El Mac Pro clásico, ese enorme torreón de aluminio que durante años fue sinónimo de “máquina seria” en el ecosistema Mac, cada vez se siente más fuera de lugar en la gama actual de Apple. Mientras el modelo de torre sigue atascado en el M2 Ultra, el mucho más compacto Mac Studio ya ha dado el salto al M3 Ultra y, según varias filtraciones consistentes, será el primero en estrenar el futuro M5 Ultra. Dentro de la propia Apple, cuentan los insiders, el Studio ya se trata como la verdadera estación de trabajo de referencia. 
Si tuviéramos que situar este cambio de foco en una escala de 0 a 100, donde 100% es casi un hecho consumado, la idea de que el Mac Studio es el “nuevo Mac Pro” estaría muy cerca de la parte alta.
Para entender por qué el Mac Pro de torre va quedando arrinconado, hay que mirar atrás a la era Intel. Ese chasis gigantesco no era solo diseño industrial para lucir en el estudio: estaba pensado para alojar procesadores Xeon muy calientes, disipadores enormes y un sistema de ventilación complejo capaz de expulsar mucha energía térmica sin convertir la sala de edición en una turbina. Por dentro, el Mac Pro era el sueño de cualquier técnico: varios slots PCIe para controladoras RAID, interfaces de audio, tarjetas de vídeo profesionales, GPUs dedicadas de AMD y bancos de RAM accesibles. Quería más memoria, abrías la tapa, metías nuevos módulos y listo. Para estudios de vídeo, 3D y postproducción, era un auténtico monstruo modular.
Con la llegada de Apple Silicon, esa filosofía cambió por completo. En los chips de la familia M, CPU, GPU y memoria viven en un único paquete, unidos por interconexiones ultrarrápidas. La memoria unificada le da al sistema un ancho de banda brutal y una eficiencia energética envidiable, pero sacrifica una de las grandes ventajas históricas del Mac Pro: poder ampliar RAM o cambiar GPU con el paso del tiempo. En el mundo Apple Silicon no existe el gesto de “le meto mi vieja RTX 3090 y tengo máquina para años”, porque el hardware gráfico es propietario y está integrado. Así, en el Mac Pro actual con Apple Silicon, ese enorme espacio interno y sus PCIe se usan sobre todo para SSD adicionales, tarjetas de captura o hardware muy específico. Para la mayoría de usuarios profesionales, un Mac Studio ofrece prácticamente la misma potencia en un formato infinitamente más manejable.
El precio remata la jugada. El Mac Pro sigue arrancando en torno a los 6.999 dólares en configuración base, antes de hablar de más memoria, más almacenamiento o tarjetas profesionales. Cualquier configuración “de verdad” hace que la factura se dispare hasta rangos en los que, en el mundo PC, ya estás mirando estaciones de trabajo capaces de montar varias GPUs dedicadas. Muchos profesionales reconocen que, incluso con un hipotético M5 Ultra, un precio que se siente razonable psicológicamente estaría más cerca de los 4.999 dólares antes de impuestos. Mientras tanto, el Mac Studio se posiciona como la opción lógica: casi la misma fuerza bruta, menos consumo, menos ruido y una etiqueta de precio bastante menos agresiva.
En ese contexto encajan muy bien los informes de Mark Gurman (Bloomberg), que aseguran que Apple habría “prácticamente dado por perdido” al Mac Pro como pieza central de la gama profesional. La apuesta estratégica estaría pasando por concentrar los recursos en el Mac Studio: formato pequeño, acceso a las variantes más potentes de los chips Ultra y un mensaje claro de “esta es la máquina de trabajo” para editores, creadores y desarrolladores. Los rumores apuntan a que el futuro M5 Ultra se estrenaría precisamente en el Studio, con un lanzamiento previsto en la primera mitad de 2026. Lo llamativo es lo que no se oye: apenas hay señales de un rediseño profundo o una nueva vida para la torre.
El hardware actual respalda esa decisión. El M3 Ultra ya ha demostrado de lo que es capaz: en cargas como la codificación de vídeo con Handbrake, los datos indican que puede consumir alrededor de un 55 % menos de energía que procesadores x86 de workstation comparables, manteniendo un rendimiento al mismo nivel o por encima. Esa eficiencia permite meter una estación de trabajo muy seria en la carcasa relativamente discreta del Mac Studio sin convertirlo en un ventilador permanente encima de la mesa. Para quien se gana la vida editando, modelando o compilando, una máquina rápida, fresca y silenciosa suele ser más importante que la posibilidad de abrir el lateral y cambiar piezas cada par de años.
Eso no significa que el Mac Pro ya no tenga ningún sentido. Sigue existiendo un grupo pequeño, pero muy exigente, de usuarios que realmente exprimen cada línea PCIe: grandes estudios de audio con varias tarjetas DSP, mesas de etalonaje con hardware de entrada y salida especializado, o infraestructuras que prefieren enormes arrays internos en lugar de depender de cabinas externas. Para ellos, un chasis voluminoso no es postureo, sino herramienta de trabajo. El problema es que ese nicho se va haciendo más pequeño a medida que los flujos migran a almacenamiento en red, renderizado en la nube y soluciones externas Thunderbolt o USB4. Desde la óptica de Apple, mantener toda una plataforma independiente solo para ese perfil se vuelve cada vez más difícil de justificar.
Si adelantamos la película a los próximos años, el escenario más probable es bastante claro: el Mac Pro seguirá un tiempo en el catálogo, quizá reciba una última actualización discreta, y poco a poco irá desapareciendo del escaparate. El Mac Studio, en cambio, se consolidará de facto como el nuevo Mac Pro: un bloque compacto sobre la mesa que esconde configuraciones de memoria unificada enormes, las iteraciones más potentes de los chips Ultra y margen suficiente para afrontar varios ciclos de software y de proyectos. Si el M5 Ultra llega en 2026 como se espera, la torre de 6.999 dólares no solo parecerá cara, sino directamente fuera de lugar. Apple nunca ha tenido miedo de jubilar diseños icónicos, y todo apunta a que el Mac Pro está ya en la antesala de convertirse en leyenda retirada.
1 comentario
Echo de menos los tiempos en los que a un Mac se le podía ampliar RAM y gráfica sin dramas. Ahora compras la configuración y te casas con ella años