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La nueva apuesta de Pat Gelsinger: cómo xLight quiere reescribir la litografía EUV

por ytools
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Pat Gelsinger no ha tardado demasiado en volver al centro de la guerra de los chips. Tras dejar el cargo de CEO de Intel, reaparece como presidente ejecutivo del consejo de xLight, un joven startup estadounidense especializado en fuentes de luz para litografía EUV. Y lo hace con un respaldo que pesa: 150 millones de dólares en incentivos federales a través del CHIPS Act.
La nueva apuesta de Pat Gelsinger: cómo xLight quiere reescribir la litografía EUV
Detrás de la cifra se esconde una apuesta mayor: intentar recuperar para Estados Unidos el control sobre una de las piezas más estratégicas de toda la cadena de fabricación de semiconductores.

En la última década, los chips han dejado de ser un tema de nicho para ingenieros y analistas bursátiles y se han convertido en asunto de seguridad nacional en Washington. La pandemia, los cuellos de botella en las cadenas de suministro, fábricas de coches paradas por falta de chips y la competición tecnológica con China dejaron claro lo vulnerable que era la economía estadounidense frente a fábricas situadas en Taiwán, Corea del Sur o Europa. El CHIPS and Science Act surgió precisamente para responder a esa fragilidad: un gran paquete de subsidios para cualquier proyecto que prometa reforzar la capacidad productiva, reducir dependencias externas o abrir nuevas fronteras tecnológicas clave.

La mayoría de titulares se los han llevado gigantes como TSMC, Samsung o la propia Intel, centrados en levantar nuevas fábricas en suelo estadounidense. xLight, en cambio, apunta a otro eslabón: la litografía, es decir, el momento en el que patrones microscópicos se «imprimen» sobre el wafer de silicio con luz de altísima energía. En la gama más avanzada se utiliza EUV, ultravioleta extremo, imprescindible para los procesos de vanguardia en nodo de un solo dígito de nanómetros. Y ahí existe un cuello de botella muy claro: ASML, el fabricante holandés que domina casi en solitario el mercado de equipos EUV.

Los sistemas de ASML utilizan hoy fuentes de luz basadas en plasma producido por láser: potentes pulsos láser golpean diminutas gotas de estaño para generar fotones EUV. Es una proeza de ingeniería y física de altos vuelos, pero también una arquitectura enormemente compleja, voraz en energía y con un único proveedor fuera de Estados Unidos. Por eso la idea de xLight suena tan agresiva: sustituir ese corazón del sistema por una fuente de tipo FEL, un láser de electrones libres.

En lugar de vaporizar metal con láseres, un FEL acelera haces de electrones en un acelerador compacto y los hace pasar por estructuras magnéticas finamente ajustadas, donde emiten radiación en la longitud de onda deseada, en este caso EUV. Sobre el papel, esta aproximación promete más luz útil por cada vatio consumido, mejor eficiencia energética y, potencialmente, una ruta de escalado menos enrevesada que la de las fuentes de plasma actuales. Para los políticos que diseñan la política industrial estadounidense, la historia suena perfecta: menos consumo eléctrico, algo más de independencia tecnológica y, si sale bien, un campo entero de conocimiento recuperado para el país.

Para Gelsinger, todo encaja con la narrativa que lleva años repitiendo: que la llamada ley de Moore solo puede seguir viva si se invierte en tecnologías de fabricación tan duro como se invierte en nuevos diseños de chips. xLight se presenta como justo esa pieza que faltaba: una fuente EUV mucho más brillante y eficiente que permitiría empujar la densidad de transistores sin convertir cada nueva fábrica en un monstruo devorador de megavatios. En sus mensajes a inversores y autoridades, la compañía habla de mejoras por órdenes de magnitud frente a las fuentes actuales, de más wafers procesados por hora y de la creación de una capacidad crítica en territorio estadounidense.

Sin embargo, fuera de las presentaciones pulidas, el entusiasmo es más matizado. Muchos recuerdan los años recientes de Intel, marcados por retrasos en los nodos de fabricación, hojas de ruta que se reajustaban constantemente y promesas que tardaban en materializarse. Ver a ese mismo ejecutivo aterrizar en un nuevo proyecto que arranca con un cheque de 150 millones de dólares del gobierno genera suspicacia. En foros y redes abundan los comentarios que califican la operación como otra muestra de «welfare corporativo»: dinero público fluyendo hacia quienes ya dominan el lenguaje y los contactos adecuados en Washington.

