El Galaxy S26 Ultra ni siquiera ha sido presentado de forma oficial y ya hay algo que todo el mundo tiene claro: barato no va a ser. La familia Ultra se ha convertido en el escaparate tecnológico de Samsung, el lugar donde la marca enseña todo lo que sabe hacer en rendimiento, cámara, pantalla, IA y productividad. 
Por eso el debate real no es si el S26 Ultra será caro, sino si la compañía se atreverá a subir todavía más el listón, mantenerlo en la misma franja o jugar con una estrategia de precios más sutil dentro de la serie S26.
Para terminar de liar las cosas, vivimos en un bombardeo constante de filtraciones, insiders y capturas borrosas de supuestas listas de precios. Un día aparece un rumor que habla de subida generalizada, al siguiente alguien afirma que Samsung repetirá la misma cifra del año pasado, y una tercera fuente jura que solo habrá cambios en determinados países. Para quien sigue todo esto desde fuera, la sensación es clara: demasiado ruido, demasiadas versiones y muy pocas certezas. Cada vez más usuarios dicen abiertamente que ya no se creen nada hasta que ven al directivo de turno en el escenario con la diapositiva oficial.
Si miramos hacia atrás, se entiende mejor cómo hemos llegado a esta zona tan alta del mapa de precios. El Galaxy S23 Ultra se movía en torno a los 1199 dólares de salida. Con el Galaxy S24 Ultra, Samsung dio el salto a unos 1299 dólares, y el S25 Ultra consolidó esa cifra como el nuevo normal para su buque insignia clásico, es decir, el modelo que no se dobla. A partir de ahí, cualquier cambio deja de ser un simple ajuste y se convierte en una señal clara de hacia dónde quiere ir la marca.
Ahora mismo, los rumores sitúan al Galaxy S26 Ultra en una horquilla aproximada de 1299,99 a 1399,99 dólares según memoria y región. Traducido: es perfectamente posible que el modelo base repita los 1299 dólares, pero también hay margen para un empujón de 100 dólares si Samsung decide que puede justificarlo. Todo esto mientras el iPhone 17 Pro Max, el tope de gama de Apple, seguiría ligeramente por debajo en su configuración de entrada. En otras palabras, incluso sin subir ni un céntimo, Samsung ya juega en la liga más cara de los móviles que no se pliegan.
| Modelo | Precio de lanzamiento (base) |
|---|---|
| Galaxy S23 Ultra | 1199,99 $ |
| Galaxy S24 Ultra | 1299,99 $ |
| Galaxy S25 Ultra | 1299,99 $ |
| Galaxy S26 Ultra (rumor) | 1299,99–1399,99 $ |
Antes de enfadarse con cualquier posible subida, conviene recordar qué tipo de dispositivo es el Galaxy S26 Ultra. Todo apunta a que volverá a ser el todo incluido de Samsung: chip de próxima generación al nivel de un Snapdragon 8 Elite Gen 5 o equivalente, mucha RAM, almacenamiento rápido, funciones de IA ejecutándose en el propio teléfono, el S Pen integrado, una pantalla LTPO de alta frecuencia de refresco y un módulo de cámaras pensado para cubrir desde el gran angular hasta el zoom lejano.
El problema es que, según las filtraciones actuales, el salto frente al Galaxy S25 Ultra no suena precisamente a revolución. La batería seguiría en torno a los 5000 mAh, una cifra que hace unos años impresionaba y hoy compite con rivales que ya rozan los 7000 mAh. El bloque de cámaras mantendría la misma filosofía general, con la posibilidad incluso de que el teleobjetivo de 3x estrene un sensor físicamente más pequeño. Se habla de algo más de velocidad de carga, de un panel con trucos orientados a la privacidad y de mejoras de software, pero todo encaja más con una evolución ordenada que con un salto de generación espectacular.
Ahí es donde entra la tensión: cuando un teléfono roza o supera los 1300 dólares, el usuario espera ver cambios claros, no solo ajustes finos. Si el nuevo Ultra se percibe como una versión ligeramente pulida del anterior, cualquier intento de subir el precio se convierte en un tema delicado a nivel de imagen y de ventas. La sensación de pagar mucho más por algo similar es exactamente lo que Samsung va a querer evitar.
El motivo principal por el que un aumento sigue estando sobre la mesa no está en el marketing, sino en la cadena de suministro. El mercado de memoria vive un momento especialmente tenso. La demanda de DRAM se ha disparado por culpa, o gracias, a los centros de datos dedicados a IA. Grandes nubes y empresas tecnológicas compran cantidades enormes de memoria de alto rendimiento, y fabricantes como Samsung sacan mucho más margen vendiendo esos chips fuera que reservándolos en condiciones ventajosas para su propio negocio de móviles.
