Valve vuelve a mirar al sofá del salón con una nueva generación de Steam Machine, pero el contexto es muy distinto al de su primer intento. Aquellas primeras cajas con SteamOS prometían la comodidad de una consola con la libertad de un PC, pero llegaron demasiado pronto: Linux era territorio casi exclusivo de entusiastas, el catálogo era pobre y cada juego parecía requerir una pequeña odisea de configuración. En 2025, el panorama ha cambiado por completo. 
Proton se ha consolidado, SteamOS se ha pulido a base de actualizaciones en Steam Deck y mucha gente ya ha comprobado en carne propia que jugar en Linux puede ser algo bastante normal.
En una charla con Rock Paper Shotgun, el ingeniero de Valve Yazan Aldehayyat lo resumía sin rodeos: las primeras Steam Machines fracasaron porque no había juegos suficientes. SteamOS se basaba en Linux, mientras que casi todo el desarrollo de PC estaba pensado en exclusiva para Windows. Sí, existían herramientas como Wine, pero para la mayoría de usuarios eran sinónimo de tutoriales infinitos, comandos raros y resultados impredecibles. Muchos compradores encendían su flamante máquina, abrían la biblioteca y veían decenas de títulos marcados como incompatibles o funcionando a trompicones. Frente a una PlayStation o una Xbox que simplemente funcionan al sacarlas de la caja, la comparación era muy dura.
Esa experiencia dejó una lección muy clara dentro de Valve: si quieres que los desarrolladores te acompañen, tienes que hacerles la vida más sencilla, no más complicada. De ahí nace Proton, la capa de compatibilidad que permite ejecutar juegos de Windows en Linux sin exigir un port completo. Para el usuario idealmente es tan simple como instalar, darle a jugar y listo. El estudio no necesita mantener una segunda versión del juego, y aún así el título aparece como jugable en SteamOS. En paralelo, el equipo liderado por Pierre-Loup Griffais ha ido afinando SteamOS sobre Steam Deck, corrigiendo bugs, mejorando controladores, optimizando Vulkan y exprimiendo cada watt de la APU portátil. Toda esa inversión técnica se reutiliza ahora de forma directa en la nueva Steam Machine.
La consecuencia es que el gran talón de Aquiles de la primera generación, el catálogo, llega esta vez prácticamente resuelto. En lugar de un puñado de ports nativos y muchos “ya veremos”, la nueva Steam Machine se apoya en una biblioteca enorme que ya ha demostrado funcionar bien en el Deck. La interfaz sigue pensada para la televisión: modo Big Picture, navegación centrada en el mando, nada de escritorios clásicos llenos de ventanas. Te sientas, enciendes el aparato y lo que ves se parece más a una consola moderna que a un PC de trabajo, pero por debajo siguen ahí las funciones que definen a Steam: guardados en la nube, logros, mods donde se permita, chat, comunidad y todo el ecosistema que la plataforma ha construido durante años.
En cuanto al hardware, Valve tampoco vende humo: la nueva Steam Machine no es un monstruo pensado para arrasar benchmarks. Las especificaciones publicadas la colocan en un punto intermedio, entre Xbox Series S y PlayStation 5 en potencia bruta. Sobre el papel, la salida 4K a 60 Hz está ahí, pero nadie debería esperar Cyberpunk 2077 en ultra con ray tracing y framerate perfecto. Los primeros tests apuntan a que los juegos más pesados dependerán de resolución dinámica, ajustes bien escogidos y cierta dosis de realismo en las expectativas. No ayuda que la GPU ofrezca en torno a 28 unidades de cómputo y solo 8 GB de VRAM, cifras que muchos jugadores en PC consideran escasas para un futuro cercano lleno de texturas gigantes y efectos avanzados.
La apuesta de Valve es que el lado de software compense parte de esas limitaciones. SteamOS arrastra años de optimización en el Deck: menor sobrecarga del sistema, mejor gestión de recursos, afinado específico para APIs modernas como Vulkan y avances constantes en los controladores gráficos. En Valve hablan de “una tonelada de trabajo” en rendimiento de escritorio, ray tracing y pipeline gráfico, y la idea es que todo ese refinamiento llegue de serie con la nueva máquina. A esto se suma un detalle importante: los estudios ya han demostrado que, si hay público, merece la pena optimizar para el ecosistema de Valve. Baldur’s Gate 3, Cronos: The New Dawn y otros títulos ofrecen builds o presets hechos a medida para Steam Deck. Si la Steam Machine de salón logra una base de usuarios similar, no sería raro ver configuraciones específicas o incluso ejecutables pensados para exprimir ese hardware.
También ha cambiado la percepción sobre Valve como fabricante. La primera hornada de Steam Machines, repartida entre varios socios, daba sensación de experimento a medias que se podía abandonar en cualquier momento. Steam Deck, en cambio, ha demostrado que la compañía es capaz de lanzar su propio dispositivo, actualizarlo de forma constante, mejorar rendimiento y añadir funciones mucho tiempo después del lanzamiento. Proton, que empezó como algo casi experimental, se ha convertido en la herramienta que hace posible jugar grandes lanzamientos desde el día uno fuera de Windows. Cuando hoy alguien oye hablar de un PC de salón con Linux, ya no piensa solo en “frikada”, sino en la continuación natural de una estrategia que funciona.
Con el problema del catálogo en buena parte resuelto y la base técnica más madura, la gran incógnita que queda es el precio. La nueva Steam Machine debería llegar a principios del año que viene, pero Valve todavía no ha anunciado cuánto costará. Aldehayyat solo ha adelantado que será “muy competitiva”, algo imprescindible si quieren plantar cara en dos frentes a la vez: por un lado los packs de Xbox y PlayStation, y por otro los jugadores de PC que siguen comparando cada euro con el de un montaje por piezas. Si Valve acierta con un punto medio atractivo – más barata que un PC gaming completo, en la órbita de las consolas y lo bastante potente para mover con soltura 1080p o 1440p – la Steam Machine podría, por fin, convertirse en un invitado estable debajo del televisor.
Por ahora, el sentimiento dominante es de optimismo prudente. Es evidente que 28 CUs y 8 GB de VRAM no van a enamorar a quienes viven pendientes de cada gráfica de rendimiento, y no faltará quien despache el hardware como “basura de 28 CU” en cualquier foro. Pero a diferencia de la primera vez, la nueva Steam Machine nace con ventaja: un catálogo masivo, un sistema operativo muy trabajado, Proton como pilar y una comunidad que ya está cómoda jugando en esta combinación. El tiempo dirá si todo eso basta para firmar una historia de éxito en el salón o si terminará siendo otro híbrido PC-consola que no acaba de encontrar su sitio entre la comodidad del mando y las exigencias de la Master Race.
1 comentario
El Deck demostró que Valve no abandona el hardware a los seis meses. Si a la Steam Machine le dan el mismo cariño, con 1440p estables en el sofá yo firmo