Honor se está preparando para dar uno de los saltos más raros, pero también más interesantes, del mundo móvil reciente: convertir un prototipo que parecía pura ciencia ficción en un teléfono que podrás comprar en una tienda. El protagonista es el Honor Robot Phone, un smartphone cuya cámara se levanta como la cabeza de un pequeño robot. Cuando vimos los primeros teasers muchos pensaron que era solo un concepto de feria, algo hecho para llamar la atención en redes y nada más. 
Sin embargo, las filtraciones apuntan a que Honor ya tiene prototipos funcionales y que la producción en masa arrancará en la primera mitad de 2026, con presentación grande prevista para el MWC 2026 en marzo y un lanzamiento que se baraja para agosto.
Con la cámara escondida, el Honor Robot Phone no grita "gadget loco". A simple vista es un smartphone moderno: cuerpo estilizado, pantalla grande, marcos ajustados y módulo de cámaras discreto. La diferencia aparece cuando entra en juego el sistema mecánico. De la parte trasera emerge un pequeño módulo montado sobre un gimbal motorizado que se eleva y queda por encima del chasis, como si fuera la "cabeza" del robot. No hablamos de la típica estabilización óptica integrada en el sensor, sino de un mini gimbal al estilo DJI Osmo Pocket, capaz de girar, inclinarse y seguir el movimiento de la escena de forma física y no solo por software.
Ese diseño abre usos que van más allá de sacar una foto rápida. En el vídeo promocional se ve cómo el móvil se coloca en el bolsillo de la camisa con solo la "cabeza" asomando, y aun así graba un vlog estable mientras la persona camina y gesticula. Nada de trípode, nada de palo selfie, nada de accesorios extra ocupando espacio en la mochila. En otra escena el Honor Robot Phone va enganchado al manillar de una bici o al salpicadero del coche, haciendo de cámara de acción improvisada, pero con la ventaja de poder girar automáticamente hacia donde está pasando algo interesante.
El punto realmente llamativo llega cuando se mezcla esa parte robótica con la inteligencia artificial. Según los rumores, Honor está trabajando en un modelo de reconocimiento de imagen que no solo identifica objetos y personas, sino que también es capaz de interpretar emociones y expresiones faciales. Como la cámara puede "girar la cabeza" y mirar a diferentes direcciones, el móvil deja de ser una placa estática y empieza a comportarse como un pequeño asistente que te devuelve la mirada. Puede orientarse hacia ti cuando empiezas a hablar, seguir con suavidad a quien está interviniendo en una reunión o alternar entre varias personas de forma más natural que un simple encuadre fijo.
Si lo llevamos al día a día, las posibilidades son curiosas. Imagina una videollamada en la que el Honor Robot Phone decide automáticamente a quién enfocar en función de quién está hablando y de la energía que transmite. O un vlog en el que la IA detecta si estás eufórico, cansado o serio y adapta la forma de grabar: planos más cerrados cuando vas en modo confesión, movimientos más amplios y dinámicos cuando estás de viaje o en un concierto. En casa podría actuar como un pequeño vigilante, siguiendo con la cámara los movimientos de un niño en una habitación. Para creadores de contenido, la idea de tener a "un cámara" integrado en el propio móvil, que gire y encuadre solo, es bastante tentadora.
Por supuesto, no todo son fuegos artificiales. La industria ya probó suerte con piezas móviles: cámaras pop-up, módulos giratorios, móviles deslizantes… y la mayoría duró poco. Los problemas fueron siempre parecidos: miedo a la fragilidad, dificultad para ofrecer una buena resistencia al agua y al polvo, reparaciones más caras y la sensación de que cualquier golpe tonto podía dejar el mecanismo inutilizado. En el caso del Honor Robot Phone el reto es mayor, porque un gimbal implica motores, rodamientos, cables flexibles y sensores delicados que deben sobrevivir a caídas, vibraciones de bici o moto y el uso poco cuidadoso de muchos usuarios.
A eso se suman las incógnitas de siempre: peso, grosor, autonomía y precio. Un módulo tan complejo se come espacio interno que normalmente se dedicaría a la batería o a otros componentes. Honor tendrá que encontrar un equilibrio para que el Robot Phone no se sienta ladrillo en la mano, aguante el día sin vivir pegado al cargador y, al mismo tiempo, no dispare el precio a niveles imposibles. Y luego está la parte de software: si la detección de emociones y el autoencuadre no funcionan bien en situaciones reales y se quedan en simple demo para la presentación, todo el concepto pierde gran parte de su encanto.
Aun así, es difícil no aplaudir que alguien se atreva a ir más allá del enésimo rectángulo de cristal. El Honor Robot Phone representa justo ese tipo de riesgo que muchos usuarios llevan tiempo pidiendo en el mercado de gama alta. Los planes filtrados hablan de producción en masa a partir de la primera mitad de 2026, escaparate estelar en el MWC 2026 y un lanzamiento que apuntaría a agosto. Falta por ver si Honor empezará solo en China o si se animará con una salida global desde el primer día. Lo que sí parece claro es que, si este móvil-robot llega realmente a las tiendas, será uno de los dispositivos más comentados de 2026, en la frontera entre smartphone, cámara creativa y compañero inteligente movido por IA.