El mercado mundial de memoria vive un momento histórico: la demanda de DRAM se dispara, pero los dos gigantes que mandan en el sector, Samsung y SK hynix, pisan el freno en lugar de acelerar. En vez de inundar el mercado con chips y abaratar la RAM, su mensaje es claro: primero rentabilidad a largo plazo, después el bolsillo del consumidor. 
El resultado ya se nota en cualquier tienda de hardware: kits de DDR5, ampliaciones de portátil e incluso tarjetas gráficas que incorporan mucha memoria cuestan bastante más que hace unos meses.
Para quien solo quiere montar un PC nuevo o alargar la vida de su equipo, la situación es frustrante. Durante años la RAM fue el upgrade barato por excelencia: ponías unos gigas extra y la máquina respiraba. Ahora ese mismo gesto se ha convertido en un lujo relativo. Detrás de este cambio hay una combinación explosiva: una oferta deliberadamente contenida y un salto brutal del consumo de memoria provocado por la fiebre de la inteligencia artificial.
Del hundimiento pospandemia al superciclo de la IA
La prudencia de Samsung y SK hynix no aparece de la nada. Tras el pico de demanda durante la pandemia, llegó la resaca: se enfriaron las ventas de PCs y móviles, las empresas recortaron pedidos, los almacenes se llenaron de chips sin vender y los precios de la DRAM se desplomaron. Para sobrevivir a esa fase, los fabricantes recortaron producción, retrasaron nuevas fábricas y ajustaron al máximo sus inversiones. Esas tijeras en la capacidad no se deshacen con un chasquido de dedos: siguen marcando el techo físico de lo que se puede producir hoy.
Justo cuando las líneas funcionaban a medio gas, apareció el siguiente gran tsunami: la IA generativa, los modelos de lenguaje gigantes, los servicios en la nube que necesitan enormes cantidades de memoria rápida. Cada servidor que ejecuta estas cargas de trabajo va cargado de DRAM, y los aceleradores de IA de alta gama se acompañan de pilas de HBM, una memoria mucho más compleja que también nace de las mismas obleas. Todo wafer que termina en HBM para centros de datos es un wafer que no alimenta módulos DDR5 para el usuario doméstico.
CAPEX con freno de mano y escasez planificada
En este contexto, Samsung ha sido inusualmente transparente: quiere evitar a toda costa una nueva fase de sobreoferta. Eso se traduce en un plan de inversión (CAPEX) muy medido, donde las ampliaciones de capacidad se dosifican, las fábricas existentes se mantienen al máximo rendimiento rentable y los contratos con clientes se acortan para poder reflejar subidas de precio casi en tiempo real. SK hynix se ha colocado en la misma línea: menos obsesión por el volumen, más foco en defender márgenes altos.
Sobre el papel, es una estrategia racional para un sector cíclico que lleva décadas alternando épocas de precios por los suelos con otras de bonanza. Pero para los usuarios que ven cómo el presupuesto de RAM se come una parte creciente del PC, suena a otra cosa: a escasez gestionada desde arriba. Cuando los dos proveedores que concentran la mayor parte de la producción global hablan de disciplina de oferta al mismo tiempo, es inevitable que aparezca la palabra “cartel” en los debates.
¿Disciplina de mercado o cartel de facto?
La industria de memoria ya ha sido sancionada en el pasado por pactar precios y comportamientos. Ese historial pesa. Por eso, muchos entusiastas leen la situación actual como una versión sofisticada de la vieja historia: se limita la producción, se culpa al “boom de la IA” y se aprovecha cada punto de tensión para subir tarifas. Mientras tanto, los segmentos más rentables – HBM para aceleradores de datos, memorias para grandes nubes – tienen prioridad absoluta frente al simple kit de 32 GB que mira un jugador en una tienda online.
En las comunidades de hardware, el tono oscila entre la resignación y la burla. Se habla de “máfia de la RAM”, se recuerda que ya hubo condenas por manipulación de precios y se acusa a los fabricantes de copiar el manual de ciertos líderes del sector GPU: aprieta la oferta, haz ruido con la narrativa de la demanda infinita y disfruta de trimestres gloriosos mientras el resto del ecosistema paga la cuenta.
