
El iPhone plegable podría hacer que el Galaxy Z Fold 7 parezca barato
El primer iPhone plegable ni siquiera ha sido presentado y ya se perfila como el móvil más caro de la historia reciente. Según varios informes de la cadena de suministro en Asia, Apple estaría entrando en la fase previa a la producción masiva de su primer iPhone que se dobla como un libro. Y lo realmente llamativo no es solo el formato, sino el precio que se baraja: tan alto que hasta un Galaxy Z Fold 7, ya de por sí carísimo, podría terminar pareciendo una opción «razonable» a su lado.
Un móvil de lujo en un mercado que se enfría
El contexto no podría ser más complejo: el mercado global de smartphones lleva años enfriándose. Cada vez cambiamos menos de móvil, las diferencias entre generaciones se vuelven más sutiles y las ventas totales se resienten. El analista Arthur Liao, de Fubon Research, calcula que los envíos mundiales caerán alrededor de un 4 % interanual hasta situarse en torno a los 1,2 mil millones de dispositivos. En medio de ese escenario de saturación, Apple ve en el iPhone plegable una especie de pieza de coleccionista capaz de agitar el segmento más premium del mercado.
Liao cree que el dispositivo puede ser un éxito dentro de su propia escala: prevé unos 5,4 millones de unidades vendidas en 2026 y un total de aproximadamente 15,4 millones a lo largo de su vida comercial. Para una familia tan masiva como el iPhone, la cifra no es gigantesca, pero para un modelo experimental, ultra caro y claramente dirigido a fanáticos de la marca, es un resultado muy respetable.
Un precio que rompe el techo de cristal de los smartphones
El gran punto de fricción es el precio. Las últimas filtraciones coinciden en que el iPhone plegable rondaría los 2.399 dólares. No es un error de imprenta: hablamos de un teléfono que cuesta lo mismo o más que muchos portátiles de gama alta. En filtraciones anteriores se manejaba una horquilla de entre 2.000 y 2.500 dólares, y ahora todo apunta a que Apple quiere colocarse deliberadamente en la parte alta de esa franja.
La comparación con el Galaxy Z Fold 7 resulta inevitable. El plegable de Samsung se mueve en torno a los 1.999,99 dólares, ya una cifra elevada que hasta ahora marcaba el listón de lo «carísimo». El iPhone plegable se situaría unos 400 dólares por encima, abriendo una nueva categoría de precio. Deja de ser simplemente un smartphone caro para convertirse en un objeto tecnológico de lujo, a mitad de camino entre teléfono y portátil premium.
En parte, el coste se explica por componentes mucho más complejos: un panel interno flexible, mecanismos de bisagra miniaturizados, piezas delicadas que deben soportar miles y miles de ciclos de apertura y cierre. Pero quien conoce a Apple sabe que el coste de materiales es solo el primer escalón. Sobre eso se suman la clásica margen de beneficio, la «tasa de Apple» y el valor intangible de pertenecer al ecosistema de la marca.
No es solo otro plegable: la obsesión por una pantalla sin pliegue
Aun así, Apple no quiere lanzar únicamente «otro» plegable con su logo. La ambición es atacar uno de los grandes puntos débiles de la categoría: el pliegue visible en medio de la pantalla interna. Cualquier persona que haya usado un plegable sabe de qué se habla: la hendidura se ve bajo ciertas luces, se nota al pasar el dedo y puede resultar molesta al leer o ver vídeos sobre fondos claros.
Según el diario chino UDN, fuentes de la cadena de suministro aseguran que Apple ha trabajado obsesivamente para reducir ese problema al mínimo. El objetivo es que el iPhone plegable sea el primer móvil del mercado cuya pantalla interior parezca prácticamente lisa, sin un pliegue marcado en el centro. Si esa promesa se cumple en los modelos de venta al público, Apple tendría un argumento de marketing brutal: un plegable que abierto se siente mucho más cerca de un iPad pequeño que de un panel plástico doblado por la mitad.
Panel firmado por Samsung, receta de Apple
Para lograr esa pantalla tan limpia, Apple ha profundizado más que nunca en la ingeniería del panel. Se espera que el componente flexible lo fabrique Samsung Display, pero la estructura del «sándwich» de capas, los materiales de cada una y el proceso de laminado estarían definidos por los ingenieros de Cupertino. Es decir, la receta es de Apple, aunque el horno sea de Samsung.
Al mismo tiempo, la compañía habría trabajado con dos socios clave, Shin Zu Shing y Amphenol, en un sistema de bisagra y rodamientos diseñado a medida. La idea es evitar que la pantalla se doble en una arista rígida y, en su lugar, guiarla por una curva controlada. Así se reparte la tensión sobre una zona más amplia y se reduce drásticamente el punto donde normalmente se forma el pliegue visible. Panel y bisagra se mueven al unísono para que la pantalla sufra menos y se vea mejor.
Bisagra de metal líquido: ligera, fina y resistente
La durabilidad es el otro gran frente. Nadie quiere gastarse más de 2.000 dólares en un móvil que da miedo abrir y cerrar. Por eso varios informes mencionan el uso de aleaciones tipo «metal líquido», metales amorfos con una combinación muy atractiva: pueden ser muy finos y ligeros sin renunciar a una enorme resistencia mecánica. Es el material perfecto para piezas internas que soportan tensión constante, como brazos de la bisagra o elementos estructurales alrededor del pliegue.
