NVIDIA ya ha puesto una nueva fecha en el calendario del mundo de la inteligencia artificial: el GTC 2026 arrancará el 15 de marzo y volverá a celebrarse en San José, California. Durante varios días, la ciudad se convertirá en el punto de encuentro para quienes quieren saber cómo será la próxima generación de infraestructura de IA y qué papel jugará la arquitectura Vera Rubin en ese salto. 
Para una compañía cuyo valor de mercado supera los cuatro billones de dólares, este evento es mucho más que una feria de tecnología: es el escaparate donde deja claro hacia dónde se dirige el centro de gravedad del cómputo acelerado.
En la última década, el GTC pasó de ser básicamente una conferencia para fans de las GPU a un foro donde se cruzan ciencia, negocio, política y geoestrategia. En 2025, NVIDIA no solo celebró su tradicional GTC en San José, sino que sorprendió con un keynote extra en Washington, centrado en cómo la IA encaja en la agenda de Estados Unidos. Ese movimiento resume bien el momento actual: cuando NVIDIA presenta su hoja de ruta, ya no escuchan solo gamers y desarrolladores, sino también gobiernos, reguladores y grandes fondos de inversión.
La edición de 2026 arrancará con talleres técnicos y sesiones prácticas en torno al stack completo de NVIDIA. Se esperan novedades en bibliotecas CUDA, frameworks para modelos generativos, herramientas de simulación y plataformas para gemelos digitales. La robótica y los sistemas autónomos volverán a tener un peso importante: drones, robots de almacén, cadenas de montaje inteligentes y vehículos que dependen directamente de la misma infraestructura que entrena gigantescos modelos de lenguaje en la nube. GTC es el lugar donde NVIDIA enseña cómo ese poder de cómputo sale del rack para tocar el mundo físico.
El momento más mediático llegará el 16 de marzo, cuando Jensen Huang suba al escenario con su ya clásica chaqueta de cuero. Sus keynotes se han convertido en algo así como el “discurso sobre el estado de la IA” para toda la industria. Esta vez, la expectativa es que hable menos de un chip concreto y más de la fábrica de IA como conjunto: bastidores llenos de aceleradores, interconexiones de altísima velocidad, refrigeración líquida y capas de software que convierten cientos de GPUs en una única máquina lógica al servicio de modelos cada vez más grandes.
Para entender por qué hay tanta atención sobre el GTC 2026, basta mirar un año atrás. En 2025, la compañía presentó Blackwell Ultra, los sistemas DGX Spark y dio las primeras pinceladas serias sobre Vera Rubin. Quedó claro que Blackwell no era el destino final, sino un peldaño en el camino. Ahora el foco está en ver cómo Vera Rubin pasa de la diapositiva al hardware real: clusters desplegados a gran escala en centros de datos de hiperescala, diseñados para entrenar y servir modelos que hoy todavía son prototipos en laboratorios.
Según lo que se comenta en el ecosistema, Vera Rubin combinaría el proceso de fabricación de 3 nm de TSMC, memoria HBM4 y un stack de red muy revisado. Traducido a efectos prácticos: mucha más ancho de banda, latencias más bajas y más rendimiento por rack. Para los equipos que entrenan modelos, eso significa más tokens por segundo, ventanas de contexto más amplias, inferencias más rápidas y entrenamientos que se miden en días y no en semanas. Si la mejora frente a la arquitectura Blackwell se acerca a lo que sugieren los rumores, Vera Rubin se convertirá en la base de muchas estrategias nacionales y corporativas de IA.
Ese salto de capacidad tiene una cara geopolítica que pocos esconden. Cada vez se escucha más la idea de que la IA es una “arma” de nueva generación, algo así como un escudo digital capaz de detectar amenazas, bloquear ataques y optimizar cadenas de suministro y decisiones económicas. La lógica es sencilla: quien controla la infraestructura de IA más potente y más extendida tiene ventaja en seguridad, economía e influencia. El GTC se ha transformado en el escenario donde esta carrera se traduce en gráficos de FLOPS, gigabytes por segundo y eficiencia energética por rack.
Al mismo tiempo, crece el grupo de escépticos que ve el evento como otro desfile de diapositivas para accionistas. En redes y foros abundan comentarios que hablan de “más basura de IA” mientras se disparan las facturas de luz, suben los precios de la nube y se llenan los feeds de imágenes y textos generados automáticamente. Muchos usuarios se preguntan cuándo se notará de verdad en su día a día tanto salto de potencia: más allá del chatbot de moda o del asistente que corrige código, ¿dónde está el beneficio concreto?
En el lado contrario está la comunidad entusiasta, que vive el GTC casi como una mezcla de feria de videojuegos y conferencia de desarrolladores. Las especulaciones sobre lo que se podría hacer con clusters al nivel de Vera Rubin van desde NPC con personalidad propia y diálogos infinitos, hasta asistentes personales ultra personalizados y bots de compañía que parecen sacados de un anime. La experiencia dice que una parte de esas ideas acaba bajando al terreno del consumidor: primero a estaciones de trabajo y portátiles para creadores, luego a GPU gaming y, con el tiempo, a servicios que usamos en el móvil sin pensar qué hay detrás.
Quien solo quiere saber cuándo llegan las próximas GeForce para jugar probablemente tendrá que esperar al CES 2026, el escenario preferido de NVIDIA para el gran público. Todo indica que el GTC seguirá muy centrado en data centers, robótica y aplicaciones empresariales de IA. Aun así, la frontera entre “enterprise” y usuario final está cada vez más difusa: muchas funciones como generación de frames por IA, escalado inteligente o herramientas creativas integradas nacen optimizadas para el centro de datos y, una o dos generaciones después, terminan en el salón de casa.
Fiel a su estilo, es muy posible que Jensen Huang aproveche el escenario no solo para cerrar el relato de Vera Rubin, sino también para asomar la cabeza a lo que viene después. En filtraciones y rumores aparece a menudo el nombre de Feynman para la siguiente arquitectura. A veces basta un logo en una diapositiva para tranquilizar a socios e inversores: la ruta de crecimiento ya está trazada varios años por delante. Que NVIDIA haya publicado los detalles clave del GTC 2026 con tanta antelación encaja con ese mensaje. El 15 de marzo de 2026 no será solo el arranque de otra conferencia, sino el momento en que la compañía intentará convencer, una vez más, de que el futuro de la IA sigue pintado de verde.