La duda técnica tampoco es menor. Los láseres de electrones libres no son un invento de marketing: son herramientas reales de la gran ciencia, presentes en grandes laboratorios de Europa, Estados Unidos y Asia. Allí sirven para estudiar materiales, reacciones químicas ultrarrápidas o nuevas estructuras de fármacos. Pero un laboratorio de investigación tiene ritmos muy distintos a los de una fábrica de chips. En un centro científico se puede parar la máquina, recalibrar, dedicar semanas a mantenimiento. En una fab de alto volumen, el estándar es despiadado: 24 horas al día, siete días a la semana, con objetivos de disponibilidad que casi no dejan margen para caprichos de la física.

Convertir un FEL, normalmente grande, complejo y sensible, en una fuente de luz relativamente compacta, robusta y predecible, que encaje en un entorno industrial, es cualquier cosa menos trivial. Incluso contando con socios como el Albany Nanotech Complex, el salto desde el prototipo de laboratorio hasta un módulo listo para producción en serie es enorme. Y, por si fuera poco, queda un problema comercial mayúsculo: cómo encajar la tecnología de xLight en el ecosistema de ASML.

Aun si xLight logra domar la física y desarrollar una fuente FEL estable en condiciones de fábrica, necesitará que alguien la instale en un equipo real. Eso implica convencer a ASML – el fabricante que hoy tiene una cartera de pedidos llena con su arquitectura actual – de que merece la pena asumir el riesgo de introducir una pieza nueva en su producto más caro y estratégico. Hablamos de costes de desarrollo, posibles retrasos, impacto en contratos… Desde la perspectiva de una empresa dominante, el incentivo para tocar una configuración que ya les da el mercado prácticamente en monopolio no está nada claro. Sin esa alianza, xLight corre el riesgo de convertirse en un proyecto brillante… pero encerrado en un laboratorio.

Además, xLight no es el único jugador que quiere mover ficha en litografía. Startups como Substrate exploran caminos todavía más exóticos, como el uso de rayos X de longitud de onda aún más corta para definir los patrones en el chip, y ya han atraído a inversores de perfil alto. El hilo conductor es evidente: crece el malestar con un escenario en el que una sola compañía extranjera controla la pieza más sofisticada y crítica de toda la línea de producción de semiconductores. Sea con FEL, con rayos X avanzados o con técnicas híbridas que aún están en fase de PowerPoint, la litografía se ha convertido en la nueva «cota alta» de la competencia geopolítica en chips.

Alrededor de todo esto bulle un debate político bastante ruidoso. Las noticias sobre el cheque a xLight se mezclan rápidamente con discusiones sobre qué presidente gestionó peor las drogas, la inmigración o el crimen, y con ataques cruzados entre defensores de distintos partidos. Entre memes, GIFs y troleos, cuesta que sobrevivan los matices técnicos, pero se mantiene una pregunta de fondo legítima: ¿están comprando realmente las administraciones capacidades de largo plazo, o están premiando, sobre todo, a ejecutivos que han aprendido a contar el apocalipsis tecnológico con las palabras justas en el comité adecuado?

Esa es, en el fondo, la apuesta que ahora se hace con xLight y con la segunda etapa de Pat Gelsinger en el mundo de los chips. Si la empresa consigue transformar la ciencia de los FEL en un módulo EUV capaz de funcionar de forma fiable en una fab, convencer a ASML o a otro proveedor de sistemas para integrarlo y demostrar que mejora costes y productividad, el impacto podría ser enorme: más velocidad, más eficiencia y algo más de soberanía tecnológica para Estados Unidos. Si fracasa, los 150 millones de dólares serán otro recordatorio de que las leyes de la física no se cambian a golpe de subsidio. De momento, xLight ha ganado algo que no se compra tan fácilmente: atención, tiempo y la oportunidad de demostrar si su haz de luz puede realmente alterar la trayectoria de la ley de Moore.

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