Reguladores, China y la carrera por nuevas fábricas
A medida que la memoria se convierte en infraestructura estratégica para la IA, las telecomunicaciones y la nube, también crece la presión política. ¿Tiene sentido que un componente tan crítico dependa de las decisiones de unos pocos grupos empresariales? Algunas voces piden más transparencia en los planes de producción, otras van más allá y plantean que, en situaciones de escasez extrema, los reguladores puedan exigir cierto nivel mínimo de oferta para evitar abusos.
La otra gran esperanza es la competencia. En China, varios fabricantes de DRAM y NAND intentan ganar terreno con una fuerte inyección de dinero público, y a medio plazo quieren jugar también en la liga de la HBM para IA. El problema es que en la zona alta de la tecnología no basta con meter muchas obleas: hay que lograr un rendimiento por oblea suficientemente alto para que los números cierren. Las restricciones de exportación de maquinaria avanzada complican aún más ese salto. En paralelo, en Estados Unidos, Europa y otras regiones se anuncian mega-fábricas para reducir la dependencia de Asia, pero la mayoría no estará madura hasta dentro de varios años.
¿Burbuja de IA o nuevo suelo para la memoria?
Sobre todo esto planea una duda incómoda: ¿estamos en plena burbuja de IA o ante un cambio estructural definitivo? Los escépticos ven paralelismos claros con el boom de las criptomonedas: mientras el entusiasmo es máximo, nadie cuestiona pagar de más por hardware; cuando el aire se escapa, quedan plantas sobredimensionadas y precios derrumbados. Los optimistas responden que, incluso si el hype se enfría, la base instalada de servicios y modelos seguirá necesitando mucha más memoria que en la era pre-IA, de modo que la demanda nunca volverá al punto de partida.
Samsung y SK hynix parecen posicionarse para ambos escenarios: no tiran la casa por la ventana con inversiones descontroladas, para no quedar atrapadas en otra crisis de sobreoferta, y al mismo tiempo aprovechan cada trimestre de precios fuertes. Desde su perspectiva, unos años de quejas por RAM cara son un peaje asumible frente al riesgo de un nuevo hundimiento del mercado.
Qué significa esto para quien quiere actualizar su equipo
Para el usuario de a pie, el mensaje es claro: en los próximos trimestres no conviene esperar una caída espectacular de precios. Hay analistas que ya hablan de tensiones de oferta hasta 2028, y los contratos cortos permiten que cualquier repunte de la demanda se traduzca muy rápido en el mostrador. Muchos aficionados están aplazando montajes, reutilizando plataformas DDR4 y optando por módulos más lentos pero mucho más asequibles, como DDR5 con latencias elevadas, simplemente para cuadrar el presupuesto.
En los foros, las bromas sobre módulos “no binarios” de 24 GB conviven con la sensación de que cada frame extra en un juego cuesta el doble que hace un par de años. Aun así, los consumidores no están totalmente desarmados: si una masa crítica decide esperar, reducir compras impulsivas y exprimir más tiempo sus equipos, la capacidad de los fabricantes para mantener precios desbocados se reduce. A medio plazo, la entrada de nuevos actores y la puesta en marcha de nuevas fábricas también deberían poner presión a la vieja guardia.
Hasta que eso ocurra, sin embargo, Samsung y SK hynix seguirán marcando el ritmo del mercado de DRAM. Y quien hoy esté planificando un PC para jugar, trabajar con IA o editar vídeo tendrá que asumir una nueva realidad: la memoria ya no es el componente barato que se añade al final, sino una de las partidas que más pesan en la factura final.
2 comentarios
Esto ya no parece oferta y demanda normal, huele a escasez diseñada en PowerPoint más que a problema real de fábricas 😂
Cuando el hype de la IA baje y el mercado se llene de RAM barata, quiero ver la cara de más de uno; de momento, mi cartera se queda cerrada