
RedMagic 11 Pro al desnudo: loop de refrigeración líquida, pruebas de dureza e ingeniería real
El RedMagic 11 Pro se ha ganado titulares no solo por su estética gamer, sino porque introduce algo casi impensado en un móvil de consumo: un circuito de refrigeración líquida con circulación activa. Para comprobar si la apuesta es más que marketing, Zack, del canal JerryRigEverything, sometió el teléfono a su ya tradicional batería de torturas y después lo desarmó por completo. La combinación de test de resistencia y teardown deja una foto muy clara: hay innovación térmica de verdad y un chasis preparado para soportarla.
Lo más llamativo se ve – literalmente – por detrás. La ruta del fluido puede intuirse en la tapa, aunque gran parte del recorrido queda cubierta por una calcomanía decorativa. El corazón del sistema es una microbomba piezoeléctrica que empuja el líquido en un bucle cerrado, trasladando el calor desde los puntos más calientes a zonas de mayor disipación. A diferencia de las cámaras de vapor habituales, aquí hay un loop activo: el objetivo es suavizar picos térmicos y sostener frecuencias y FPS durante partidas largas sin caer en throttling prematuro.
En las pruebas de pantalla, el 11 Pro sale bien parado. Con llama directa durante unos veinte segundos aparece una mancha blanquecina que luego desaparece, señal de que las capas protectoras y ópticas se recuperan visualmente. En dureza, el cristal marca rasguños a nivel 6 en la escala Mohs y surcos más profundos a 7, justo donde se espera. Traducido a uso diario: llaves y monedas rara vez serán un problema, pero el cuarzo y la arena fina siguen siendo enemigos. Los laterales de aluminio aportan rigidez y una sensación sólida sin volver frágil el conjunto.
El temido bend test, la prueba que delata chasis endebles, aquí no encuentra grieta. El RedMagic 11 Pro no se dobla, no cruje y no muestra fisuras, ya sea aplicando fuerza desde el frente o la trasera. Esa estabilidad estructural es clave en un dispositivo con bomba, tubos y sellos: cuanto menos torsión, menos estrés para el circuito líquido.
El desmontaje revela otros detalles de ingeniería. Alrededor de los puertos se distinguen anillos de goma rojos que actúan como juntas y contribuyen a la calificación IPX8. La “X” significa que no hay promesa formal contra polvo; el “8”, que soporta inmersión en agua según los parámetros del fabricante. En la práctica: una caída accidental al agua no debería ser tragedia, pero la arena de playa requiere prudencia. Dentro, el loop trabaja en equipo con pads térmicos y láminas de grafito: no sustituye la pila térmica clásica, la refuerza para cargas sostenidas.
¿Qué gana el jugador? Menos serrucho térmico y medias de rendimiento más altas durante más tiempo. ¿El coste? Mayor complejidad, más puntos de estanqueidad y controles de calidad estrictos. A juzgar por la rigidez del chasis, las juntas visibles y el resultado de las pruebas, RedMagic ha hecho los deberes. En conjunto, el 11 Pro es uno de los experimentos térmicos más valientes que han llegado al mercado masivo, y lo respalda con una construcción que no se amilana.