En los últimos meses, varios informes hablan de subidas de hasta un 60 por ciento en determinados tipos de RAM. En muchos distribuidores, los precios se han colocado en el doble o el triple de lo que se consideraba normal hace poco tiempo. Hay tiendas que directamente dejan de fijar una cifra estable y pasan a vender prácticamente a precio de día, como si fueran productos frescos de mercado, con la etiqueta cambiando según la temporada.
Dentro de Samsung, eso genera fricción entre divisiones. El equipo de Mobile, responsable de los Galaxy, querría contratos largos para asegurar memoria a buen precio para toda la familia S26. La división de semiconductores, en cambio, mira al exterior y se pregunta por qué debería dejar dinero encima de la mesa vendiendo barato dentro de casa si fuera pagan muchísimo más. El resultado es que la parte móvil se ve obligada a comprar DRAM en ciclos más cortos y menos favorables, con menos margen de maniobra cuando el mercado se calienta.
Cuando un chip de 12 GB empieza a rondar los 70 dólares, prácticamente duplicando su coste frente a hace unos meses, la factura de fabricar cada terminal sube de forma muy real. Súmale transporte, salarios, impuestos, marketing, desarrollo de software y todo lo demás, y esos 100 dólares extra de precio final ya no suenan tan exagerados desde el punto de vista del fabricante. Son, en parte, una forma de no ver cómo la rentabilidad se esfuma en plena fiebre de la IA.
Frente a eso, también hay argumentos muy sólidos para mantener los 1299 dólares. Para un móvil que no se dobla, esa cifra ya es una barrera psicológica importante. Cada escalón adicional reduce el público potencial y empuja a más gente hacia modelos más baratos, o directamente a aguantar un año más con el teléfono que ya tienen. Más aún cuando el S26 Ultra, tal y como se perfila, no parece un salto tan grande respecto al S25 Ultra como para justificar un nuevo golpe al bolsillo.
La competencia tampoco se queda quieta. Aunque Apple no juegue precisamente en la gama baja, su modelo grande puede seguir siendo algo más barato o muy similar en precio en varios mercados. Y por debajo se están moviendo marcas chinas con propuestas cada vez más agresivas: especificaciones potentes, baterías enormes y precios que muchas veces dejan a Samsung en una posición incómoda. En ese contexto, un movimiento brusco hacia arriba en el precio del Ultra podría interpretarse como un error de lectura del mercado.
Por eso gana fuerza un tercer escenario, intermedio y bastante creíble: Samsung mantiene el precio oficial del Galaxy S26 Ultra en torno a los 1299 dólares, pero reordena el resto de la gama. El Galaxy S26 básico y el S26 Plus podrían ser los que asuman el grueso del encarecimiento, recortando distancia con el Ultra. Sobre el papel, el modelo estrella no sube de precio, pero el ticket medio de la familia S26 sí lo hace y el usuario acaba pagando más por tener una experiencia similar.
Además, la empresa tiene margen para jugar con los detalles. Puede ajustar la configuración de memoria base en ciertos países, acortar la duración de las promociones de lanzamiento, endurecer las condiciones de los planes de renovación y ser menos generosa con los cupones y los regalos. Todo eso no cambia la cifra que aparece en la diapositiva, pero sí la sensación real de cuánto cuesta entrar en el ecosistema Ultra en 2026, sobre todo para quien no llega con un móvil antiguo listo para entregar.
Al final, si juntamos todas las piezas, el panorama es este: el Galaxy S26 Ultra seguirá siendo un móvil muy caro, prácticamente seguro. La combinación de memoria más costosa, carrera por la IA y presión interna por mantener márgenes hace que un aumento tenga lógica. Pero el miedo a espantar a la base de fans y la naturaleza relativamente continuista del salto de generación empujan en la dirección contraria. Lo más probable es que veamos algún tipo de compromiso: pequeños ajustes según región y versión, una reorganización de la familia S26 y un discurso oficial en el que Samsung pueda decir que el Ultra no ha subido de precio, aunque el usuario que mira el total del carrito quizá opine otra cosa.
Y ante las filtraciones, la mejor postura sigue siendo la cautela. En los últimos años hemos visto demasiadas tablas de precios definitivas que desaparecían o se corregían a última hora. La única apuesta segura hoy es que el Galaxy S26 Ultra seguirá jugando en la liga de los teléfonos muy caros. Si eso significa repetir los 1299 dólares o acercarse a los 1399, solo lo sabremos cuando Samsung suba al escenario y ponga la cifra en grande en la pantalla.
1 comentario
Es que ya ni sé a qué filtración hacer caso… cada día un precio distinto, parece telenovela de rumores 😂