El Galaxy S26 Ultra se perfila como uno de esos móviles que, sobre el papel, parecen una simple evolución, pero que en el uso diario pueden sentirse como un salto de generación. La clave no estaría en una nueva cámara milagrosa ni en un cambio brutal de diseño, sino en un componente del que casi nadie habla: la memoria RAM. Según las filtraciones, Samsung mantendría el estándar LPDDR5X en lugar de dar el salto a LPDDR6, pero aumentaría de forma notable el ancho de banda, pasando de los 8,5Gbps del Galaxy S25 Ultra a unos 10,7Gbps en el Galaxy S26 Ultra. Un número un poco más alto en la hoja de especificaciones, sí, pero con consecuencias muy reales para la cámara, el vídeo, el rendimiento sostenido y el consumo.
Las fuentes que siguen de cerca a Samsung aseguran que estos nuevos módulos LPDDR5X no solo serán más rápidos, sino también más eficientes, ya que trabajarían a un voltaje más bajo. En la práctica, eso significa que el teléfono podrá mover más datos con menos gasto energético y menos calor. 
Para un buque insignia que combina un SoC de gama alta, un sensor principal de 200 MP, modos de grabación en 4K y 8K y una capa creciente de procesamiento con IA, este equilibrio entre velocidad y eficiencia es justo lo que hace la diferencia entre un móvil que se ve potente y uno que realmente se siente fluido después de meses de uso intenso.
La RAM como mejora oculta de la cámara
Donde este aumento de ancho de banda puede notarse antes que en ningún otro sitio es en el módulo de cámara. Todo apunta a que Samsung repetirá con un sensor principal de 200 MP en el Galaxy S26 Ultra, pero la forma en que ese sensor se aprovecha podría cambiar mucho. Capturar un fotograma a 200 MP o incluso una foto combinada con píxeles agrupados genera una cantidad enorme de información que tiene que pasar a toda velocidad por la RAM antes de que la NPU y el ISP la procesen.
Con una memoria capaz de alcanzar los 10,7Gbps, el S26 Ultra debería ser capaz de leer y vaciar ese búfer entre un 20 y un 25 % más rápido que el S25 Ultra. ¿Qué implica esto para el usuario? Menos tiempo entre pulsar el disparador y el momento exacto en el que se captura la imagen, menor riesgo de trepidación por el pulso o por un sujeto en movimiento y ráfagas más consistentes. Además, la NPU puede empezar antes con tareas como el apilado de múltiples fotos, el tratamiento agresivo del ruido y la recuperación de texturas finas, sin que la sensación sea la de una cámara lenta o pesada.
En fotografía nocturna el impacto puede ser todavía mayor. Los modos noche actuales se basan en combinar varias exposiciones con diferentes tiempos de captura y luego aplicar modelos de IA cada vez más complejos. Si el cuello de botella de la RAM se reduce, el sistema puede capturar más tomas en el mismo tiempo, probar más combinaciones y permitirse algoritmos más avanzados sin alargar la espera. El resultado que Samsung persigue es claro: escenas oscuras mejor iluminadas, menos ruido cromático, luces más controladas y detalles en pelo, hojas o piel que no se pierdan en un borrón acuarelado.
Vídeo 4K y 8K: menos tirones, más estabilidad
El vídeo es otro campo donde el ancho de banda manda
. Grabar en 4K con alto bitrate ya supone un reto para la memoria; grabar en 8K es directamente implacable. Si el sistema no da abasto, tiene que recortar por algún lado: baja el bitrate, sube la compresión, aparecen microcortes o se pierden fotogramas. Con la LPDDR5X más rápida, el Galaxy S26 Ultra debería disponer de margen adicional para mantener flujos de datos estables tanto en 4K como en 8K, sin esos pequeños tropiezos que arruinan una grabación importante.
Y la historia no termina cuando se detiene la grabación. Después llegan el guardado, el procesado HDR, los filtros, la exportación a la galería o a redes sociales. Todas estas tareas dependen directamente de la velocidad de la RAM y de la coordinación con la NPU y la GPU. Las filtraciones hablan de hasta un 30 % de mejora en los tiempos de exportación frente al Galaxy S25 Ultra, especialmente con clips largos o proyectos pesados. En fotografía, ese extra de ancho de banda permite aplicar HDR más avanzado y segmentación de retratos con mayor precisión, sin que el obturador se vuelva desesperadamente lento.
Menos calor, más rendimiento sostenido
La otra cara de la moneda está en la temperatura. Al trabajar a menor voltaje, la nueva LPDDR5X promete reducir el consumo energético y, por extensión, el calor generado. En un chasis delgado de cristal y metal, unos pocos grados de diferencia pueden determinar si el procesador y la GPU pueden mantener sus frecuencias máximas durante varios minutos o si tienen que bajar el ritmo a la primera señal de estrés térmico.
Los primeros cálculos hablan de una mejora de entre el 10 y el 15 % en términos de termals respecto al S25 Ultra bajo cargas similares. Traducido a la vida real, eso significa sesiones de juego más largas antes de notar caídas bruscas de FPS, grabaciones en 4K y 8K más prolongadas sin que el móvil se convierta en una estufa, y menos necesidad de recortar rendimiento en plena tarea de IA pesada. Son mejoras discretas, pero son justo las que marcan la diferencia cuando el dispositivo lleva un año en tu bolsillo y sigue respondiendo con soltura.
La eterna cuestión: los mismos 5000 mAh
Con todo, hay un tema que sigue generando debate: la batería. Desde hace varias generaciones, la serie Ultra ronda los 5000 mAh y muchos usuarios sienten que Samsung se ha quedado cómoda en ese número. Para una parte de la comunidad, ver una cifra mayor es casi tan importante como cualquier otra mejora, y el hecho de que la capacidad no cambie se interpreta como falta de ambición, sobre todo cuando el precio sube y las cámaras se multiplican.
Desde el lado técnico, la estrategia de Samsung parece ir por otro camino: no tanto aumentar la batería, sino gastar menos para que esos mismos 5000 mAh rindan más. Una memoria más eficiente, un SoC más pulido y una pantalla optimizada pueden dar más horas de pantalla sin tocar la capacidad. Pero la percepción no siempre sigue a la ingeniería: es más fácil convencer a la gente con un salto a 5500 o 6000 mAh que explicando las ventajas de la LPDDR5X a 10,7Gbps.
Conclusión: un salto silencioso, pero importante
El Galaxy S26 Ultra aún no se ha presentado oficialmente, pero las piezas que vamos conociendo dibujan un patrón claro: la actualización de RAM no es un detalle menor, sino el núcleo sobre el que se construyen el resto de mejoras. Una LPDDR5X más rápida y eficiente puede transformar la experiencia de cámara, vídeo, gaming y multitarea, incluso si el sensor principal y la capacidad de la batería parecen casi los mismos sobre el papel.
La última palabra la tendrán los análisis y las pruebas de los usuarios cuando el móvil salga al mercado y empiecen las comparativas directas con el S25 Ultra. Pero todo apunta a que este será uno de esos casos en los que un componente invisible, el ancho de banda de la RAM, decidirá si el Galaxy S26 Ultra se siente como un verdadero salto generacional o como otro Ultra más con un nombre nuevo.
1 comentario
si One UI se mantiene fluida después de un año y no empieza a laggear, sabremos que este upgrade de RAM no es solo humo 🤔