojería. Mientras otros salones como Watches & Wonders todavía intentan equilibrar piezas pensadas para el gran público con algún que otro capricho de coleccionista, Dubái juega en otra liga: aquí llegan las piezas que no necesitan justificarse, las que nacen para un puñado de muñecas privilegiadas y para provocar suspiros (y memes) en el resto del planeta.

El Flyback de esta edición es, precisamente, un paseo por ese territorio de excesos y genialidades.
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No estamos hablando de “relaciones calidad-precio”, sino de relojes que funcionan como declaración de intenciones. Desde un Roger Dubuis sorprendentemente sereno inspirado en la calma del desierto por la noche, pasando por el esqueleto de siete días de Armin Strom, el sapo burlón de Louis Erard x Konstantin Chaykin, el erizo metálico de Gérald Genta, la pequeña escena submarina de Raúl Tena y, para rematar, las cajas de piedra maciza de los Louis Vuitton Escale
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. Son relojes que quizá nunca veremos en persona, pero que marcan conversación, gusto y tendencias.

Roger Dubuis Hommage “Sukoon Al-Layl”: cuando el más ruidoso habla en voz baja

Si tuvieras que explicarle a alguien qué es la relojería “a todo volumen”, probablemente acabarías enseñándole un catálogo de Roger Dubuis: cajas enormes, esqueletizados extremos, tipografías agresivas y turbillones por todas partes. Por eso el Hommage “Sukoon Al-Layl” desconcierta de entrada: sigue siendo Dubuis, pero aquí la marca decide bajar la intensidad y acercarse a un lenguaje clásico con su propio acento.

Se trata de una pieza única en platino de 38 mm, un tamaño contenido para los estándares de la casa, pensada para capturar la sensación de tranquilidad del desierto nocturno. El dial es un juego de capas: flanjes y registros en nácar negro enmarcan el calendario perpetuo bi-retrogrado, la complicación fetiche de la marca. El disco lunar en aventurina parece un trozo de cielo oscuro lleno de puntos brillantes, mientras un patrón de ondas guilloché recorre la base. Cuatro cifras arábigas dan un toque regional que puede parecer excesivo a algunos y perfecto a otros, pero que deja claro dónde se ha presentado la pieza.

No hay precio oficial, y eso en Dubái es casi una frase hecha: si preguntas cuánto cuesta un Roger Dubuis platino, pieza única y con calendario perpetuo, es que probablemente no estás en el público objetivo. Este es el tipo de reloj que se discute en un salón privado, no en la etiqueta de una vitrina.

Armin Strom One Week Skeleton Rose Gold: siete días de movimiento a la vista

Los relojes esqueletizados tienen una delgada línea entre lo espectacular y lo ilegible.
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Armin Strom lleva años demostrando que se puede abrir el movimiento sin convertirlo en un caos visual. El One Week Skeleton ya era un favorito entre quienes disfrutan viendo “las tripas” del reloj; en esta nueva versión Rose Gold, con oro rosa y detalles en negro, la pieza gana dramatismo sin perder elegancia.

La caja de 41 mm en oro rosa de 18 quilates sirve de marco a un dial casi inexistente, en el que el verdadero protagonista es el calibre manual ARM21-S. Sus dos barriletes en paralelo entregan siete días de reserva de marcha a 25.200 alternancias por hora, y la forma en que Armin Strom recorta puentes y platinas hace que todo parezca una pequeña instalación industrial de lujo. Aristas biseladas, superficies cepilladas y pulidos selectivos muestran que no se trata solo de “quitar material”, sino de diseñar el movimiento para ser visto.

El reloj se completa con una correa textil y hebilla de oro rosa que rebajan un poco la formalidad y permiten imaginarlo tanto con camisa como con camiseta. Limitado a 50 unidades y con un precio en torno a los 47.000 CHF, el One Week Skeleton Rose Gold es un juguete serio para coleccionistas que ya han superado la fase de la primera complicación y buscan algo que hable de ingeniería, no solo de logo.

Louis Erard x Konstantin Chaykin Unfrogettable: el sapo que te devuelve la mirada

Konstantin Chaykin se ha ganado un lugar especial en la relojería contemporánea por una razón muy simple: hace sonreír sin renunciar a la mecánica
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. Sus Wristmons, esos relojes con cara, se han convertido en piezas de culto. La colaboración con Louis Erard toma la rígida seriedad del regulador clásico y la convierte en un sapo de dibujos animados… pero con calibre suizo y acabados de verdad.

En el Unfrogettable, los dos registros superiores forman los ojos del sapo: uno indica las horas, el otro los segundos, con pupilas que van cambiando de posición. Las miradas cruzadas, perdidas o sorprendidas dan al reloj una personalidad propia. Los minutos se leen mediante una aguja central tipo regulador en forma de flecha. Según cómo coincidan las indicaciones, el sapo parece estar alucinado, enfadado o a punto de soltar un chiste.

La caja de titanio grado 5 de 40 mm mantiene el conjunto ligero y cómodo, mientras que en el interior trabaja un Sellita SW266-1 automático, fiable y fácil de mantener. La correa de piel de becerro negra tratada con laca urushi aporta brillo y textura casi cerámica. Hay versión morada para quienes no temen llamar la atención y otra verde y dorada que remata mejor el tema anfibio. Cada color está limitado a 1787 piezas y ronda los 4.500 CHF. Es el ejemplo perfecto de que la alta relojería también puede reírse de sí misma sin perder un ápice de seriedad técnica.

