Nintendo vuelve a dar un golpe duro contra la piratería, y esta vez el protagonista es un modder de Estados Unidos que creyó poder enfrentarse solo a un gigante multinacional. Ryan Daly, residente de Michigan y dueño de la empresa Modded Hardware, ha sido condenado a pagar 2 millones de dólares y queda prohibido de por vida vender dispositivos que faciliten el uso de copias ilegales. Lo más llamativo: decidió defenderse sin abogado, confiando en su propia retórica. 
Como era de esperar, terminó perdiendo de forma estrepitosa.
Según los documentos del juicio, Daly comercializaba consolas Nintendo Switch modificadas, copias pirata de juegos y aparatos como el conocido MIG Switch, que permite ejecutar títulos no oficiales. La compañía japonesa ya le había enviado un aviso formal para que detuviera el negocio, pero Daly ignoró la advertencia. En septiembre de 2024 llegó la sentencia: 2 millones de dólares de multa y un veto definitivo para cualquier actividad relacionada con la piratería.
El tribunal fue claro en su veredicto: al vender consolas hackeadas y chips de modificación, Daly causó a Nintendo of America un “daño significativo e irreparable”. Su operación permitía la producción y distribución masiva de copias ilegales, afectando directamente los ingresos de la empresa y vulnerando sus derechos de propiedad intelectual.
Nintendo no es nueva en estas batallas legales. La compañía es famosa por su agresiva política anti-piratería. Basta recordar el caso de Gary Bowser, miembro del grupo Team Xecuter, condenado a 40 meses de cárcel y a pagar 14,5 millones de dólares. Aunque salió antes de tiempo, hoy sigue destinando gran parte de sus ingresos a Nintendo y probablemente lo hará hasta el final de su vida. En comparación, los 2 millones impuestos a Daly parecen menores, pero para una persona común equivalen a una condena económica casi imposible de superar.
La comunidad gamer reaccionó con opiniones divididas. Algunos ven a Nintendo como una corporación despiadada que destruye a individuos para dar ejemplo, mientras que otros creen que Daly se lo buscó: fue advertido y no paró. Encima, pensó que podía representarse a sí mismo contra una empresa con ejércitos de abogados. La moraleja es evidente: modificar tu consola para uso personal puede ser discutible, pero montar un negocio de piratería es básicamente firmar tu sentencia judicial. Daly tuvo una salida y no la tomó; ahora cargará con las consecuencias.