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La IA agente de Google llama a tiendas, sigue precios y hasta completa compras por ti

por ytools
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La IA agente de Google llama a tiendas, sigue precios y hasta completa compras por ti

La IA agente de Google: cuando el asistente de compras llama a las tiendas y casi llega a pagar por ti

Durante años comprar por Internet significaba siempre lo mismo: buscar en Google, abrir un montón de pestañas, comparar precios, mirar stock y, después de un buen rato, darle por fin al botón de comprar. Google quiere saltarse todo ese proceso. Su nueva apuesta es convertir la inteligencia artificial en un agente que actúa por ti: llama a tiendas, comprueba inventario, sigue la evolución de los precios y, si se lo permites, es capaz incluso de finalizar la compra usando tus datos de pago. Para algunas personas suena al sueño definitivo de la comodidad. Para otras, a la herramienta perfecta para dirigir nuestras decisiones de consumo con una precisión nunca vista.

La idea de una IA "agente" (agentic AI) es justo esa: deja de ser un simple chatbot que responde preguntas y pasa a ser un actor que planifica y ejecuta tareas. Le cuentas lo que necesitas en lenguaje normal y la máquina se encarga del resto: buscar, llamar, comparar, vigilar precios y llegar hasta el checkout. Es una ayuda real para el usuario, pero también un salto enorme de poder para una plataforma que ya controla buena parte de lo que vemos cuando pensamos en comprar algo online.

Una IA que coge el teléfono y pregunta por el producto

Lo más llamativo de esta nueva ola es una función que suena curiosamente analógica: llamadas de teléfono. En Estados Unidos, cuando buscas determinados productos cerca de tu ubicación, aparece la opción «Dejar que Google llame». Pulsas, respondes a unas cuantas preguntas rápidas sobre el artículo que quieres —marca, talla, color, presupuesto aproximado— y a partir de ahí la IA agente toma el control.

El sistema va llamando a tiendas de la zona y pregunta si el producto está disponible, cuánto cuesta y si hay ofertas activas o promociones especiales. Cuando termina, te envía un resumen por correo electrónico o SMS, junto con otras opciones en comercios cercanos que podrían encajar. De momento, Google está estrenando esto en categorías como juguetes, salud y belleza y electrónica, precisamente sectores donde la publicidad agresiva y las compras por impulso son el pan de cada día.

Para personas con movilidad reducida, con muy poco tiempo o que simplemente odian pasar media hora al teléfono, el invento puede ser una bendición. Pero también cambia la relación con el comercio: ya no eres tú quien habla con la tienda, sino un algoritmo que decide qué preguntar, cómo resumir la respuesta y qué datos mostrarte al final.

Agentic checkout: cuando la IA es la que pulsa "comprar"

El siguiente paso es aún más delicado: una IA que no solo busca, sino que compra. Con el llamado agentic checkout, si haces seguimiento del precio de un producto en Google, puedes definir con bastante detalle qué versión quieres —configuración, talla, color— y cuánto estás dispuesto a gastar como máximo. Cuando el precio baja por debajo de ese límite, la IA te avisa y te propone cerrar el pedido por ti usando Google Pay en comercios compatibles.

Sobre el papel, el control sigue siendo tuyo: la IA pide permiso explícito antes de procesar el pago y solo completa la transacción después de tu confirmación. La función ya se está desplegando en la búsqueda, incluido el AI Mode, en Estados Unidos. Pero es fácil imaginar cómo evoluciona esto cuando el sistema sabe qué marcas te gustan, en qué rango de precios te mueves y qué tipo de ofertas sueles aceptar. La pregunta pasa de "¿Quieres comprar esto ahora?" a un insistente "Te he encontrado la mejor oferta, es mejor confirmarla ya antes de que desaparezca".

Y ahí empiezan los problemas prácticos: ¿qué pasa si la IA elige la talla equivocada, compra el modelo que no era o se equivoca de tienda? ¿Quién responde si por un fallo técnico se duplica el pedido o se carga dos veces el mismo pago? ¿El usuario, el comercio, la pasarela de pago o el propio Google? Mientras las pruebas son pequeñas, todo suena a debate teórico. Pero en el momento en que un sistema automatizado puede pulsar efectivamente el botón de pagar, estos escenarios dejan de ser ciencia ficción.