Gérald Genta Gentissima Oursin 41: erizo de mar en modo lujo extremo

Cuando se menciona a Gérald Genta, casi todo el mundo piensa en Royal Oak o Nautilus. Pero la familia Gentissima Oursin recuerda que el diseñador también sabía ser radical. El Oursin original ya levantó cejas con su caja repleta de pequeños “pinchos” metálicos, una mezcla entre erizo de mar y accesorio de club fetichista. A muchos les dolían los ojos; a otros les dolía no poder comprarlo.

La nueva versión de 41 mm apunta directamente a quienes decían que el diseño les fascinaba pero que el tamaño se quedaba corto. El titanio ayuda a que el reloj sea más ligero de lo que su aspecto sugiere, pero la presencia sigue siendo brutal. El dial de meteorito, disponible en verde o azul, suma una capa extra de textura y rareza: cada pieza es única por definición. Bajo ese paisaje espacial, late un movimiento automático Zenith Elite rebautizado como GG-005, con unas 50 horas de reserva de marcha.

La correa de caucho con relieve que imita los pinchos del propio reloj termina de redondear el look. No es una pieza para esconder bajo el puño de la camisa; de hecho, casi pide a gritos manga remangada. En torno a los 25.000 CHF, el Oursin 41 no pretende convencer con argumentos racionales: es una compra puramente emocional, casi performática.

Raúl Tena The Pearl Diver: una escena en miniatura con corazón mecánico

En medio de tanta potencia de marketing, The Pearl Diver del español Raúl Tena es un recordatorio de que la relojería independiente sigue siendo capaz de contar historias propias. La caja de 44 mm, fabricada por Voutilainen-Cattin, puede pedirse en acero, titanio, oro o platino, pero el verdadero impacto llega cuando se mira el dial.

En él, una pequeña escultura de un buceador en oro se lanza a por una perla auténtica del Golfo Pérsico, todo sobre un fondo de esmalte pintado a mano que recrea el mar. Es difícil verlo como un “simple” reloj: se comporta más como una micromaqueta artística en la muñeca. Detrás está el calibre manual RT01, desarrollado por Tèlôs junto con Tena y decorado por Comblémine. Combina horas saltantes, minutos retrógrados y doble barrilete, con más de 60 horas de reserva de marcha.

El salto de la aguja de minutos al final de la escala, volviendo al inicio, añade un ritmo teatral al conjunto. Limitado a solo cinco piezas, The Pearl Diver es el tipo de reloj que podría colgar perfectamente en la pared de una galería… si no fuera porque está pensado para vivir al nivel del pulso.

Louis Vuitton Escale Malachite y Escale Turquoise: la piedra como arquitectura

Los diales de piedra llevan años apareciendo en catálogos: malaquita, turquesa, ónix, lo que se te ocurra. El problema es que muchas veces se usan como simple “fondo bonito”. Louis Vuitton decidió ir un paso más allá con los nuevos Escale Malachite y Escale Turquoise. En lugar de limitar la piedra al dial, la convierte en parte estructural de la caja.

Ambos modelos montan cajas de platino de 39 mm, pero la mirada se va directamente al carrura: un anillo tallado de un solo bloque de piedra, malaquita en un caso y turquesa en el otro. Las vetas naturales continúan de forma fluida alrededor de la caja, dando la sensación de que el reloj ha sido esculpido en lugar de ensamblado. El resto del diseño mantiene el lenguaje limpio de la línea Escale: asas elegantes, dial equilibrado, nada que compita con la piedra.

Cada versión está limitada a 30 unidades y se mueve en la franja de los 65.500 euros. Son relojes pensados para coleccionistas a los que un simple “dial de piedra” ya les sabe a poco y que quieren llevar literalmente un trozo de geología refinada en la muñeca.

Por qué la Dubai Watch Week importa tanto

Vistos juntos, estos relojes explican por qué la Dubai Watch Week ha pasado en pocos años de ser “la feria nueva” a una parada obligatoria del calendario. No se trata solo de vender piezas – aunque venta hay, y mucha – , sino de marcar territorio creativo. Aquí las marcas enseñan de qué son capaces cuando el límite ya no es el presupuesto, sino la imaginación del diseñador y la paciencia del relojero.

Roger Dubuis demuestra que puede ser poético sin dejar de ser él mismo. Armin Strom enseña cómo un esqueleto puede ser legible, ordenado y casi arquitectónico. Louis Erard y Konstantin Chaykin recuerdan que el humor también merece un sitio en la alta relojería. Gérald Genta vuelve a poner la provocación en la mesa. Raúl Tena aporta la mirada íntima del creador independiente. Y Louis Vuitton confirma que ha pasado de “marca de moda con relojes” a jugador serio con un lenguaje propio.

Para la mayoría de nosotros, todo esto seguirá viviendo en fotos, vídeos y comentarios sarcásticos desde el sofá. Pero esa también es parte de la gracia: disfrutar, criticar, reírse un poco y, de paso, entender hasta dónde puede llegar la relojería cuando deja de preguntarse si algo es razonable y empieza a preguntarse si es memorable.

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