Qualcomm dejó un mensaje nítido para 2026: la familia Galaxy S26 volverá a ser de doble fuente, pero con claro protagonismo del Snapdragon 8 Elite Gen 5. En su llamada de resultados de Q4 2025, la compañía reiteró que lo que antes era una relación cercana al 50/50 con Samsung ahora tiene una línea base del 75% para Qualcomm. 
Tras lograr el 100% en la serie Galaxy S25, la firma asume ese 75% como punto de partida para “cualquier nuevo Galaxy”, incluido el S26.
Traducido al mercado: Samsung recupera la estrategia de dos SoC. El S26 se dividiría entre el chip tope de gama de Qualcomm y el Exynos 2600 de cosecha propia, con algo así como tres cuartas partes de los envíos para Snapdragon y un cuarto para Exynos. Esta jugada no solo es contable; también reduce riesgos de fabricación, mejora el poder de negociación y mantiene a su división de semiconductores visible en el segmento premium, al tiempo que protege la autonomía tecnológica en un entorno de cadenas de suministro y geopolítica cambiantes.
La carrera de silicio, no obstante, es más apretada de lo que sugiere un titular. Datos preliminares apuntan a que el Exynos 2600 no llega como figurante. Fabricado en el primer proceso GAA de 2 nm de Samsung, ha mostrado señales de eficiencia: mediciones de Geekbench 6 en torno a 7,6 W en multicore y 3,6 W en single-core alimentan el debate sobre rendimiento por vatio, incluso frente al A19 Pro de Apple en ciertos escenarios. Pero los números de laboratorio solo abren la conversación. Lo que define el día a día es la performance sostenida en chasis delgados, la disipación térmica en grabación de vídeo, la estabilidad del módem en redes congestionadas y la consistencia del HDR en la tubería de cámara.
¿Por qué entonces suena tan confiada Qualcomm? Dos pilares. Primero, el módem: la pila de radio de Snapdragon lleva años afinándose en múltiples bandas, operadores y regiones; esa fiabilidad en handoffs complicados o cobertura rural suele pesar más que un par de puntos en un benchmark. Segundo, la plataforma: aceleración de IA en el dispositivo, un ISP maduro para fotografía computacional, GPU con funciones modernas (incluso ray tracing), audio cuidado y un ecosistema de herramientas que anima a los desarrolladores a optimizar pronto y bien. Cuando una plataforma exige menos concesiones para más usuarios, los OEM tienden a montarla en volumen.
Para Samsung, mantener a Exynos en la mesa es puro pragmatismo. Le da margen para ajustar precios, acelera el ciclo de aprendizaje entre diseño de chip y producto final, y permite experimentar: combinar sensores de cámara concretos, perfilar funciones de IA por región u operador y fijar límites térmicos con precisión quirúrgica. Es sembrar hoy para cosechar una plataforma propia más competitiva mañana.
Algunos inversores ironizaron con la “zambullida” de la acción tras la llamada, pero el tono de Qualcomm fue sereno. Más que fanfarronería, ese 75% suena a hipótesis operativa: asegurar capacidad de fabricación, cerrar certificaciones con carriers y coordinar lanzamientos globales. No necesita el 100% para ganar; le basta con dominar de forma predecible allí donde el usuario lo nota: señal, autonomía, cámara y estabilidad bajo carga.
Para el comprador, la palabra clave es consistencia. Generaciones mixtas en el pasado dejaron pequeñas diferencias en batería, colorimetría o límites térmicos según el chip. Con justicia: Samsung ha apretado mucho esa calibración en los últimos años. Es razonable esperar que el S26 busque paridad funcional – especialmente en imagen e IA on-device – independientemente del SoC, aunque en pruebas sintéticas y escenarios extremos de red el Snapdragon todavía pueda conservar una ligera ventaja.
¿Qué vigilar en los próximos meses? La cartografía del Exynos 2600 por regiones; si la entrega sostenida en sesiones largas de cámara y gaming confirma esos primeros datos de eficiencia; y hasta dónde escalan en ambos chips los flujos de IA en el dispositivo – resumen, transcripción, generación de imágenes – sin ahogar la batería ni disparar temperaturas. Si Exynos cumple en la vida real, el 25% puede convertirse en cabeza de playa para crecer; si aparecen brechas, el 75% de Qualcomm podría solidificarse… y ampliarse.
Ni “100% Qualcomm ya” ni “50/50 o desastre” cuentan la historia completa. El doble suministro es una maratón, no un meme. Qualcomm mantiene la mayor porción porque su conjunto – módem + plataforma + ecosistema – rinde donde importa. Exynos permanece porque Samsung apuesta por soberanía tecnológica a largo plazo. La generación Galaxy S26 parece el siguiente paso calculado de esa estrategia.
2 comentarios
Mientras el módem aguante en metro y ascensor, me da igual el numerito del benchmark 😂
Solo pido misma cámara en ambas versiones. Nada de tonos distintos por SoC 🙏