No todos los aniversarios de una colección se celebran por todo lo alto. Algunos se reducen a una esfera nueva y una placa en el fondo. Girard-Perregaux decidió ir por el camino opuesto con el 50 aniversario del Laureato. La firma ha unido su reloj deportivo de brazalete integrado con una de sus señas de identidad históricas, los célebres Tres Puentes, y lo ha coronado con un tourbillon. 
Así nace el Laureato Three Gold Bridges, una pieza que no busca pasar desapercibida ni convencer a todo el mundo, sino hablar directamente a los coleccionistas que viven la relojería desde la emoción y la mecánica.
50 años de Laureato y un nuevo punto de partida
El Laureato vio la luz por primera vez en 1975, en plena era del cuarzo, con un diseño de líneas tensas, bisel geométrico y brazalete integrado. Con los años entró y salió del catálogo, cambió de proporciones y de carácter, hasta consolidarse como una de las propuestas de acero de lujo de la casa. En 2025, para celebrar el medio siglo de vida, Girard-Perregaux no se conformó con una simple reedición; rehízo por completo la arquitectura de caja y brazalete.
Ese lenguaje renovado apareció primero en el Laureato Fifty y ahora se convierte en la base del Laureato Three Gold Bridges
. En fotos puede recordar mucho al Laureato anterior, pero según la marca no comparte ni una sola pieza con la generación saliente. Cambian las proporciones, cambian las transiciones entre superficies, cambia la ergonomía del brazalete. En esta versión, la caja mide 41 mm de diámetro y alrededor de 10,9 mm de grosor, cifras muy contenidas para un tourbillon esqueletizado que se abre tanto por delante como por detrás.
Los Tres Puentes: historia convertida en diseño
Para entender por qué esta pieza es importante para Girard-Perregaux hay que retroceder hasta el siglo XIX. Ya en la década de 1860 la manufactura empezó a disponer sus movimientos con tres puentes paralelos que cruzaban el calibre de lado a lado y sujetaban las zonas clave: barrilete, tren de ruedas y órgano regulador. Lo que era una solución técnica se convirtió rápidamente en una firma estética reconocible a metros de distancia.
El éxito fue tal que la casa decidió proteger legalmente la arquitectura de los Tres Puentes, porque otros relojeros intentaron copiarla. 
Desde entonces, este esquema ha pasado por relojes de bolsillo premiados, piezas clásicas de oro y creaciones contemporáneas totalmente esqueletizadas. La idea central, sin embargo, no ha cambiado: tres vigas horizontales que estructuran el movimiento y convierten la maquinaria en un elemento de diseño en sí mismo. En el Laureato Three Gold Bridges, ese código histórico se traslada a un contexto muy actual: caja de acero, brazalete integrado y una estética claramente deportiva de alta gama.
Calibre GP09620-2206: tourbillon, microrrotor y 303 componentes
Debajo del cristal de zafiro frontal y del fondo visto late el calibre automático de manufactura GP09620-2206, derivado de la familia GP09400 pero mucho más abierto y teatral. Está formado por 303 componentes, funciona a 3 Hz y ofrece una reserva de marcha de unas 55 horas. Para el armado descentrado, Girard-Perregaux recurre a un microrrotor de platino situado en la periferia del barrilete, a la altura de las 12 en punto. Desde la esfera se aprecia el contorno del barrilete y la corona de rubíes, pero el rotor casi se adivina más que se ve.
La disposición es la tradicional de los Tres Puentes: arriba, el barrilete; en el centro, el tren de engranajes; abajo, el tourbillon a las 6, cuya jaula actúa también como pequeño segundero. No hay fecha, ni indicador de reserva de marcha ni ninguna complicación adicional que distraiga
. La complicación es la propia arquitectura del movimiento. El nivel de acabado está a la altura del precio: biseles pulidos a mano, ángulos bien definidos, superficies cepilladas y pulidas que cambian de tono según la luz y un trabajo de esqueletizado que deja lo mínimo imprescindible de materia.
Acero, oro blanco y una paleta en clave plata
El nombre del reloj no engaña: las tres estructuras que dominan el movimiento están realizadas en oro blanco de 18 quilates. Lo mismo ocurre con el bisel octogonal y con las agujas facetadas. Tanto la caja como el brazalete, por su parte, son de acero. Sobre el papel podríamos hablar de un Laureato de acero; en la práctica, la mezcla de metales nobles y el nivel de trabajo lo sitúan claramente en la zona más alta de la colección.
Visualmente, todo se mueve en una gama muy fría: tonos de plata, reflejos grises, brillo blanco del rodio. En medio de este paisaje monocromático, los rubíes del movimiento se convierten en autenticas chispas de color. Girard-Perregaux juega con ello y opta por chatones generosos, que acentúan el efecto de pequeñas manchas rojas flotando en una escultura metálica. Es una estética muy arquitectónica, casi clínica, que encantará a quienes prefieren relojes limpios y técnicos. Otros echarán de menos más contraste y recordarán las versiones esqueletizadas anteriores con tratamiento antracita, donde las agujas claras eran mucho más legibles.
Legibilidad: cuando el espectáculo manda
Cualquier esfera esqueletizada implica renuncias en legibilidad, y el Laureato Three Gold Bridges no es la excepción. La buena noticia es que la marca ha trabajado para que el reloj siga siendo utilizable. Las agujas son suficientemente grandes, el realce perimetral integra una escala de minutos bien marcada y los índices aplicados, igual que las agujas, llevan material luminiscente. En interiores o con luz suave, la hora se lee razonablemente bien, y en la oscuridad aparece un toque deportivo inesperado para un tourbillon de este nivel.
