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Cómo el tropiezo del iPhone 17 Air frena la moda de los flagships ultrafinos

por ytools
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El iPhone 17 Air nació para ser el gran golpe de efecto de Apple en diseño: el iPhone más delgado de la generación, ligerísimo, casi un trofeo de bolsillo para quien vive de imagen y minimalismo. Sobre el papel, era el típico producto que marca tendencia.
Cómo el tropiezo del iPhone 17 Air frena la moda de los flagships ultrafinos
En la vida real, se ha convertido en un aviso para todo el sector. Según informes de la cadena de suministro, las ventas tibias del Air han llevado a gigantes chinos como Xiaomi, Oppo y vivo a frenar o cancelar sus propios proyectos de móviles ultrafinos.

La lógica detrás de estos modelos parecía de primero de marketing: si a la gente le gustan los móviles elegantes, hagámoslos lo más finos posible. Pero el espacio dentro de un teléfono no entiende de eslóganes. Un cuerpo extremadamente delgado casi siempre implica baterías más pequeñas, sensores de cámara recortados, altavoces con menos volumen y sistemas de refrigeración al límite. En el iPhone 17 Air todo eso se nota: menos horas de pantalla encendida, una única cámara trasera en lugar de un set versátil y caídas de rendimiento cuando el procesador se calienta con juegos o vídeo prolongado.

Lo que ocurre en las fábricas confirma la tendencia. Foxconn, socio clave de Apple, habría reducido líneas de producción vinculadas al Air, mientras que Luxshare habría pausado directamente el ensamblaje del modelo. El diseñador responsable del proyecto ya no está en la compañía y un sucesor claro del Air se habría quedado en segundo plano en la hoja de ruta. Cuando incluso Apple, famosa por insistir en sus apuestas polémicas, empieza a pisar el freno, el resto de fabricantes toma nota.

En el lado Android pasa algo muy parecido. El Galaxy S25 Edge, la apuesta de Samsung por un tope de gama más fino y ligero, tampoco estaría cumpliendo las expectativas de venta. Los rumores apuntan a que su sucesor se habría cancelado antes de salir del papel. Sumado al tropiezo del iPhone 17 Air, el mensaje que se escucha en el mercado es claro: la moda de los ultrafinos ha perdido fuerza mucho antes de consolidarse.

Si uno habla con usuarios de a pie, la explicación es casi de sentido común. Muy poca gente está dispuesta a sacrificar horas de batería, una cámara extra o un buen sonido estéreo solo por ganar uno o dos milímetros menos de grosor. Al final del día lo que se busca es un móvil que aguante de la mañana a la noche, que saque fotos dignas y no dé miedo cada vez que se cae. Y para rematar, la mayoría le pone una funda voluminosa nada más sacarlo de la caja, anulando cualquier ventaja visual de ser más fino.

El problema se hace aún más evidente cuando se mira el precio. El iPhone 17 Air es más caro que el iPhone 17 estándar, pero sobre el papel ofrece menos: batería reducida, configuración de cámara más simple y un audio que no destaca sobre el modelo base. En el mundillo se habla mucho de paridad de prestaciones: si pagas más por una variante, esperas como mínimo no perder funciones. Hay fans dispuestos a pagar un extra por un diseño más delgado, sí, pero no si eso significa renunciar a autonomía y versatilidad. El Air nunca llegó a ese equilibrio y la etiqueta de “pagar más por menos” se le ha quedado pegada.

Lo irónico es que Apple, en términos de negocio, tampoco sale tan mal parada. El Air funciona a la vez como laboratorio de ingeniería y producto señuelo. Por un lado, sirve para probar chasis extremos, nuevas soluciones de batería y refrigeración que podrían alimentar un futuro iPhone plegable. Por otro, coloca al usuario ante una comparación estratégica: cuando se revisan especificaciones y compromisos, muchos acaban subiendo al 17 Pro o 17 Pro Max, donde el margen para Apple es bastante mayor. Los fabricantes chinos que quisieron copiar solo la silueta, sin copiar la estrategia, se han quedado con prototipos ultrafinos que ahora nadie se atreve a lanzar.

¿Significa todo esto que los móviles delgados no tienen futuro? No necesariamente. Un modelo bien planteado podría funcionar si respeta las expectativas básicas de 2025: batería en torno a los 4.000–4.500 mAh, un conjunto de cámaras completo, buenos altavoces estéreo y refrigeración capaz de aguantar sesiones largas de juego y uso intensivo. En ese escenario, la delgadez deja de ser una renuncia dolorosa para convertirse en un plus real. En la gama media-alta, donde el público entiende mejor los compromisos, un “peso pluma” bien diseñado podría incluso convertirse en objeto de culto.

La historia del iPhone 17 Air y del Galaxy S25 Edge no anuncia el fin del diseño, sino el fin del lema “cuanto más fino, mejor” a cualquier precio. Los compradores actuales valoran la estética, pero no son ingenuos: quieren un móvil bonito, sí, pero también resistente, con batería que no muera a media tarde y cámaras que no parezcan sacadas de un modelo de hace tres años. Quien se atreva con la próxima generación de ultrafinos tendrá que demostrar que se puede ser elegante sin mutilar lo esencial; de lo contrario, acabará engrosando la misma lista de advertencias en la que el Air ya ocupa un lugar destacado.

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