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Cómo, según Miles Teller, una sola persona hundió el reboot de Cuatro Fantásticos de 2015

por ytools
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Dentro del historial de tropiezos del cine de superhéroes, el reinicio de Cuatro Fantásticos de 2015 se ha convertido casi en una referencia obligada. Sobre el papel lo tenía todo para funcionar: un reparto joven y de prestigio, un director emergente al que todos miraban, un gran estudio detrás y un presupuesto de blockbuster. Para muchos, era la oportunidad definitiva de hacer justicia a la “primera familia” de Marvel en pantalla grande. Sin embargo, terminó siendo recordada como un ejemplo de cómo una superproducción puede derrumbarse desde dentro.
Cómo, según Miles Teller, una sola persona hundió el reboot de Cuatro Fantásticos de 2015
Años después, Miles Teller, que interpretó a Reed Richards, vuelve a hablar del tema y asegura que el fracaso no fue un accidente difuso de “cosas de Hollywood”, sino que hubo una persona clave que, según él, lo arruinó todo.

En una entrevista con Andy Cohen en SiriusXM, Teller recordó el momento exacto en el que sintió que algo iba muy mal. Fue en la primera proyección del montaje final para el estudio. Al salir, cuenta que se acercó a uno de los ejecutivos y le dijo, poco más o menos: “Estamos en problemas”. No era el típico gesto de actor perfeccionista que nunca queda satisfecho, sino la intuición de que un proyecto de más de cien millones de dólares no estaba funcionando como película completa. Aun así, el actor insiste en que no fue un fallo de la gente del set: habla con cariño del elenco y del equipo técnico, y recalca que todos se dejaron la piel intentando sacar adelante un rodaje cada vez más enredado.

Para Teller, la apuesta era enorme. Venía de trabajos bien recibidos en cine independiente y dramas intensos, y este era el paso lógico hacia la categoría de protagonista de franquicia. En plena fiebre de superhéroes, convertirse en el nuevo Reed Richards parecía el billete ideal para subirse a ese tren. A su alrededor, el reparto completaba el aura de proyecto “serio”: Kate Mara como Sue Storm, Michael B. Jordan como Johnny Storm y Jamie Bell como Ben Grimm. Ninguno era un desconocido, todos llegaban con críticas positivas a sus espaldas. La promesa era clara: una versión más adulta, oscura y científica del grupo, lejos del tono ligero y casi caricaturesco de las adaptaciones anteriores.

Los primeros tráilers reforzaban esa sensación. El marketing vendía la película como una historia de ciencia ficción casi sobria, centrada en las consecuencias físicas y psicológicas de un experimento que sale terriblemente mal. Por eso, muchos espectadores siguen reconociendo que la primera mitad del film no está tan mal: luce sólida, cuidada en lo visual, con una atmósfera contenida y un lento montaje de las relaciones entre los cuatro protagonistas. El problema llega cuando obtienen sus poderes. A partir de ahí, la película parece caer por un precipicio: el ritmo se descontrola, arcos de personajes desaparecen sin explicación y los efectos visuales dan la impresión de haber quedado a medio cocinar.

Ese derrape no fue casualidad. Desde hacía tiempo circulaban historias de choques creativos entre el director Josh Trank, el guionista Jeremy Slater y diferentes voces dentro de 20th Century Fox. Trank, según se ha contado después, quería acercarse a un tono de body horror, casi terror corporal, donde los héroes se sintieran como víctimas de una mutación traumática. Otros presionaban para mantener algo más reconocible: una película de aventuras con espíritu de equipo, humor medido y un toque de épica superheroica. El propio Trank terminó admitiendo años más tarde que quizá era demasiado inexperto para liderar una franquicia de ese tamaño, y que intentar reinventar un icono tan consolidado de forma tan radical fue, visto en retrospectiva, un acto de soberbia juvenil.

Al otro lado estaba el estudio, obsesionado con proteger la inversión y, sobre todo, conservar los derechos de los personajes. Cuando los primeros cortes internos no convencieron, llegó la respuesta clásica de Hollywood: reescrituras apresuradas y extensas regrabaciones. En el producto final se notan las cicatrices. El look de los actores cambia de una escena a otra, el tono salta sin transición de drama oscuro a chiste de manual, y hay subtramas que parecen evaporarse del guion. Lo que al principio apuntaba a un retrato coherente de cuatro personas destrozadas por sus nuevas habilidades se convirtió en un collage de ideas incompatibles, un híbrido que nunca se decide entre ser un horror extraño o un blockbuster convencional.

También hubo decisiones creativas que encendieron a los fans de los cómics. La reinterpretación de Doctor Doom, por ejemplo, fue vista como una traición a uno de los villanos más emblemáticos de Marvel. Se sacrificó su aura de monarca amenazante y su personalidad larger-than-life a cambio de una versión desdibujada, visualmente discutible y con motivaciones poco claras. La apuesta por el “realismo oscuro” le arrebató al grupo algo esencial: ese equilibrio entre caos familiar, entusiasmo científico y sentido de maravilla cósmica que define al Cuarteto Fantástico en las viñetas. Hasta el carisma tradicional de Johnny Storm quedó casi enterrado bajo un libreto que no sabía muy bien qué hacer con él.

La taquilla terminó de sellar el veredicto. Con un presupuesto estimado en unos 120 millones de dólares y una recaudación global que apenas lo superó, el film fue catalogado como fracaso sin matices. Las ideas de una secuela directa, de posibles cruces con otros personajes que Fox tenía en cartera o de expandir ese universo compartido se guardaron en un cajón. En vez de ser el inicio de una nueva era, Cuatro Fantásticos 2015 se convirtió en un lastre del que el estudio prefirió alejarse durante casi una década.

Con el paso del tiempo, la película se ha transformado en caso de estudio. Para algunos, es el relato de un director que quiso abarcar más de lo que podía y terminó hundido por su propio ego. Para otros, es la prueba de que la interferencia corporativa constante es capaz de estrangular cualquier chispa de personalidad. Lo más probable es que la verdad esté en medio: una idea de partida poco clara, un equipo creativo aún en búsqueda de identidad y un estudio paranoico por el riesgo formaron una mezcla explosiva. De esa bomba surgió una lección que el nuevo reinicio dentro del MCU parece haber aprendido: el Cuarteto funciona mejor cuando se apoya en la química familiar, el espíritu de descubrimiento y la fantasía desatada, justo lo que la versión de 2015 olvidó en su intento por ser “adulta”.

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