El problema llega en días muy soleados o con reflejos fuertes. En esos casos, el brillo de los puentes, del movimiento y de las propias agujas juega en contra, y la lectura rápida se complica. El resultado es un reloj que se mira tanto para admirar la mecánica como para saber qué hora es. Los aficionados más clásicos, los que siguen defendiendo que un reloj debe darle la hora de un vistazo, no se sentirán del todo satisfechos. Y esas comparaciones con el Laureato Skeleton de movimiento oscuro, donde todo se leía mejor, son inevitables.
Dicho esto, también es cierto que difícilmente alguien va a comprar un Three Gold Bridges como único reloj para el día a día. Quien invierte en un tourbillon de seis cifras suele buscar justamente esa sensación de teatro mecánico constante: ver girar la jaula, seguir la línea de los Tres Puentes, disfrutar de cada reflejo. La función pura pasa a un segundo plano, y el propio reloj parece aceptarlo sin complejos.
En la muñeca: ergonomía y brazalete revisado
Más allá de la parte estética, el nuevo Laureato brilla por lo bien que se lleva. Los 41 mm, combinados con el grosor contenido y las asas integradas, dan como resultado un reloj que se asienta bajo y estable sobre la muñeca. No se siente como un bloque pesado, sino como un perfil alargado que abraza el brazo. Esa comodidad es especialmente importante en piezas de alta complicación, que históricamente tendían a ser más gruesas y cabezonas.
El brazalete rediseñado es otra pieza clave. Los eslabones tienen más articulación, siguen mejor la curva natural de la muñeca y mantienen el juego clásico de superficies cepilladas y pulidas que han hecho reconocible al Laureato. El detalle más agradecido, aunque no se vea, es el sistema de microajuste interno del cierre: permite ganar o perder unos milímetros de largo de forma rápida, sin herramientas. Cuando la muñeca se dilata durante el día o con el calor, se agradece poder ajustar el reloj al vuelo sin renunciar a la sensación de pieza perfectamente ajustada.
Resistencia al agua: un dato que chirría
Donde los números convencen menos es en la ficha de hermeticidad. El Laureato Three Gold Bridges ofrece solo 30 metros de resistencia al agua. Traducido al día a día, eso significa tranquilidad frente a salpicaduras y poco más; nada de ducha, playa o piscina. Sobre el papel no debería sorprendernos en un tourbillon esqueletizado, pero el contexto complica la lectura.
Y es que el nuevo Laureato de 39 mm con la misma generación de caja, pero con un planteamiento más sencillo, declara 150 metros de hermeticidad. La diferencia hace ruido: la forma, los acabados y el brazalete nos hablan de un reloj deportivo de lujo; el dato de 30 metros nos recuerda que estamos ante una pieza que hay que tratar como un objeto precioso. Probablemente tenga sentido desde el punto de vista técnico, por tolerancias del turbillón o por un conjunto de juntas más delicado, pero en la mente de muchos aficionados quedará como uno de los pocos puntos débiles de la ficha.
Precio, edición limitada y versión con diamantes
En cuanto a cifras, la versión en acero con puentes, bisel y agujas de oro blanco se produce en una edición limitada de 50 ejemplares, con un precio de 162.000 francos suizos. Para quien busque aún más presencia, Girard-Perregaux propone una variante con bisel engastado con diamantes talla baguette, cuyo precio se sitúa alrededor de los 219.000 francos. Esta segunda versión no está oficialmente limitada, pero la producción será, por definición, muy reducida y ligada a pedidos concretos de clientes.
La gran pregunta es inevitable: ¿vale lo que cuesta? Desde la relojería pura y dura, el paquete es difícil de discutir. Hay una complicación histórica, un movimiento muy trabajado, un nivel de acabado alto y un diseño que enlaza directamente el siglo XIX con el gusto actual por los relojes de acero con brazalete integrado. Desde una perspectiva más pragmática, está claro que no pretende ser un reloj racional. Es caro, poco versátil, polarizador y muy específico. Quien solo quiera un esqueletizado vistoso encontrará alternativas potentes por una fracción del precio. Pero para el coleccionista que quiere precisamente esta combinación concreta de historia, técnica y exclusividad, la conversación se vuelve mucho más corta.
El papel del Three Gold Bridges en el universo Laureato
Mirado con cierta distancia, el Laureato Three Gold Bridges sirve para entender mejor la estrategia de Girard-Perregaux con su colección deportiva. En lugar de inundar el mercado con docenas de referencias, la marca empieza la nueva etapa con un modelo halo muy potente, que demuestra hasta dónde puede llegar la plataforma Laureato cuando se la lleva al extremo en complejidad y acabado.
Todo apunta a que veremos en los próximos años versiones más contenidas, con otras combinaciones de materiales, colores más atrevidos e incluso tratamientos oscurecidos de movimiento pensados para mejorar la legibilidad. Pero este Laureato de aniversario, con sus tres puentes de oro blanco y el tourbillon flotando en medio de la nada, quedará como el capítulo más teatral de esta generación. Mitad reloj deportivo, mitad escultura mecánica, es una declaración de intenciones que deja claro que el Laureato puede ser mucho más que un simple acero con brazalete integrado.
En definitiva, el Girard-Perregaux Laureato Three Gold Bridges no es el reloj lógico que uno se compra para cubrir todas las situaciones. Es la pieza que se elige cuando se quiere algo que cuente una historia larga, que mezcle tradición, ingeniería y un punto de exceso muy consciente. Algunos verán en él la síntesis perfecta de lo que la marca puede hacer; otros preferirán repartir ese presupuesto en varios relojes distintos. Lo que parece seguro es que indiferente no deja a nadie, y en el segmento en el que juega, eso ya es gran parte del objetivo.