Sobre el papel, esto debería traducirse en una sensación de solidez que no solemos asociar con pantallas flexibles. En posición abierta, el iPhone plegable debería sentirse como un bloque único, sin crujidos ni holguras. Al cerrarlo, Apple buscaría ese «clic» preciso y satisfactorio que asociamos con mecanismos bien diseñados, no con plástico frágil. Y para rematar, Foxconn habría montado ya una línea de producción dedicada al modelo, señal clara de que el proyecto ha salido del laboratorio y se prepara para la realidad industrial.
Años de prototipos y una brecha de precio muy calculada
Los rumores sobre prototipos plegables de Apple llevan circulando casi una década. Mientras otras marcas se lanzaban al vacío con primeras generaciones llenas de compromisos, la compañía de la manzana prefería mantenerse en segundo plano. Según distintas filtraciones, internamente tenían una lista de exigencias: pliegue casi invisible, grosor y peso razonables, resistencia comparable a la de un iPhone «normal» y una experiencia de uso que se sintiera pulida desde el día uno.
Solo ahora, cuando aparentemente se han cumplido esas condiciones, Apple se sentiría cómoda enseñando su apuesta plegable. Y lo hace marcando terreno con el precio: no pretende igualar al Galaxy Z Fold 7, sino colocarse por encima, como referencia absoluta del segmento. Es una estrategia conocida de la casa: mejor ser el producto que define la categoría, aunque sea también el más caro.
Apple ya acostumbró a sus usuarios a pagar precio de portátil
Es fácil indignarse con la cifra de 2.399 dólares, pero conviene recordar que Apple lleva años acostumbrando a su base de usuarios a pagar cada vez más. Los modelos Pro y Pro Max con gran capacidad de almacenamiento se han ido acercando, generación tras generación, a precios típicos de portátiles avanzados. Se habla, por ejemplo, de un iPhone 17 Pro Max con un precio de entrada en torno a los 1.199 dólares y variantes con 2 TB rondando los 1.999.
En la práctica, ya existe un grupo fiel de clientes dispuesto a desembolsar ese dinero cada pocos años para tener «el iPhone definitivo». Ese nicho es el público natural del iPhone plegable: usuarios que viven dentro del ecosistema Apple, editan vídeo y foto desde el móvil, consumen mucho contenido en pantalla grande y sueñan con un dispositivo que pueda transformarse en una especie de mini iPad al abrirlo.
Estrategia de lanzamiento: escenario para el plegable y los Pro
Otro detalle interesante es cómo planea Apple mostrar su nuevo juguete. Los rumores señalan que el iPhone plegable se presentaría en 2026 junto al iPhone 18 Pro y al iPhone 18 Pro Max, mientras que los iPhone 18 estándar se desplazarían a una segunda tanda ya en 2027. Es decir, no compartiría protagonismo con los modelos más «asequibles» en la misma keynote.
La jugada es evidente: evitar el choque visual de ver en una misma diapositiva un iPhone de 799 dólares y otro de 2.399. Si el plegable solo se compara mentalmente con los Pro, el salto de precio parece menos brutal y se refuerza la idea de que se trata de una categoría aparte, todavía más exclusiva.
Primera generación, primeros sacrificios
Por muy ambicioso que sea el proyecto, un móvil plegable siempre implica sacrificios. La arquitectura interna es muchísimo más compleja que en un teléfono tradicional: hay que dejar espacio para el pliegue, para la bisagra, para baterías repartidas, para antenas y placas dobladas en ángulos poco habituales. Por eso algunos informes apuntan a posibles recortes en funciones que hoy damos por hechas en un gama alta de Apple.
Entre las opciones sobre la mesa se menciona la posibilidad de prescindir de Face ID o de ofrecerlo solo en determinadas posiciones del dispositivo, dando más protagonismo a un lector de huellas en el lateral. También se especula con un módulo de cámara algo más sencillo, quizás con menos lentes que el triple sistema de los Pro, apoyándose más en el procesado por software. Incluso la batería podría ser un terreno de compromiso: buena autonomía, sí, pero no necesariamente la mejor del catálogo si eso obliga a engordar el chasis.
¿Jugada visionaria o fe ciega en la marca?
Al final, la pregunta es inevitable: ¿el iPhone plegable de 2.399 dólares es una genialidad estratégica o una prueba de hasta dónde llega la paciencia de los fans? Para algunos usuarios, el combo de pantalla casi sin pliegue, hardware de bisagra de última generación, integración con iOS y modo «mini tablet» justificará cada dólar. Para otros, será el símbolo de un mercado que se ha alejado demasiado de cualquier noción de precio razonable.
La historia, sin embargo, juega a favor de Apple. Cada vez que la compañía entra tarde en una categoría – tablets, relojes inteligentes, auriculares premium – termina redefiniendo expectativas y empujando a la competencia a subir el listón. Si logra sacar al mercado un iPhone plegable realmente robusto, con un pliegue casi invisible y una experiencia fluida, es probable que el resto del sector tenga que seguir el ritmo… también en precios. Dentro de unos años, esos 2.399 dólares que hoy nos parecen una locura podrían verse como el inicio de una nueva normalidad en la gama más alta de los smartphones plegables.