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Dentro del desastre de MindsEye: caos, agotamiento y una dirección perdida

por ytools
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Dentro del desastre de MindsEye: caos, agotamiento y una dirección perdida

El colapso de MindsEye: cómo Build a Rocket Boy perdió el rumbo y la visión de Leslie Benzies se desmoronó

Lo que comenzó como un sueño ambicioso se ha convertido en uno de los mayores desastres creativos de los últimos años. MindsEye, el gran proyecto del estudio Build a Rocket Boy (BARB), fundado por el exproductor de GTA V Leslie Benzies, prometía revolucionar la narrativa en los videojuegos. Pero a medida que se acerca el final de 2025, la historia de MindsEye se ha transformado en una advertencia sobre lo que ocurre cuando la ambición supera al liderazgo.

Después de una carta abierta firmada por 93 empleados denunciando la falta de dirección y el caos dentro del estudio, un informe reciente de la BBC ha revelado el verdadero alcance del problema. Las declaraciones de varios exdesarrolladores describen una gestión errática, cambios constantes de prioridades y un ambiente en el que la motivación se evaporó lentamente. Todo giraba en torno a un problema central: Benzies nunca supo qué quería hacer exactamente con el juego.

Un exmiembro del equipo, identificado como “Jamie”, lo resumió sin rodeos: “Leslie nunca decidió qué tipo de juego quería hacer. No había una dirección coherente.” Esa indecisión constante generó semanas de trabajo sin objetivos claros, versiones del juego que cambiaban de rumbo cada mes y una sensación general de que el proyecto avanzaba sin timón.

Otros antiguos empleados, como Ben Newbon y Margherita Peloso, aportaron detalles que dejan claro el grado de desorganización. “Muchos de los puntos que señalábamos simplemente se ignoraban”, contó Newbon. Peloso añadió que, cuando los desarrolladores intentaban plantear problemas, los líderes “se reían” o los desestimaban. Esa falta de respeto hacia el equipo terminó creando una cultura de frustración y resignación.

Curiosamente, Benzies sí prestaba atención a los errores que él mismo encontraba cuando jugaba versiones internas. El estudio incluso mostró esas pruebas en un video promocional, intentando dar una imagen cercana y apasionada. Sin embargo, según el equipo, cada vez que Benzies encontraba un bug o sugería un cambio, ese punto pasaba automáticamente a ser prioridad absoluta. Internamente los desarrolladores comenzaron a llamarlos “tickets de Leslie” o simplemente “Leslies”. “No importaba en qué estuvieras trabajando – si aparecía un Leslie, todo se detenía”, recordó Newbon.

Este estilo de dirección impulsiva también afectó al proyecto anterior del estudio, Everywhere, donde Benzies exigía implementar nuevas funciones más rápido de lo que el equipo podía. Ese ritmo desmedido provocó confusión, desgaste y retrasos. Casos parecidos han ocurrido antes: títulos como BioShock Infinite o Dragon Age: The Veilguard también sufrieron por decisiones erráticas desde la dirección. MindsEye, lamentablemente, repitió los mismos errores.

La consecuencia fue devastadora. El equipo cayó en una espiral de crunch, agotamiento y falta de confianza. “La gente sentía que daba todo por la empresa, pero no recibía nada a cambio”, dijo Peloso. Según el exdesarrollador Isaac Hudd, los últimos meses antes del lanzamiento fueron un infierno: “Arreglabas un bug y aparecían tres nuevos. La moral se desplomó. Había discusiones por todo. Todos estábamos quemados, sin fuerzas y pensando: ‘¿Para qué seguimos?’”.

Ante las críticas, la dirección de Build a Rocket Boy aseguró que “asume toda la responsabilidad” y que aún trabajan para cumplir su visión original. Sin embargo, los exempleados no creen que el estudio logre recuperarse. En julio, BARB anunció que las actualizaciones de MindsEye “serán menos frecuentes”, y la última llegó el 25 de septiembre. Desde entonces, silencio total.

La caída de MindsEye es más que el fracaso de un videojuego: es una lección sobre cómo el ego y la falta de organización pueden destruir el talento colectivo. La creatividad, sin estructura ni comunicación, se convierte en caos. MindsEye nació como un sueño ambicioso, pero acabó siendo el recordatorio de que incluso los genios necesitan rumbo. Lo que debía ser un hito, hoy es una advertencia.

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