AI Mode y Gemini: hacer compras como si fuera un chat

Todas estas piezas encajan en un giro más amplio en la forma en que Google quiere que busquemos información. En AI Mode, la búsqueda se parece más a una conversación con alguien que te asesora. En vez de escribir solo palabras clave, describes lo que necesitas: «quiero una TV para un salón muy luminoso, gama media y con buen sonido» o «necesito ideas de regalo para un chaval de 15 años que está loco por los videojuegos».

La respuesta ya no es una lista de enlaces, sino una especie de informe: explicación breve, fichas de productos con fotos, rangos de precio, valoraciones de otros usuarios, pros y contras, disponibilidad online y en tiendas físicas. Google insiste en que todo esto está adaptado a tu pregunta y formateado "para tus necesidades". En la práctica, significa que la IA agente decide qué aparece, cómo se ordena y qué opciones quedan sepultadas al fondo.

En paralelo, muchas de estas funciones están llegando a la app Gemini en Estados Unidos. Ahí la IA genera ideas de compras, arma tablas comparativas, muestra listados de productos "comprables" y enseña precios en distintas tiendas, todo dentro de un mismo hilo de chat. Lo que parece una charla informal para aclarar ideas es, en realidad, un embudo de conversión muy pulido desde la primera duda hasta el pago final.

Comodidad vs. control: ¿quién decide de verdad tus compras?

Debajo de todo hay una realidad muy sencilla: Google sigue siendo, ante todo, una máquina de anuncios y datos, aunque ahora se vista de asistente personal. La IA agente es la siguiente capa lógica. Ya no solo muestra publicidad y resultados, sino que puede empujar de forma directa hacia el comportamiento que interesa a sus clientes: una compra concreta, en un comercio concreto, en el momento más rentable.

Las voces críticas ven en el término "agentic AI" sobre todo un envoltorio bonito para otra capa de intermediación. Oficialmente se vende como pura comodidad, pero el motor que manda sigue siendo el mismo: el negocio publicitario. Quien pueda pagar por visibilidad o cerrar mejores acuerdos con Google tendrá más papeletas para aparecer en las recomendaciones de la IA que la pequeña tienda independiente de la esquina.

El otro riesgo es la costumbre. Hoy la IA te pide permiso para cada compra. Mañana las recomendaciones personalizadas serán el ruido de fondo constante. Pasado mañana podría haber suscripciones para reducir un poco ese bombardeo. Y no es difícil imaginar un futuro cercano en el que el asistente se sienta cómodo encargando cosas por adelantado porque "sabe" que las vas a querer, basándose en un perfil que él mismo ha ayudado a construir.

En el entorno empresarial, con millones de pedidos recurrentes, un nivel alto de automatización puede tener sentido. En la vida cotidiana de una persona, el equilibrio es menos obvio. Mucha gente no tiene problema en abrir un par de webs y comprobar stock por su cuenta. La pregunta clave es cuánta autonomía estamos dispuestos a ceder y hasta qué punto aceptamos que una sola plataforma tenga tanta capacidad de influir en nuestras decisiones más básicas, como dónde y en qué gastamos el sueldo.

Las nuevas funciones de IA agente de Google en compras no son solo un truco simpático para evitar el caos de pestañas abiertas. Son una muestra de hacia dónde puede ir la relación entre usuarios, grandes plataformas y dinero. La comodidad existe y es tentadora. Pero el precio podría ser que el botón más importante, el de "comprar", deje de estar claramente bajo nuestro dedo y pase cada vez más a manos de un sistema opaco cuyos incentivos no siempre coinciden con los nuestros.

1 comentario

sunny January 15, 2026 - 2:20 pm

Como le entre una llamada de estas a mi tienda y note que es un bot, cuelgo al momento. Ya tenemos suficiente spam como para hablar con robots todo el día…

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