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Johny Srouji y la batalla de Apple por el futuro de sus chips Apple Silicon

por ytools
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Desde hace años Apple repite la misma idea fuerza: su ventaja no está solo en el diseño del iPhone o en el brillo del Mac, sino en cómo encaja todo, desde el sistema operativo hasta el último transistor. En el centro de esa maquinaria hay un nombre que casi nunca aparece en los focos, pero pesa muchísimo en Silicon Valley: Johny Srouji, vicepresidente sénior de Tecnologías de Hardware. Él es el arquitecto del Apple Silicon, y ahora los rumores apuntan a que está pensando seriamente en marcharse, justo cuando la compañía menos se lo puede permitir.

Las informaciones llegan en un momento delicado.
Johny Srouji y la batalla de Apple por el futuro de sus chips Apple Silicon
En cuestión de días varios directivos de alto nivel han anunciado su salida de Cupertino, alimentando la sensación de desgaste en la cúpula. Según fuentes internas, Srouji habría hablado directamente con Tim Cook para decirle que se está planteando un cambio de etapa, y habría comentado a gente de confianza que, si se va, será para fichar por otra gran empresa tecnológica, no para jubilarse tranquilamente entre conferencias y consejos de administración.

Para entender por qué esta posible marcha preocupa tanto, basta repasar lo que ha hecho su organización en la última década. Bajo la batuta de Srouji, Apple pasó de comprar chips a terceros a diseñar sus propios procesadores A para iPhone, la familia M para Mac y iPad y, más recientemente, componentes de conectividad como los C1, C1X y el chip inalámbrico N1. Esa apuesta por controlar el silicio por dentro le ha permitido a Apple diferenciarse en rendimiento, autonomía, seguridad y hasta en la manera en que el software se siente en el día a día.

El punto de inflexión fue el M1, el primer procesador de la transición del Mac a Apple Silicon. Al romper con Intel y apostar por una arquitectura propia basada en ARM, Apple entregó portátiles que ofrecían potencia de sobremesa, pero con horas extra de batería y un nivel de silencio que dejó a muchos rivales descolocados. No era una simple actualización de CPU: era una declaración de intenciones sobre quién iba a marcar el ritmo en la próxima década de informática personal.

En paralelo, Srouji empujó a la compañía hacia un territorio aún más sensible: los módems y la conectividad móvil. En una entrevista poco habitual, negó que Apple hubiera tirado la toalla con un módem 5G propio y subrayó que el silicio celular estaba en el centro de la estrategia. La secuencia de productos ha seguido ese guion: el C1 debutó en el iPhone 16e, el mejorado C1X llegó con el iPhone Air y el chip N1 se extendió a toda la familia iPhone 17 para afinar Wi-Fi, Bluetooth y consumo energético bajo las reglas de Cupertino.

El siguiente paso en esa hoja de ruta es el C2, un módem 5G de diseño interno que, si se cumplen las filtraciones, protagonizará la serie iPhone 18. Pero la visión va más lejos. En los pasillos se habla de un único superchip capaz de unir CPU, GPU, módem, Wi-Fi, Bluetooth y bloques de IA en un solo paquete, pensado al milímetro para iOS y macOS. Lograr eso no es solo cuestión de nanómetros: exige una cultura de ingeniería muy coordinada, en la que equipos de radio, arquitectura, software y producto trabajen como una sola unidad. Esa cultura lleva años teniendo la firma de Srouji.

Precisamente por eso muchos ven su posible adiós como un riesgo estructural. Cuando demasiado conocimiento, influencia y credibilidad se concentran en una sola figura, la organización se queda con un punto único de fallo. Oficialmente Apple insiste en que no es una empresa que dependa de héroes individuales, pero en la práctica cada vez más voces se preguntan si Apple Silicon no se ha convertido en el reino de Johny, con todas las ventajas de tener a un genio al mando… y con la fragilidad que implica basar tu estrategia en una sola persona.

No es extraño que, según varias fuentes, Apple esté tirando de todos los resortes para convencerlo de que se quede. Sobre la mesa habría paquetes salariales difíciles de rechazar, más espacio para influir en la hoja de ruta de productos e incluso la posibilidad de crear para él un puesto de Chief Technology Officer, que lo situaría formalmente como gran visionario tecnológico justo debajo de Tim Cook. El problema es que el dinero y los títulos no siempre pesan más que la sensación de desgaste: se comenta que Srouji no tiene ningún interés en vivir otra transición traumática de CEO y terminar reportando a un líder con prioridades muy distintas.

En el fondo, su caso destapa un conflicto que se repite en casi todas las grandes tecnológicas: la tensión entre los directivos de PowerPoint y la gente que realmente construye cosas. A medida que las empresas crecen, se llenan de capas de managers que quieren dejar su sello en cada decisión. Se crean burbujas de poder que empujan en direcciones opuestas y la política interna empieza a valer tanto como los diagramas de bloques. Recursos humanos ficha perfiles que hablan bien y caen simpáticos en las entrevistas, mientras los ingenieros que se queman arreglando bugs o ajustando layouts de chips quedan en segundo plano. Tarde o temprano, algunos de esos perfiles clave deciden que ya es suficiente.

Para el usuario medio todo esto suena a culebrón corporativo californiano, pero tiene consecuencias muy concretas. Del trabajo de los equipos de Srouji dependen cosas tan tangibles como cuántas horas aguanta el iPhone sin enchufe, cuánto se calienta el MacBook cuando renderiza un vídeo, si el 5G aguanta dentro del metro o cuánto tarda la cámara en sacar una buena foto nocturna. Incluso el empuje de Apple en funciones de IA en el dispositivo está atado a lo que sea capaz de hacer su silicio propio frente a los chips genéricos de la competencia.

Si Johny Srouji decide quedarse, Apple gana tiempo y estabilidad para seguir construyendo un ecosistema cada vez más cerrado y optimizado desde el silicio hasta la nube, reduciendo su dependencia de proveedores externos. Si acaba marchándose, la empresa tendrá que demostrar que su famosa cultura de ingeniería es algo más que un eslogan y puede sobrevivir sin uno de sus arquitectos más influyentes. De momento todo indica que en Cupertino están dispuestos a abrir la chequera, reordenar organigramas y ofrecerle el siguiente gran proyecto de su carrera. Lo que está en juego no es solo la biografía de un ejecutivo, sino el ritmo al que evolucionarán los próximos iPhone, iPad y Mac. Dejar escapar a la mente que estuvo detrás del M1, C1, C1X, N1 y del futuro C2 sería, para Apple, una apuesta tan arriesgada como cara.

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