Westeros todavía está muy lejos de quedar en el pasado. Después del fenómeno global de Game of Thrones y del sólido arranque de House of the Dragon, HBO ha decidido tratar el mundo de George R.R. Martin como una franquicia a largo plazo, casi al estilo Marvel: calendario interno, varias series en paralelo y un flujo constante de ideas que entran y salen de la famosa fase de “desarrollo”. Y en el centro de todo sigue estando el propio Martin, a veces como guionista, a veces como consultor, siempre como guardián de lo que es y no es canon en este universo.
Por ahora hay dos proyectos claramente confirmados. 
House of the Dragon se mete de lleno en la historia de los Targaryen para narrar la guerra civil conocida como la Danza de los Dragones, unos doscientos años antes de la trama de Game of Thrones. A Knight of the Seven Kingdoms, en cambio, apuesta por algo más íntimo: las andanzas de Dunk y Egg en una Westeros menos gigantesca pero igual de peligrosa, donde los giros políticos se deciden tanto en tabernas y patios de castillo como en los grandes salones del poder.
Si le hacemos caso a Martin, eso es solo la parte visible del mapa. El escritor repite cada vez con menos rodeos que hay cinco o seis series adicionales en distintos estados de desarrollo, la mayoría precuelas. Siguen sobre la mesa ideas de sobra conocidas por el fandom: una serie centrada en Aegon el Conquistador, otra dedicada a la legendaria reina guerrera Nymeria y una historia marítima de gran escala que durante años circuló bajo el título de trabajo Ten Thousand Ships. Todo ello bajo la sombra del carísimo piloto sobre la Larga Noche con Naomi Watts, que HBO rodó, evaluó y finalmente guardó en un cajón, recordatorio perfecto de que “en desarrollo” no significa “lo verás en pantalla”.
Lo verdaderamente llamativo es que Martin, por primera vez, reconoce abiertamente que no todo mira al pasado remoto. También existen ideas de secuelas, series que continuarían la historia después del polémico final de la octava temporada. En el momento en que pronuncia esa palabra mágica, “secuelas”, los fans piensan automáticamente en los personajes que sobrevivieron al último episodio y cuyo futuro sigue abierto, al menos en la imaginación colectiva.
El ejemplo más evidente es Jon Snow. Kit Harington ya contó que durante un buen tiempo impulsó un proyecto en el que Jon, desterrado más allá del Muro, se adentraba en tierras desconocidas, se encontraba con nuevos pueblos y enfrentaba amenazas que solo se insinúan en la serie original. Un viaje casi de western helado, con el peso de los Caminantes Blancos todavía pegado a la espalda. HBO acabó congelando el spin-off, pero el hecho de que Martin vuelva a hablar de varias secuelas activas ha reavivado la esperanza de que una versión de esa idea pueda resucitar en el futuro.
A muy poca distancia en la lista de deseos del fandom está Arya Stark. La última vez que la vimos, se embarcaba rumbo al oeste, hacia donde los mapas simplemente se terminan. El año pasado, Martin mencionó casi de pasada una cena con Maisie Williams a base de pizza, pasta y una charla sobre proyectos que prefería no detallar “para no gafarlos”. No hizo falta más: desde entonces circulan fanarts, teorías y pitches caseros de una serie tipo “Arya exploradora”, mitad aventura pirata, mitad relato oscuro, con el mismo tono de crecimiento personal que convirtió su arco en uno de los más queridos de la saga.
Al margen de esos candidatos obvios, los fans se permiten soñar más a lo grande. Hay quien pide una historia situada mil años en el futuro, en una Westeros casi industrial, con dragones reducidos a cuento de fogata y espadas valyrias colgadas como curiosidades en salones llenos de humo. Otros, medio en broma medio en serio, siguen defendiendo la teoría de que alguna sacerdotisa roja podría devolver a la vida a Daenerys y volver a poner el mundo al borde del fuego y la sangre, sencillamente porque su final nunca terminó de convencerles.
Todo esto, sin embargo, flota sobre un tema que nunca desaparece de la conversación: los libros siguen sin estar terminados. Vientos de Invierno se ha convertido en sinónimo de promesa eterna y retraso infinito. Martin ha superado ya los setenta años, y cada nueva entrevista en la que habla de series, juegos o proyectos paralelos provoca una mezcla de ilusión y exasperación. En redes se repite el chiste de que el libro saldrá el mismo día que GTA 6, como si ambas obras fueran criaturas míticas que avanzan un paso y retroceden dos. Al mismo tiempo, otros recuerdan que sin estas “desviaciones” creativas quizá nunca habríamos tenido algo como Elden Ring, resultado directo de la imaginación del autor aplicada en otro medio.
La discusión sobre el final de Game of Thrones tampoco se ha apagado del todo. Hay un sector del público que todavía sueña con un remake de la última temporada, con más capítulos, otro ritmo y más espacio para ciertos arcos. Otros, en cambio, asumen el desenlace con todos sus defectos y prefieren que la energía se invierta en nuevas historias en lugar de reescribir lo ya emitido. Y, en paralelo, sigue la curiosidad por esa Larga Noche que HBO filmó y nunca enseñó: muchos aceptarían ver solo ese piloto, aunque fuera como contenido especial, antes de que se pierda para siempre en algún servidor.
Por ahora, la mayoría de estos proyectos vive en ese limbo nebuloso llamado “desarrollo”: hay documentos de presentación, borradores de guion, reuniones en salas de guionistas y conversaciones discretas con actores, pero nada garantizado. Lo único realmente claro es que HBO no tiene ninguna intención de soltar su joya de fantasía más rentable. La pregunta es qué llegará antes a manos de los fans: otra gran precuela, una secuela centrada en caras conocidas o, por fin, ese ejemplar físico de Vientos de Invierno que muchos llevan más de una década imaginando en su estantería.
2 comentarios
y de paso que suelten el piloto de la Larga Noche del baúl, si es malo nos reímos y si es bueno la vergüenza es de HBO por cancelarlo
lo de Daenerys aún no lo supero, que venga una sacerdotisa roja random, la reviva y volvemos al caos, yo firmo 😂